Luces para la Constituci�nProfesor em�rito de Filosof�a en la Complutense, es una de las voces que m�s se han implicado en la vida pol�tica espa�ola de los �ltimos a�os desde el �mbito acad�mico. Ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de Ensayo y el Premio Anagrama�ngel D�azActualizado S�bado,
mayo
17:01Tenemos una guerra al otro lado del Mediterr�neo y otra que suele decirse que est� a las puertas de Europa, pero que est� realmente dentro de Europa, en Ucrania. Si nos dicen esto hace unas d�cadas, no nos lo creemos.La situaci�n internacional ha ido empeorando progresivamente. Europa ha perdido el brillo que ten�a en otros momentos y se ha colocado en una situaci�n que la obliga a redefinirse. Y la Uni�n Europea es un aparato muy lento, con muchas inercias, al que le est� costando mucho encontrar su sitio en esta perturbaci�n.Parece que en eso Rusia nos tiene tomada la medida.Hemos estado muy confundidos con lo que es Rusia y con lo que fue la Uni�n Sovi�tica. Martin Amis dec�a una cosa muy interesante: mientras que el nazismo se convirti� en la representaci�n absoluta del mal, la Uni�n Sovi�tica muchas veces se trat� con frivolidad cultural, como si fuese un escenario para la s�tira. Pero cuando uno lee testimonios sobre c�mo era realmente la vida sovi�tica descubre un mundo tremendamente violento. La disoluci�n de la Uni�n Sovi�tica cre� un ambiente muy degradado respecto al cual Europa ha estado ciega.Putin tiene un papel peculiar en esta ecuaci�n geopol�tica. Por un lado es heredero del gran imperio sovi�tico y pretende reconstruirlo incluso con violencia. Por otro, coincide con el movimiento MAGA en la guerra cultural y la vuelta a los valores tradicionales.S�, aunque antes de MAGA estuvo el Tea Party, y antes fue la izquierda la que inici� un cambio de estrategia y decidi� abandonar lo que hab�a sido su frente natural -aumentar la clase media y mejorar la vida de los trabajadores- para desplazarse hacia la guerra cultural. Los pensadores franceses revolucionarios, los marxistas del 68, pensaban que estaban ofreciendo herramientas revolucionarias para la transformaci�n pol�tica. En Europa quiz� aquello no tuvo demasiada eficacia pol�tica inmediata, pero en EEUU lo entendieron perfectamente y se pusieron a la labor. Despu�s la derecha se enrol� tambi�n en pol�ticas que yo llamo �pol�ticas del malestar�. En lugar de pol�ticas de bienestar, pol�ticas de enfrentamiento.Usted ha criticado con mucha severidad, y tambi�n con sentido del humor -algo que se agradece y casi ins�lito en los tiempos que corren-, ese giro ideol�gico de la izquierda tras ver que la derecha asum�a parte de sus postulados. Lo que ahora ha cambiado es que hay una derecha m�s dura que desaf�a ese consenso.Claro. Yo creo que la filosof�a que se hizo no solamente en Francia, pero principalmente en Francia, ha sido una herramienta, primero en EEUU y despu�s en Europa y en todas partes, para deteriorar el clima pol�tico y convertirlo en eso que al principio llam�bamos �guerra cultural�. Y parece que decir �guerra cultural� es referirse a una guerra que no tiene v�ctimas, que no es para tanto. Pero es una guerra que puede amargar mucho la vida personal y profesional de muchas personas y deteriorar mucho las instituciones. Y la guerra cultural tambi�n est� en la base de guerras que ya son militares.Tambi�n ha sido muy duro con Pedro S�nchez y con la izquierda actual, a la que acusa de alimentar a la derecha.Pedro S�nchez es un l�der muy poco ideol�gico, pero cedi� totalmente el discurso a los partidos que estaban a su izquierda. Durante mucho tiempo las iniciativas legislativas estuvieron en manos de partidos claramente populistas. Y luego hay cosas muy graves: seguramente, la m�s grave es la Ley de Amnist�a, porque transmite la idea de una sumisi�n de la v�a jur�dica a los intereses pol�ticos. Y ahora, adem�s, estamos inmersos en la cuesti�n de la corrupci�n, que es un fen�meno muy grave porque mina la confianza de los ciudadanos en las instituciones. Y cuando las cloacas suben a la superficie, se alimenta el discurso de que todos los pol�ticos son iguales, que es precisamente el discurso que utiliza la ultraderecha para remontar.Si esta legislatura hubiese tenido un gobierno de derechas, �cree que el paisaje pol�tico ser�a distinto? �Incluso podr�a estar hoy m�s fuerte la izquierda y m�s d�bil la derecha desde el punto de vista electoral?Es posible. Lo que hemos vivido durante