Luces para la Constituci�nActualizado S�bado,

junio

00:09Es de los pensadores m�s influyentes en la nueva izquierda espa�ola y la generaci�n milenial. Eudald Espluga (Girona, 1990) reflexiona en esta entrevista sobre los nuevos miedos y amenazas colectivas y propone convertirlos en una oportunidad para transformar el sistema democr�tico.El covid, la IA, el hantavirus, la amenaza nuclear... Hay un clima apocal�ptico, de sensaci�n de fin de civilizaci�n...Hay dos elementos que lo explican. El primero es que en la actualidad nos enfrentamos a unos riesgos nuevos que son casi existenciales. Estamos ante una policrisis que tiene que ver con unos patrones planetarios, con fen�menos meteorol�gicos extremos la crisis energ�tica, la reconfiguraci�n geopol�tica y las guerras. Tambi�n tiene que ver con la revoluci�n tecnol�gica, con el capitalismo de las plataformas y la emergencia de la inteligencia artificial, que nos ponen ante un horizonte en el que ser� posible fusionar al hombre con la m�quina. Este conjunto de transformaciones y amenazas pone en cuesti�n la idea misma del ser humano y de la supervivencia de la especie. Un contexto que anima a que las representaciones sobre el fin del mundo sean habituales en los medios de comunicaci�n, en los productos de ficci�n y art�sticos, etc., jugando un papel muy importante en c�mo traducimos todos estos datos y evidencias emp�ricas sobre la transformaci�n del mundo en nuestra vida cotidiana. El otro elemento es que el apocalipsis es un arquetipo cultural que forma parte y ha formado parte de la existencia cultural de la mayor�a de las sociedades en el mundo. Desde los neandertales ha habido cambios y desapariciones de civilizaciones; la diferencia es que ahora somos conscientes de la posibilidad de ese riesgo existencial. Hay que imaginar el fin pero tambi�n lo que vendr� despu�s. Una pol�tica posible. El Papa Le�n hizo p�blica la enc�clica Magnifica Humanitas, en la que advierte sobre el desarrollo tecnol�gico desmedido y la IA.M�s que un cuestionamiento profundo de la IA, la enc�clica es una invectiva radical contra el tecnofascismo. La menci�n a Tolkien es un desaf�o claro a empresas como Palantir o Anduril, cuyos nombres son referencias al universo de El Se�or de los Anillos. En la enc�clica, Le�n XIV utiliza la imagen de la torre de Babel para cuestionar los sue�os transhumanistas de los Peter Thiel y Elon Musk, y lo hace curiosamente reivindicando la promesa de renovaci�n y revoluci�n social del Apocalipsis: es el anuncio de la llegada de una �vida com�n, justa y digna en las ciudades de hoy�, dice Le�n XIV. Sin embargo, si queremos leer la enc�clica en clave pol�tica, como un ajuste de cuentas con Trump, Vance y sus se�ores tecnofeudalistas, tambi�n debemos tener presente la cercan�a de Le�n XIV a Christopher Olah, cofundador de Anthropic y becado por Thiel, a quien invit� a la ceremonia posterior a la enc�clica. La reclamaci�n de l�mites �ticos al desarrollo de la IA que propone en Magnifica Humanitas est� legitimando este modelo tecnol�gico desde su cara empresarial m�s amable. El Papa se suma a la espiral de miedos apocal�pticos que rodean el origen y la aceleraci�n de los actuales modelos de IA: la amenaza de una inteligencia artificial general que pueda exterminar a la humanidad y que pueda, qui�n sabe, competir con Dios mismo.�Qu� rol e importancia otorga usted a las redes sociales? Son un factor que contribuye a explicar muchas transformaciones pol�ticas, pero no creo que sea tanto por la existencia de las redes y de c�mo el algoritmo reordena nuestras preferencias de consumo, pol�ticas, miedos, etc. -y nos genera adicci�n, que es cierto y no le quiero quitar importancia-, como por la emergencia del capitalismo de plataformas. Estamos hablando de un nuevo tipo de infraestructura que se aprovecha de un bien com�n como son los datos de todos nosotros, y que no los utiliza solo en t�rminos de vigilancia o venta de esos datos a terceros, sino que tambi�n los usa como fuerza de trabajo para el desarrollo de empresas tecnol�gicas como Amazon, que ha cambiado las cadenas de distribuci�n globales, o Uber, Glovo... Empresas que representan un profundo cambio industrial y reconfiguran la forma en que nos relacionamos con el mundo, la forma en que nos desplazamos y se desplaza la mercanc�a. El poder de los se�ores tecnofeudalistas viene de que ese bien p�blico que son los datos ha sido monopolizado por pocas grandes empresas que est�n generando l�gicas autoritarias. As�, el impacto de las redes sociales no se debe tanto a las redes en s� como a un cambio del contexto social. El cambio del suelo conocido y de muchas de las antiguas certezas, que favorece la creaci�n de esas nuevas din�micas de adicci�n, polarizaci�n y consumismo extremo de las que culpamos a las redes sociales. Todos los bulos, miedos y el pensamiento conspiranoico solo pueden producirse y tener �xito gracias a esa transformaci�n de nuestra infraestructura material.