Luces para la Constituci�nEl doctor en Econom�a firma con Daniel Fern�ndez El elefante en la habitaci�n, un ensayo sobre la sostenibilidad de las pensiones en Espa�a. Defiende una reforma inspirada en el modelo sueco, critica el cortoplacismo pol�tico y advierte de que el envejecimiento y la jubilaci�n de los boomers obligar�n a tomar decisiones dif�ciles en los pr�ximos a�os.Actualizado S�bado,

junio

00:09�Qui�n cree usted que est� ignorando ese 'elefante en la habitaci�n' de la insostenibilidad del sistema de pensiones? �Los pol�ticos, los economistas, los medios de comunicaci�n, los ciudadanos...?Yo creo que todo el mundo. Tenemos un sesgo de statu quo con el sistema de pensiones. Funciona por inercia y pensamos que es infalible porque siempre ha estado ah�. Pero no nos damos cuenta de que el problema cada vez es m�s grande. Si no conseguimos domesticar ese elefante, probablemente acabar� derrumbando la habitaci�n y los cimientos de la casa. La alternativa es clara: o hacemos una reforma ordenada o acabaremos enfrent�ndonos a una reforma desordenada, mucho m�s costosa para todos.�Cu�l es, a su juicio, el principal problema del sistema?Un sistema de reparto, como el actual, funciona mientras exista un cierto equilibrio entre lo que entra, las cotizaciones, y lo que sale, las pensiones. El problema es que ese equilibrio ya no existe. Sale mucho m�s dinero del que entra. Antes ten�amos alrededor de tres trabajadores y medio por cada pensionista; hoy apenas tenemos dos. Adem�s, las nuevas pensiones son m�s elevadas porque corresponden a carreras laborales m�s largas y con m�s derechos acumulados. Si quieres mantener pensiones cada vez m�s generosas, necesitas aumentar las cotizaciones o recurrir a otras fuentes de financiaci�n. Y aun as� no es suficiente. El desequilibrio contributivo ronda los 60.000 millones de euros al a�o.�De qu� deber�a preocuparse un trabajador de 30 o 40 a�os?De que probablemente no recibir� una pensi�n tan generosa como la de sus padres. Nos enfrentamos a la jubilaci�n de la generaci�n m�s numerosa de nuestra historia, la del baby boom. Para mantener el sistema actual Espa�a tendr�a que crecer durante d�cadas a ritmos superiores al 3%, cuando las previsiones apuntan a crecimientos cercanos al 1%. Las cuentas no cuadran. Lo m�s probable es que las futuras pensiones sean menos generosas en relaci�n con los salarios y que, adem�s, los trabajadores tengan que soportar una carga fiscal cada vez mayor para financiarlas.En el libro repasan todas las reformas que se han realizado al sistema. �Cu�l cree que ha sido el mayor error pol�tico que se ha cometido con las pensiones?Mirar para otro lado. El sistema actual naci� en unas circunstancias demogr�ficas completamente distintas. En los a�os sesenta y setenta hab�a muchos m�s trabajadores por pensionista y un fuerte crecimiento econ�mico. Cuando en los a�os noventa empezaron a aparecer se�ales de agotamiento, Espa�a opt� por aplazar el problema. Suecia, en cambio, afront� la realidad. Dise�� un nuevo sistema, introdujo cuentas nocionales y complement� el reparto con mecanismos de ahorro. Nosotros, sin embargo, optamos por dar una patada hacia adelante.Pero el Pacto de Toledo es uno de los pocos ejemplos de consenso pol�tico. �No lo considera un �xito?No necesariamente. Los consensos son positivos cuando sirven para resolver problemas, pero tambi�n pueden servir para equivocarse colectivamente. El Pacto de Toledo permiti� ordenar algunas cuestiones, pero no afront� el problema de fondo que ya se ve�a venir: el envejecimiento de la poblaci�n y el desequilibrio entre cotizantes y pensionistas. Mientras Espa�a aplazaba las decisiones dif�ciles, Suecia aprovech� aquellos a�os para redise�ar su sistema y adaptarlo a la nueva realidad demogr�fica. Nosotros preferimos mantener el statu quo y hoy nos encontramos con un problema mucho m�s grande.Dicen en el libro que hemos pedido la oportunidad que nos daba el bono demogr�fico. �A qu� se refieren?Espa�a disfrut� durante d�cadas de una expansi�n demogr�fica y econ�mica extraordinaria. Pod�amos haber aprovechado ese momento para construir un sistema m�s robusto y generar reservas con rentabilidad. Sin embargo, el Fondo de Reserva se utiliz� fundamentalmente para comprar deuda p�blica. En otros pa�ses esos fondos invierten de forma diversificada y generan rendimientos para las futuras generaciones. Nosotros desaprovechamos una oportunidad hist�rica.