estos a�os ha sido un proceso de desmontaje de lo que hab�a sido el PSOE, uno de los pilares de la democracia constitucional espa�ola. En ese sentido, el futuro que le espera al PSOE es muy oscuro. Ahora mismo la derecha tiene un papel muy dif�cil: la �nica posibilidad de restaurar cierta paz institucional ser�a romper los bloques. Pero eso depende de los votantes. La realidad es que, en Espa�a, los partidos que intentaron representar espacios compartidos entre izquierda y derecha -UPyD o Ciudadanos- desaparecieron. En cambio, prosperaron las fuerzas que ampliaban la brecha y el enfrentamiento, empezando por Podemos y, naturalmente, los nacionalistas.La crisis parece afectar a toda la socialdemocracia europea. Incluso donde gobierna pierde apoyo, como en Espa�a o el Reino Unido.En Francia pasa lo mismo. Le Pen est� a un paso de ganar las presidenciales. Y eso que llamamos polarizaci�n no es solo polarizaci�n: es m�s bien una forma de politizaci�n. Que haya discusiones muy fuertes entre izquierda y derecha en el Parlamento es normal. El problema es cuando esa divisi�n atraviesa todos los estamentos sociales: las empresas, la universidad, los tribunales o incluso las familias. Entonces desaparece la idea de instituciones concebidas precisamente como contrapeso del poder pol�tico y todo empieza a organizarse en t�rminos de amigos y enemigos. Muchos antiguos votantes de la izquierda radical han acabado pas�ndose a la ultraderecha porque, en el fondo, ambos espacios comparten elementos populistas: la idea de que existen fuerzas ocultas que impiden realizar la voluntad popular y que, por tanto, la democracia debe ir m�s all� de la legalidad.No s� si tambi�n hay algo de profec�a autocumplida en todo esto. Se hablaba constantemente de �fuerzas oscuras� y al final parece que han terminado emergiendo. Porque haberlas, haylas.Fuerzas oscuras siempre las ha habido. La cuesti�n es que las democracias ten�an mecanismos para contenerlas dentro de los l�mites de la legalidad. El problema empieza cuando se abandona ese marco y se transmite la idea de que la democracia debe ir m�s all� de la legalidad para enfrentarse a enemigos supuestamente superiores. Ah� es donde el populismo introduce una l�gica muy peligrosa. Siempre ha existido una cierta dosis de populismo en democracia, pero ahora se ha extendido la idea de que, si los gobiernos no pueden cumplir sus promesas, no es por incompetencia o por l�mites reales, sino porque existen fuerzas ocultas que impiden realizar la voluntad popular. Y esa l�gica ha sido utilizada por movimientos de muy distinto signo, desde populismos latinoamericanos hasta Putin.La crisis no afecta solo a la socialdemocracia. Los partidos conservadores tradicionales -la democracia cristiana europea, el centroderecha cl�sico- est�n casi peor.Claro. Y adem�s la receta que muchos de ellos han escogido ha sido justamente imitar a sus competidores m�s extremos para no perder votos. Entonces el votante tiende a votar al que le ofrece la soluci�n m�s clara, aunque sea una soluci�n imposible. Y ah� la diferencia entre los extremos est� completamente diluida: igual que ocurri� antes con sectores de la izquierda, ahora muchos partidos conservadores tradicionales creen que la manera de frenar a la ultraderecha es asumir parte de su discurso. Pero eso muchas veces termina reforzando precisamente a quienes pretend�an contener.Ha escrito en EL MUNDO una frase muy llamativa: �Quienes votan diferente ya no pueden concordar en ninguna otra parcela de la vida, ya sea el sexo, el cine o el medio de transporte favorito�.S�, porque se ha deteriorado el espacio p�blico. Se tiende a convertir el espacio p�blico en una colecci�n de mini espacios privados donde solo nos encontramos con los nuestros, que adem�s nos animan a radicalizarnos m�s. Eso ha sido letal para la prensa. La p�rdida de credibilidad de los peri�dicos no se explica solo por la crisis econ�mica del sector, sino tambi�n por la desaparici�n de un espacio com�n. Un peri�dico deja de verse como un lugar p�blico y pasa a interpretarse como una hoja parroquial dirigida a los propios. Siempre echamos la culpa de todo a las redes sociales, pero las redes sociales no habr�an llegado tan lejos si las propias instituciones no hubieran salido corriendo detr�s de ellas y les hubieran dado una carta de legitimidad que ahora es muy dif�cil quitarles.Se est� perdiendo tambi�n esa ambig�edad o esa incertidumbre propia de la