�Hasta qu� punto este pesimismo sobre nuestro futuro est� condicionado por movimientos pol�ticos que agitan el nihilismo para acabar con el viejo orden democr�tico? Trump, Putin, el islamismo, la extrema izquierda... A esto yo lo llamo fantas�as colapsistas, que tienen que ver con un pesimismo antropol�gico y que se encuentran en un espectro pol�tico muy amplio. Esta l�gica se traduce, en �tica y en pol�tica, en esa mirada del �preparacionismo� -prepararse para sobrevivir al colapso de la civilizaci�n- que influye en algunos discursos pol�ticos. Por ejemplo, el hecho de que la Uni�n Europea recomiende a sus ciudadanos los kits de supervivencia para casos extremos, o la actual pol�tica exterior, con la idea del rearme de las fronteras nacionales en todos los pa�ses y la voluntad de hacer del Estado una fortaleza, o como se est� viendo en EEUU con las deportaciones de inmigrantes para, supuestamente, proteger a la poblaci�n �nacional� bajo el criterio de que vamos a tener menos recursos. La fantas�a colapsista llega por estas v�as a la degradaci�n de la democracia porque empuja a muchos a un nihilismo impotente -la renuncia a hacer nada porque se cree que no hay soluci�n-, o bien empuja al narcisismo hiperactivo que cree que con la tecnolog�a se puede arreglar lo que todos hemos estropeado, y surgen fantas�as como colonizar Marte o montar ciudades en el fondo del mar, etc. Es ah� donde la democracia entra en crisis porque estas teor�as buscan una superaci�n del modelo democr�tico. Aqu� entra con fuerza el movimiento llamado Ilustraci�n Oscura.Una corriente de pensamiento que es muy influyente en el vicepresidente de EEUU, J. D. Vance, y en otros miembros del equipo de Trump.La Ilustraci�n Oscura es una teor�a/movimiento claramente autoritario, cuyos or�genes est�n en Nick Land, que tiene la voluntad de superar las instituciones democr�ticas porque considera que suponen un freno al desarrollo t�cnico-cient�fico. Es una visi�n que tiene mucho arraigo en Silicon Valley y entre los grandes gur�s tecnol�gicos, y que ya est� circulando con fuerza por Europa. Pero tambi�n influye en el espectro ideol�gico contrario cuando aparece en fantas�as colapsistas que derivan en un decrecimiento radical como el llamado comunismo del desastre, que dice que la �nica forma de reconstruir la sociedad es atravesar el colapso. Es decir, unos y otros coinciden en la necesidad de pasar por un colapso civilizatorio para hacer una reinvenci�n de la sociedad y depurar las instituciones democr�ticas. Estos pensadores, entre los que est� tambi�n Curtis Yarvin, han pasado de ser marginales a tener un papel central porque las teor�as del apocalipsis y la preocupaci�n sobre nuestra existencia han penetrado en Silicon Valley y en los c�rculos de poder. Por ejemplo, OpenAI, empresa que desarrolla ChatGPT, nace de los miedos apocal�pticos que tienen sus fundadores Sam Altman y Elon Musk. Quer�an ser los primeros en desarrollar la IA para evitar que hubiera un tecnodictador y as� protegerse ellos de ese riesgo de extinci�n.�El escenario postapocal�ptico que usted vislumbra es compatible con el actual modelo democr�tico?Cuando se habla de poscapitalismo no quiere decir que no haya propuestas ni nada que construir; al contrario. Debe abrir horizontes en un contexto de transformaci�n de nuestras formas de vida -consumo, energ�a, transporte, clima, demograf�a...- para ir a un escenario en el que se pone sobre la mesa la aparici�n de nuevas instituciones comunitarias, el concepto del lujo comunal. El modelo del lujo comunal es, por ejemplo, la biblioteca p�blica: tienes acceso a todo tipo de libros y contenido cultural ilimitado -si no encuentras lo que buscas, lo pides y te lo traen-, es un lugar de socializaci�n, de intercambio de ideas, etc. Es un modelo que se puede trasladar a muchos �mbitos urbanos o al modelo de viviendas con m�s espacios comunes, como guarder�as en el mismo edificio, lavander�as compartidas, lugares de ocio, etc. La v�a intermedia al capitalismo no es una utop�a poscapitalista y comunista como el modelo chino con su autoritarismo tecnol�gico; ni un socialismo planetario; ni cambiar nuestro sistema democr�tico. Hay