�Por qu� es tan cr�tico con el Fondo de Reserva de la Seguridad Social?Porque se presenta muchas veces como una garant�a de sostenibilidad cuando en realidad tiene una capacidad muy limitada. Ahora mismo ronda los 14.000 millones de euros, pero eso apenas alcanza para pagar una n�mina de pensiones. Adem�s, hist�ricamente se ha dedicado fundamentalmente a comprar deuda p�blica. El problema es que eso apenas genera rentabilidad. Cuando se compara con otros fondos p�blicos de pensiones de pa�ses como Suecia, vemos diferencias enormes. Nosotros defendemos que, si existe un fondo p�blico, deber�a gestionarse buscando rentabilidad para las futuras generaciones y no limitarse pr�cticamente a financiar al propio Estado.�Estamos viendo ya el impacto completo de la jubilaci�n de los baby boomers sobre el sistema?Apenas estamos viendo la punta del iceberg. Actualmente gastamos alrededor del 14% del PIB en pensiones y las previsiones apuntan a que ese porcentaje puede acercarse al 17%. Espa�a se convertir� en uno de los pa�ses europeos con mayor gasto en pensiones. Adem�s, una vez alcanzado ese nivel, no desaparecer�. Se estabilizar� durante d�cadas. Eso significa dedicar una parte creciente de los recursos p�blicos a una sola partida.�Qu� implicaciones tiene eso?Un enorme coste de oportunidad. Si una parte cada vez mayor del presupuesto se destina a pensiones, queda menos margen para educaci�n, sanidad, vivienda, infraestructuras o defensa. Hoy el gasto en pensiones ya representa aproximadamente un tercio del gasto p�blico. Las previsiones indican que podr�a acercarse a la mitad.Pese a todo esto que cuenta, la �ltima reforma al sistema, la dise�ada por el entonces ministro Jos� Luis Escriv�, ha pasado el examen de la AIReF...Porque la estrategia elegida es aumentar los ingresos. Si elevas cotizaciones e impuestos puedes cuadrar las cuentas. La cuesti�n es si ese es el modelo que queremos. Yo defiendo otro enfoque: equilibrar el sistema contributivo y complementarlo con mecanismos de ahorro. El problema no es el sistema de reparto en s�. Hay sistemas de reparto que funcionan bien, como el sueco. Lo importante es que est� adaptado a la realidad econ�mica y demogr�fica del pa�s.�Le preocupa que haya desequilibrios territoriales en la financiaci�n del sistema?S�. Hay una cuesti�n que me parece dif�cil de justificar desde un punto de vista t�cnico. El d�ficit contributivo del sistema se cubre mediante transferencias del Estado a la Seguridad Social. Sin embargo, Pa�s Vasco y Navarra no participan en esa financiaci�n de la misma manera que el resto de comunidades. Desde mi punto de vista responde a una decisi�n pol�tica y no a una l�gica t�cnica relacionada con la sostenibilidad del sistema.Las pensiones son un tema especialemente sensible para todos los partidos pol�ticos. �Hasta qu� punto el peso electoral de los pensionistas dificulta las reformas?Much�simo. El sistema de pensiones depende de decisiones pol�ticas y eso genera incentivos perversos. Los pensionistas constituyen un grupo electoral muy relevante y es l�gico que cualquier gobierno sea sensible a sus demandas. El problema es que el potencial perjudicado por la falta de reformas todav�a no percibe claramente los costes. Los pol�ticos ven el elefante, pero prefieren dejar el problema al siguiente gobierno. Por eso tienden a mantener el statu quo. Los costes de una reforma son inmediatos y visibles, mientras que los beneficios se ver�n dentro de a�os.El libro insiste en que no estamos ante una guerra entre generaciones.Porque no lo es. Es un problema de pa�s. Los jubilados actuales no tienen la culpa del dise�o del sistema y tampoco los trabajadores j�venes. Lo que necesitamos es una f�rmula que distribuya los costes de manera equitativa y garantice certidumbre a todos.�Le preocupa que empiece a surgir una confrontaci�n entre j�venes y pensionistas?S�, porque adem�s se alimenta pol�ticamente. Nosotros no proponemos acabar con el sistema p�blico ni sustituirlo por uno puramente privado. Proponemos un sistema de reparto que funcione bien. El ejemplo es Suecia. All� existen reglas autom�ticas, transparencia y estabilidad. La incertidumbre que existe hoy en Espa�a sobre las futuras pensiones es una se�al de que el sistema no est� funcionando correctamente.�Son las pensiones actuales demasiado generosas?S�. Los c�lculos actuariales muestran que, en promedio, los jubilados reciben bastante m�s de lo que han aportado al sistema. Eso fue posible durante d�cadas porque hab�a muchos cotizantes y la econom�a crec�a con fuerza. Pero ya no estamos en esa situaci�n. Seguimos prometiendo una rentabilidad impl�cita que la econom�a espa�ola dif�cilmente puede sostener.