gran cultura. Que no es equidistancia, sino capacidad de transmitir algo no reducible a esl�ganes.Exactamente. Yo escuch� a Richard Rorty decir una cosa muy bonita hace muchos a�os. Dec�a que, si hubiera una cat�strofe y se perdieran todas las bibliotecas de la humanidad, y �l tuviera que salvar unos pocos libros, no salvar�a los Di�logos de Plat�n ni la Metaf�sica de Arist�teles, sino novelas: Dickens, Tolstoi, Stendhal. �Por qu�? Porque ah� no est� nunca del todo claro qui�nes son los buenos y qui�nes son los malos. E incluso cuando parece claro, los malos tampoco son definitivamente malos: tienen hijos, tienen afectos, tienen momentos humanos. Esa es verdaderamente la riqueza de la cultura. Cuando todo se convierte en eslogan pol�tico y en divisi�n entre amigos y enemigos, desaparece esa ambig�edad.El sentido del humor es tambi�n una muestra de ese poso cultural.El sentido del humor tiene mucho que ver con esa ambig�edad. Cuando empec� a escribir art�culos de opini�n, mucha gente se molestaba porque consideraba que no me tomaba suficientemente en serio determinadas causas pol�ticas. Pero el humor introduce matices. Impide convertir cualquier discusi�n en una batalla metaf�sica definitiva. No pasa nada porque en pol�tica la gente discuta mucho e incluso se insulte; hasta se puede insultar con gracia, como han hecho siempre algunos pol�ticos. El problema empieza cuando desaparece cualquier espacio com�n donde quienes discuten puedan reconocerse mutuamente y aceptar unas mismas reglas del juego.A m� me parece m�s insultante que se inunde de datos falsos e insidias el debate p�blico y que no haya manera de avanzar.Porque ni siquiera son datos falsos: son falsos datos. Yo siempre me rebelo un poco contra eso. Hemos traducido fake news como �noticias falsas�, pero las fake news no son noticias falsas, sino falsas noticias. Son cosas que ni siquiera llegan a ser realmente noticias. Internet ha creado una situaci�n en la que las noticias caducan segundo a segundo, cada vez que alguien hace clic. Y claro, es imposible que ocurran cosas verdaderamente noticiosas a cada segundo. Pero como hay que producir contenido constantemente, muchos de esos contenidos ya ni siquiera son contenidos: son basura.Esta serie de entrevistas se llama Luces para la Constituci�n. �Tiene futuro el �Estado social y democr�tico de derecho� que intenta establecer la Constituci�n espa�ola?No conozco ninguna alternativa mejor. Las alternativas reales son las autocracias o las dictaduras. Este sistema tiene muchos defectos y atraviesa una crisis evidente. Este barco hace agua por muchos sitios, de acuerdo. Pero antes de tirarme al agua tengo que saber que voy a poder subirme a otro barco. Lo que no puedo hacer es abandonar sin m�s el barco del Estado social y democr�tico de derecho. La Transici�n espa�ola fue una obra importante, pero tambi�n muy fr�gil y llena de tensiones. El Estado del bienestar europeo posterior a la Segunda Guerra Mundial tambi�n se construy� mediante compromisos dif�ciles. Por eso creo que nuestra obligaci�n no es proteger un pasado idealizado, sino defender el futuro del Estado de derecho.�Ha cambiado mucho Espa�a desde el 15-M? �Ha ido a mejor o a peor?Yo la pol�tica espa�ola la veo bastante congelada en el tiempo desde m�s o menos 2015. Las discusiones siguen siendo pr�cticamente las mismas: el problema territorial, el nacionalismo, la polarizaci�n... Lo que s� ha cambiado es la p�rdida de confianza en que la pol�tica constitucional pueda resolver esos problemas. Y ah� hubo un momento en el que la izquierda dej� de promover el aumento de la clase media y empez� a proletarizarla para ocuparse de otros asuntos que le resultaban m�s rentables electoralmente. Eso abri� una incertidumbre que no sabemos a d�nde nos va a conducir.�Se puede seguir siendo optimista?M�s que optimismo, hablar�a de perseverancia. Hay que seguir defendiendo la independencia y la neutralidad de las instituciones. En universidades, medios de comunicaci�n o tribunales ha habido procesos claros de colonizaci�n pol�tica. Y cada uno, desde su �mbito, tiene la obligaci�n de intentar preservar lo que todav�a funciona. No s� si terminaremos ganando. Ojal�. Pero, desde luego, no podemos darnos por vencidos antes de tiempo. Y tampoco podemos comulgar con ruedas de molino. Y, sobre todo, tenemos que seguir haciendo veros�mil la existencia de una comunidad universal a la que todav�a merezca la pena apelar.