que hacer las transformaciones estructurales en el marco democr�tico y de instituciones que tenemos, con medidas de regulaci�n del mercado que son posibles mediante reformas constitucionales.Esta reforma o evoluci�n de nuestro sistema democr�tico �es posible con la actual desconfianza ciudadana respecto a las instituciones que dificulta los consensos? El pensamiento conspiranoico y la desconfianza nos obligan tambi�n a tener imaginaci�n para luchar contra la idea del colapso, el fin de nuestra sociedad, y proponer alternativas y proyectos que convenzan a la gente. Las iniciativas pol�ticas de los gobiernos deber�an ofrecer una respuesta a ese miedo colectivo y no apelar a ese mismo miedo que agita el conspiracionismo con teor�as como el gran reemplazo, el fin de Europa, etc. Hay que ver ese �fin del mundo� como una oportunidad para mejorar nuestro sistema democr�tico y social, no para caer en posiciones nihilistas. Le tenemos que arrancar a los extremismos pol�ticos la patrimonializaci�n de los lenguajes sobre el �fin del mundo� y evitar que se instale una idea individualista de competici�n por la supervivencia en un contexto de escasez de recursos. Necesitamos nuevos marcos culturales y pol�ticos que permitan reconstruir los puentes de confianza entre las instituciones y los ciudadanos.En plena cascada de esc�ndalos de corrupci�n del PSOE, se cumple el decimoquinto aniversario del 15-M. �Qu� ha sido de aquella llamada a la regeneraci�n y al cambio?En un contexto en el que los nuevos partidos no lograron sustituir al PSOE y al PP, sino que se produjo una fragmentaci�n del arco parlamentario, las llamadas a la regeneraci�n surgidas de las plazas y aquellas promesas pol�ticas de transformaci�n perdieron pie en el momento en el que se encontraron frente a unos retos y dificultades que son mucho mayores incluso que los que impulsaron el 15-M. La pandemia del covid hizo que empez�ramos a visualizar y a temer esa serie de riesgos existenciales de los que hemos hablado. Esta es una de las razones de que aquellos nuevos partidos que ven�an a representar a quienes no se sent�an representados se vean, de repente, incapaces de ofrecer soluciones a los ciudadanos. La izquierda, al ser incapaz de transformar las condiciones materiales de los ciudadanos, ha visto entrar en crisis su marco conceptual: puedes reivindicar muchas cosas, muchos proyectos, pero si las condiciones materiales de la gente no mejoran y no se genera prosperidad, tu propuesta entra en crisis. Debes ofrecer un modelo de vida buena. En cambio, la derecha y la extrema derecha ofrecen un proyecto en parte nost�lgico de vida buena con la promesa de volver a un pasado idealizado, proyectando en el futuro unos imaginarios que nunca existieron. Proliferan los discursos negativos respecto a los j�venes: vagos, sin compromisos, adictos a las redes, al porno, al m�vil, violentos... No estoy de acuerdo con el discurso que agita ese pesimismo y que es tan cr�tico. Los j�venes han impulsado y protagonizado en los �ltimos a�os muchos avances en materia de reconocimiento social: por ejemplo, el movimiento LGTBI y la normalizaci�n de nuevas realidades, desterrando del debate p�blico formas y discursos de odio que antes eran asumidos como normales o inevitables. Pero a la vez hay un elemento parad�jico: el discurso feminista ha propiciado un discurso a la contra entre muchos j�venes, casi como un ritual de paso y forma de rebeld�a a trav�s del antifeminismo. As�, es compatible decir que es un problema el aumento de las tesis reaccionarias entre los j�venes y que los j�venes de hoy son una generaci�n mucho m�s abierta y tolerante. Tambi�n hemos de tener en cuenta que la generaci�n milenial y la zeta son las primeras cuyo universo es una realidad ya transformada por la tecnolog�a. �Cree que la izquierda deber�a reflexionar y hacer autocr�tica sobre su responsabilidad en el wokismo y el hecho de que el voto joven sea el que impulsa a la ultraderecha?Distinguir�a entre la estrategia pol�tica y la te�rica. Ciertos actores pol�ticos han patrimonializado diferentes luchas sociales como el feminismo o el antirracismo y han adoptado unas determinadas posiciones que estrat�gicamente les ven�an bien en ese momento, porque generaban polarizaci�n. S� que se deber�a reflexionar sobre esos determinados excesos. Pero desde el punto de vista te�rico, no es tanto que la izquierda se haya centrado demasiado en las microidentidades, sino que ha habido una renuncia a entender que esa lucha micro formaba parte de una lucha universalista, de algo m�s amplio y universal.