Derrocar a un presidente es un objetivo legítimo de la oposición, pero no debe alcanzar jamás a los jueces

En toda guerra, o surge alguien inteligente y con mirada amplia que llama a los contendientes a hacer las paces, o bien uno de los dos bandos aniquila al otro o, en el mejor de los casos, lo somete. También existe la idea, nuevamente inteligente, de que no hay que comenzar las batallas —ni siquiera las guerras— que no se pueden ganar. Pero no voy a hablar de ningún conflicto bélico, sino del evidente enfrentamiento que existe entre algunos jueces y el Gobierno y, en parte, el Parlamento con la actual mayoría en el Congreso.

El tema viene de lejos. Dejando de lado las clásicas refriegas prebélicas —ha habido demasiadas—, el primer capítulo de este triste relato sobrevino con la sentencia del procés. En dicho proceso, la Fiscalía mantuvo una acusación por rebelión tan sumamente fuera de lugar que hasta la rechazó el Tribunal Supremo, condenando por sedición, que tampoco existía porque jamás hubo un alzamiento, como exigía el Código Penal. Subirse a un coche de policía no es “alzarse”, al menos en el sentido que lo exigía el citado Código. Tampoco lo era intentar, con más astucia que vehemencia, la celebración de un referéndum ilegal y soportar los porrazos de la Policía. Ni siquiera fue sedición declarar la independencia, tal y como ridículamente hizo el Parlament, al menos en el sentido exigido por cualquier intérprete del Código Penal previo a 2017. Pero el Tribunal Supremo condenó, con escasa motivación, por cierto, y a nadie pareció importarle —más bien al contrario— esa interpretación suya tan sumamente creativa que suponía que, en resumidas cuentas, era ese tribunal, y no exactamente el legislador —es decir, el Parlamento—, quien determinaba el contenido de lo que debía ser delito. Nadie sensato negaba la gravedad, en varios sentidos, de intentar la secesión fuera de las vías constitucionales. Otra cosa es que lo sucedido fuera una sedición o una rebelión, insisto, al amparo del Código Penal entonces vigente.