Lorena Ferro 27/05/2026 06:05 Actualizado a 27/05/2026 13:13 Entrar a un supermercado acompañado de niños acostumbra a ser sinónimo de problemas. Porque al alcance de su vista encontrarán infinidad de reclamos, en la gran mayoría de ocasiones insanos, que querrán meter en la cesta. Los mismo sucede con las anuncios de la televisión. Galletas con sus personajes favoritos, cereales con el futbolista del momento… Intentar legislar para que la publicidad de alimentos y bebidas no saludables no llegue de manera tan ‘agresiva’ a los menores es lo que pretendía volver a abordar de nuevo el Congreso de los diputados con la proposición de Ley para la promoción del consumo de alimentos y bebidas saludables, pero el pleno del Congreso ha rechazado la toma en consoderación de una normativa que pretende lograr una mejor regulación del etiquetado de la publicidad de alimentos insanos. “8 de cada 10 anuncios de comida dirigidos a menores son de productos con bajo perfil nutricional”, avisan las bioquímicas Elena Pérez y María Hernández-Alcalá, expertas en nutrición clínica y fundadoras de Futurlife21. Estos días han mantenido un encuentro con el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, para abordar el tema. Porque el objetivo de muchos de los anuncios sobre comida es “claro”, avisan: aumentar el deseo y el consumo de esos productos. Algo, preocupante, advierten los expertos consultados, que creen que debería pirmar “un interés superior: la salud pública”, explica el nutricionista Juan Revenga. Para Revenga se trata el de la futura ley es un debate que “trasciende la ideología” porque considera que nadie es ajeno al deseo de que “nuestros hijos tengan una mayor libertad de elección y no estén sugestionados por la publicidad”.El nutricionista avisa que la mitad de los contenidos publicitarios dirigidos a niños sobre su alimentación “infringen el código de autocontrol” y lamenta que ante estos casos no haya sanciones. “Una mayor exposición publicitaria se asocia a un mayor consumo de calorías, azúcar y sodio”, apuntan desde Futurlife21.Lo que pretende plantear una futura ley es substituir el actual sistema voluntario de control de la industria alimentaria con rango de ley basada en los perfiles nutricionales que marca la Organización Mundial de la Salud (OMS). También se contempla incluir información referente a la calidad nutricional de producto cuando sea “claramente negativa”, explica Revenga. Un ejemplo serían los llamados sellos chilenos, que incluyen información clara y visible de los perjuicios que supone su consumo igual que sucede ahora con el tabaco.Una cuestión de saludDesincentivar el consumo de un público vulnerable“Regular no es prohibir”, aclaran desde Futurlife21. Pero legislar facilita que las familias “puedan tomar mejores decisiones”. Porque el consumo de ultraprocesados es en estos momentos un tercio de la dieta de los menores de media, apuntan desde Futurlife21. Por eso, ante un problema que “no es anecdótico”, las bioquímicas consideran que se debería “desincentivar su consumo”. Ahora sucede justo al contrario, lamentan, a través de “anuncios, personajes, dibujos o reclamos diseñados específicamente para ellos”. Las expertas advierten que “los menores son un público especialmente vulnerable” y que justamente por ello se debería “priorizar su salud presente y futura”. Perfiles nutricionales y eqtiquetasLo que pretende plantear la futura ley es substituir el actual sistema voluntario de control de la industria alimentaria con rango de ley basada en los perfiles nutricionales que marca la Organización Mundial de la Salud (OMS). También se contempla incluir información referente a la calidad nutricional de producto cuando sea “claramente negativa”, explica Revenga. Un ejemplo serían los llamados sellos chilenos, que incluyen información clara y visible de los perjuicios que supone su consumo igual que sucede ahora con el tabaco.Que exista una ley que regule la publicidad en este sector tan vulnerable también ayudaría, reconocen, a las familias que intentan escoger alimentos saludables para sus hijos pero que “compiten” con productos “mucho más atractivos, con envases llamativos y mensajes pensados para captar la atención infantil”. La publicidad en esto hace su trabajo porque ya hay estudios que muestran que a un niño le puede gustar más un producto porque tenga a un personaje en su envoltorio. Y lo prefiere a uno igual sin este envase, apunta Hernández-Alcalá. “No siempre somos conscientes del poder de estos reclamos en cerebros todavía inmaduros y especialmente vulnerables”, avisa. “La publicidad y los envoltorios de determinados productos llegan a representar un problema de salud pública porque influyen directamente en sus hábitos alimentarios”, apunta Iria Quintáns, Dietista-Nutricionista del Centro Júlia Farré. Quintáns explica que esta “exposición continuada” a anuncios y reclamos “influye directamente en su elección alimentaria” y también en las peticiones que hacen a los padres.El consumo habitual de ultraprocesados tienen un impacto negativo en la salud de los que lo ingieren. “No solo desplazan el consumo de alimentos saludables sino que también pueden condicionar su paladar desde edades tempranas”, avisan desde Futurlife21. Y, con el tiempo, una mala alimentación puede acabar estando detrás de enfermedades no transmisibles “llámale cáncer, obesidad, diabetes, enfermedad cardiovascular…”, prosigue Revenga.Los alimentos ultraprocesados son un reclamo para niños y adolescentesUMH / Europa PressApenas 15 días antes del inicio del Mundial de Futbol no hace falta más que darse una vuelta por el lineal de un supermercado para constatar la cantidad de bebidas o galletas que tienen como reclamo la cita deportiva o alguno de los futbolistas que participa en ella. Algo que no se podría hacer, avisa Revenga, atendiendo el Código PAOS que regula la publicidad de alimentos y bebidas dirigidas a menores y que se incumple sistemáticamente. Son los productos muy ricos en azúcar, grasas saturadas o harinas refinadas los que más preocupan a los expertos. Hernández-Alcalá avisa que muchos ultraprocesados como galletas, cereales de colores, batidos azucarados o snacks se presentan como productos cotidianos y hasta específicos para niños. Y considera que lo preocupante no es que existan sino que “se normalice como parte habitual de la alimentación infantil”. “Los padres necesitamos que sea más fácil elegir saludable”, apunta Hernandez-Alcalá. Cree que no se puede responsabilizar únicamente a las familias “cuando los menores están expuestos continuamente a productos diseñados para captar su atención”.Anuncios y envoltorios ¿Qué es más peligroso?En cuestión de publicidad ¿preocupan más los anuncios o los envoltorios llamativos? Desde Futurlife21 lo tienen claro: les preocupan ambas situaciones porque ambas “influyen en las decisiones de compra y en el deseo de los niños”. Así, Hernández-Alcalá lamenta que “cuando un menor crece viendo constantemente imágenes de ultrapocesados, su cerebro empieza a normalizar estos productos”. Y no solo eso, sino que se acaban “asociando con la infancia, con momentos felices, con premios o diversión”, prosigue. Pérez apunta además que el paladar de los niños se acaba acostumbrando a sabores muy dulces y a “texturas propias de harinas refinadas”. Algo que después “dificulta que disfruten de alimentos como la fruta, la verdura o los cereales integrales”. Nacida en Barcelona (1978), trabaja en La Vanguardia desde julio de 2009. Ha pasado por la Hemeroteca Digital y los departamentos de Producción Propia y Última Hora, en la edición digital. Ahora en la sección de Sociedad
Una ley contra el 'bombardeo' de publicidad insana a los niños: “Sus cerebros son inmaduros”
Los expertos consideran crucial desincentivar el consumo de estos alimentos por una cuestión de salud presente y futura