�La entrada de inmigrantes no est� ya aliviando el problema?Ayuda, pero no es una soluci�n definitiva. Cada nuevo trabajador contribuye al sistema, pero tambi�n genera derechos futuros y demanda servicios p�blicos. No podemos confiar indefinidamente en ampliar la base de la pir�mide. Lo que realmente necesitamos es empleo de mayor valor a�adido y aumentos sostenidos de productividad.�Cu�l es exactamente la reforma que propone usted?Un modelo de tres pilares. Primero, mantener el sistema p�blico de reparto, pero calculado mediante cuentas nocionales como en Suecia. Segundo, introducir un sistema de ahorro ligado a la empresa. Y tercero, fomentar el ahorro individual voluntario. La transici�n tendr�a que ser gradual y respetar plenamente los derechos adquiridos de los pensionistas actuales. No se trata de cambiarlo todo de un d�a para otro, sino de ordenar el sistema.La capitalizaci�n sigue generando recelos en Espa�a. �A qu� atribuye esa especie de tab�?Existe un cierto tab� con todo lo relacionado con el ahorro y la inversi�n. Pero la capitalizaci�n no significa abandonar la protecci�n p�blica. Significa que una parte del ahorro se invierte y genera rentabilidad para complementar la pensi�n futura. Muchos pa�ses combinan ambos modelos con �xito.El caso de Chile no parece hablar a favor de los sistemas de capitalizaci�n...S�, pero muchas veces se analiza fuera de contexto. Chile ten�a niveles de renta muy distintos a los europeos cuando implant� sus reformas. Se usa mucho para desacreditar cualquier sistema de capitalizaci�n, cuando la realidad es bastante m�s compleja. Adem�s, esos sistemas tambi�n han contribuido a desarrollar mercados de capitales m�s profundos y a canalizar ahorro hacia la inversi�n productiva.Habla mucho de Suecia. �Qu� envidia de ese modelo?La transparencia. All� cada trabajador recibe todos los a�os un sobre naranja con informaci�n detallada sobre lo que ha cotizado y la pensi�n que puede esperar recibir. Eso genera certidumbre. En Espa�a mucha gente no sabe cu�nto va a cobrar cuando se jubile y esa incertidumbre es una se�al de que el sistema no funciona tan bien como deber�a.Jon Gonz�lez, el ya c�lebre divulgador de los gr�ficos de las pensiones y que recientemente abandon� las redes sociales, ha escrito el pr�logo de su libro. �Qu� opina usted de todo lo que ha sucedido con �l?Me parece preocupante. Jon ha dedicado mucho tiempo a divulgar datos econ�micos utilizando fuentes oficiales y poniendo a disposici�n de cualquiera los c�lculos que realizaba. Podemos estar de acuerdo o no con sus conclusiones, pero el debate deber�a producirse con datos y argumentos. Si alguien considera que una interpretaci�n es err�nea, lo razonable es rebatirla con mejores datos, no expulsar al interlocutor del debate p�blico. Necesitamos una conversaci�n mucho m�s abierta sobre cuestiones como las pensiones, el crecimiento econ�mico o la sostenibilidad fiscal.Si le nombran ma�ana ministro responsable de las pensiones, �cu�l ser�a una de sus primeras decisiones, en los primeros cien d�as? �Qu� es lo m�s urgente para usted?Impulsar un nuevo Pacto de Toledo. Pero esta vez para afrontar el problema de verdad. Reunir�a a los mejores expertos y tratar�a de sacar el sistema de pensiones del ciclo pol�tico. Tambi�n introducir�a mucha m�s transparencia. En Suecia cada trabajador recibe informaci�n detallada sobre sus aportaciones y la pensi�n estimada que percibir�. Eso genera confianza y certidumbre.Despu�s de estudiar a fondo el problema con datos y de analizar el hist�rico pol�tico, �usted es optimista o pesimista respecto al futuro de nuestro sistema de pensiones?Soy bastante pesimista. El cortoplacismo domina la pol�tica y los incentivos para actuar son escasos. Aun as�, todav�a estamos a tiempo de controlar el problema. El elefante ya es grande, pero todav�a puede domesticarse. Lo que me preocupa es que sigamos retrasando las decisiones. Si ocurre, el ajuste terminar� siendo mucho m�s costoso y afectar� tanto a los pensionistas como a los trabajadores y al resto de servicios p�blicos.Es doctor en Econom�a por la Universidad de Santiago y profesor en la Universidad de las Hesp�rides.Es originario de Chantada (Lugo). Tiene 32 a�os. Acaba de publicar 'El elefante en la habitaci�n. La (in)sostenibilidad del sistema de pensiones' (Jarana) junto a Daniel Fern�ndez.