Comer en restaurantes es uno de los placeres de la vida, pero incluso los padres más dedicados coincidirían en que los niños a veces pueden arruinar la idílica escena de una comida tranquila en un entorno agradable. Claro que los comensales de todas las edades pueden portarse mal, pero los niños en los restaurantes suelen generar las opiniones más contundentes.
Consultamos a expertos en crianza y gastronomía para obtener consejos que garanticen una experiencia lo más placentera posible para todos: padres, comensales, personal del restaurante y, por supuesto, los propios niños. En primer lugar, destacaron que, en lo que respecta a niños y restaurantes, no existe una fórmula mágica.
Los niños son de todas las edades y con todo tipo de personalidades: un bebé dormido no es lo mismo que un niño pequeño curioso o un preadolescente malhumorado. Además, cualquier niño tiene días (o incluso horas) buenos y malos, por lo que un niño descansado y sin hambre es muy diferente de uno estresado.
En resumen: es importante que los niños se acostumbren a comer en restaurantes. Muchos consejos se centran en lo complicado de la experiencia, pero recuerden que puede ser algo positivo tanto para padres como para hijos.








