Cada vez más familias intentan mejorar la alimentación de sus hijos sin convertir cada comida en una negociación constante. Entre la falta de tiempo, la presión del día a día y la facilidad de comprar ultraprocesados, comer bien parece más una intención que una rutina. ¿En qué momento se torció la alimentación? ¿Es un problema de información, de hábitos o de algo más estructural? El cocinero valenciano Roberto Bosquet (Vila-real, 40 años) es uno de los principales divulgadores de cocina saludable en España, y actualmente lidera Cuina Brutal, un programa diario que se emite en TVE Catalunya. Autor de cuatro libros de recetas —entre ellos Todos a la mesa (Espasa, 2024)— y, según presume, con más de 5.000 recetas publicadas en redes —en su cuenta de Instagram cuenta con 2,8 millones de seguidores— ha conseguido algo poco habitual: traducir la alimentación equilibrada en recetas rápidas, accesibles y replicables en casa. Padre de dos niños, está casado con Laura Álvarez, muy popular también en redes sociales, con quien comparte una mirada práctica sobre la alimentación familiar. Su propuesta se basa en comida de verdad. “Platos sin gluten ni harinas refinadas, elaborados con productos naturales, locales y de temporada”, señala el cocinero. De esta forma, apuesta por recetas accesibles, visualmente atractivas y nutritivas: “Comer mejor no pasa por hacer cambios radicales, sino por tomar decisiones pequeñas que, repetidas cada día, acaban transformando la rutina familiar”. PREGUNTA. En muchas familias, los dulces y los ultraprocesados se han instalado en la rutina. ¿Qué está fallando?RESPUESTA. El problema principal de comer mal es la falta de tiempo y la incapacidad de muchas familias para dedicarlo a llevar una alimentación adecuada. Pero, sobre todo, falta previsión. Esa es la clave. P. ¿Qué tres cambios sencillos puede aplicar una familia para mejorar la alimentación de sus hijos sin complicarse la vida?R. Lo primero, pensar en un menú semanal: organizar las comidas con antelación y hacer a los pequeños partícipes, que vean qué se va a comer y que formen parte de la elección. Lo segundo, hacer una lista de la compra consciente: no ir al supermercado a lo loco, sino organizarla en función de las necesidades reales. Y, por último, no tener ultraprocesados en casa, además de concienciar desde pequeños de los riesgos que tiene su consumo. Si no están, es mucho más fácil que no se consuman. P. ¿Hasta qué punto influye el ejemplo de los padres en lo que comen los niños?R. Es la clave de todo. Ellos imitan lo que ven y nos toman como referencia. Si los padres comemos de una determinada manera eso es lo que acaban normalizando y repitiendo en su día a día. P. ¿Hay que prohibir los dulces o enseñar a convivir con ellos?R. No hay que prohibir los dulces, pero sí darles su espacio. En el día a día no deberían estar, sobre todo si van a ocupar el lugar de alimentos saludables. Cuando se sale de casa, que suele ser en fin de semana o en ocasiones especiales, no hay por qué decir que no. Hay que buscar el equilibrio.P. Muchos niños meriendan bollería industrial a diario. ¿Cuál sería una alternativa realista que funcione en el día a día?R. Hay que pensar en opciones sencillas, que funcionen bien y que se puedan tener preparadas para el día a día. Por ejemplo, bocadillos con pan de calidad, acompañados de leche o fruta, o repostería casera como bizcochos o tortitas. También creps que se pueden rellenar con crema de frutos secos, hummus, fruta, pavo o queso.P. ¿Se puede reeducar el paladar de un niño acostumbrado al azúcar?R. Es más complicado que en un adulto, pero se puede. Lo primero es no dar facilidades: que el azúcar no esté al alcance cada día, que no sea una opción constante. A partir de ahí, se puede ir reformulando el dulce, utilizando alternativas como chocolates con mayor porcentaje de cacao o recetas con sustitutos del azúcar. Lo importante es que no sea algo habitual.P. ¿Qué errores cometen los padres cuando intentan que sus hijos coman verdura?R. No hacerla apetecible o ofrecerla cuando ya han comido antes. Si la verdura es lo que más cuesta, lo mejor es empezar por ahí, cuando realmente tienen hambre, porque es cuando hay más posibilidades de que la acepten. P. ¿Es buena idea camuflar alimentos saludables o no funciona a largo plazo?R. No se trata de camuflar, sino de normalizar y dar ejemplo. Y, si hace falta, vestir bien los platos para que resulten atractivos, presentando los alimentos en formatos más apetecibles, tipo pizza, nuggets o con formas que les llamen la atención. P. Muchas familias dicen que no tienen tiempo para cocinar. ¿Es una excusa o una barrera real?R. Muchas veces tiene más que ver con el desconocimiento que con el tiempo. Al principio parece complicado, pero cuando te organizas y lo integras en el día a día es más fácil y, además, más económico. No hace falta hacer cosas complejas para comer bien, sino tenerlo previsto. P. ¿Se puede comer saludable con un presupuesto ajustado? R. Sin duda. Por ejemplo, hidratos de carbono como arroz o patata, proteínas como pollo o huevos y grasas saludables como frutos secos y aceite de oliva. Y mucha fruta y verdura de temporada. Con una base así se pueden organizar muchas comidas sin complicarse y sin gastar de más. P. En redes sociales todo parece fácil y perfecto. ¿Cree que eso genera frustración en los padres?R. Sí, porque se percibe como un cambio de todo o nada, cuando lo ideal es hacer pequeños ajustes progresivos. No hace falta hacer que la cocina sea perfecta desde el principio, sino ir incorporando cambios poco a poco para que sean sostenibles en el tiempo. P. Si tuviera que dar un único consejo a unos padres agotados al final del día, ¿cuál sería?R. No compres lo que no quieras que coman. Si no entra en casa, no estará disponible.P. ¿Qué nunca falta en su nevera cuando cocina para niños?R. Suelen ser huevos, yogures, fruta y verdura, junto con quesos, carnes y pescados, productos básicos que permiten resolver comidas de forma rápida y sin complicarse. P. ¿Un ejemplo de cena rápida, saludable y que funcione bien con niños?R. A mí me encanta, por ejemplo, preparar un salmón a la plancha con medio aguacate aliñado, boniato asado y calabacín, porque es una cena rápida, equilibrada y que suele funcionar bien.