La Comunidad de Madrid un día vende un edificio del Canal para alimentar la especulación, otro compra un palco en el cielo sin explicación, y cuando salta la liebre lo intenta revender con la bochornosa excusa de los incendios

Hay momentos en los que la realidad supera a la ficción, y otros en los que directamente la ficción se rinde por vergüenza ajena. El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha logrado en apenas 48 horas lo que Valle-Inclán habría firmado como la más acabada muestra de esperpento nacional: comprar un ático de lujo el 14 de abril, mantenerlo en secreto durante tres meses, dar tres versiones distintas sobre su uso en un solo día, y venderlo al día siguiente con la excusa de que los beneficios irán a los damnificados por los incendios. Si no fuera porque es dinero de todos, hasta tendría gracia.

Canal de Isabel II, esa empresa pública que presume de beneficios millonarios y compromiso social, vendió hace un año un edificio de oficinas en José Abascal 57 por 13,3 millones de euros con destino a viviendas de lujo. La operación se hizo sin diálogo social ni con el Ayuntamiento de Madrid, y sin analizar si el inmueble podía tener un uso sanitario, educativo o social. Se optó directamente por la venta, alimentando la especulación que tanto daña a quienes buscan una vivienda digna.