Roma no se hizo en un día, dice el dicho. La mayoría de las cosas llevan su tiempo.

Casi siempre asociamos esta idea a lo que queremos conseguir, pero funciona igual de bien en la dirección contraria: degenerar hasta convertirse en una mala persona o en un capullo integral tampoco es fácil. Hay que perfeccionar el arte de ser un imbécil y eso no se improvisa. Así que cuando uno se cruza en la vida con una canallada puede estar seguro de que no es casualidad, ni mucho menos la primera vez. Quien la comete se lo ha currado: lleva mucho tiempo empeñado en perfeccionar el oficio.