"Misteriosos grupos de hombres a caballo recorren los caminos de Grecia. Los campesinos los observan con desconfianza desde sus tierras o desde las puertas de sus caba�as. La experiencia les ha ense�ado que solo viaja la gente peligrosa: soldados, mercenarios y traficantes de esclavos. Arrugan la frente y gru�en hasta que los ven hundirse otra vez en el horizonte. No les gustan los forasteros armados".As� comienza El infinito en un junco (Siruela), 450 p�ginas monumentales sobre la historia del libro que -al igual que aquellos egipcios que buscaban ejemplares para la biblioteca de Alejandr�a- "han escalado monta�as, han franqueado desfiladeros, han cruzado valles, han vadeado r�os, han navegado de isla en isla"...Y tanto.Hablamos de mill�n y medio de ejemplares vendidos en todo el mundo. Hablamos de m�s 40 idiomas a los que el ensayo ha sido traducido. Hablamos de su autora, Irene Vallejo (Zaragoza, 1979), una de las voces m�s hondas y delicadas de la literatura espa�ola.Confiesa Eduardo Madina (Bilbao, 1976) que le bast� aquel primer p�rrafo para no poder dejar de leer aquel libro que hablaba de todos los libros.Pregunta. �C�mo nace El infinito en un junco?Irene Vallejo. Yo dir�a que es un destilado de toda mi vida. Tuve la suerte de tener unos lectores apasionados impenitentes. Los libros estaban antes que yo. Ocupaban toda la casa. En torres. En las habitaciones... Antes de saber leer, me intrigaba profundamente qu� eran esos objetos que yo ve�a a mis padres abrir y quedarse all� mirando fijamente horas y horas. Porque yo los abr�a y no me parec�a que tuvieran nada aparentemente interesante. Mis padres me contaban un cuento antes de dormir todas las noches. Eso fue el principio de mi fascinaci�n por la oralidad. Esas p�ginas que a m� me parec�an hileras de hormigas avanzando por un fondo blanco a ellos les contaban historias... Creo que en ese enigma infantil est� la semilla del libro, que esa curiosidad fue la que me llev� a estudiar Filolog�a. Y luego a especializarme en la historia del libro y de la lectura.Eduardo Madina. Cuando lo le�, deb�a de ir por la tercera o cuarta edici�n. Me lo recomend� un librero en una librer�a de Segovia en la que entr� por entrar. Tienes que leer esto, me dijo.I. V. �Fue por azar?E. M. Hab�a le�do algo en redes... Como licenciado en Historia, todo lo que me lleva de viaje en el tiempo es algo que me interesa. Lo que sucedi� fue que, cuando abr� la primera p�gina y le� el relato de los misteriosos hombres que recorren los caminos de Grecia, ya me qued� atrapad�simo en la obra.P. �Qu� supone para ti, Irene, estar delante de una persona que te ha conocido a trav�s de esas hileras de hormigas?I. V. Hay una gran asimetr�a. Porque el lector sabe mucho de m� y yo no s� nada de �l. A veces desasosiega un poco que te hablen de tu padre o de tu abuelo, tu madre, tu hijo, saben an�cdotas de tu vida que has contado... Y t� no sabes nada del lector. Pero s� es cierto que, a trav�s de los libros, se siente un gran cercan�a. Una persona que ha escrito un libro en cuyo interior t� has sido feliz ya no es un extra�o.P. �Por qu� leemos?E. M. Nuestras explicaciones del mundo casi siempre son incompletas de manera individual. Y las narrativas pasadas, presentas y futuras, de ficci�n, de realidad, de todo, construye una ventana m�s grande. Yo no s� si hay un algoritmo que explique por qu� leemos todos, pero s� s� por qu� leo yo: porque me hace feliz, me amplia la ventana con que trato de explicar el mundo."Tras el atentado, le� 'Si esto es un hombre', de Primo Levi, y me ayud� a orientar una salida no hacia la venganza, sino hacia la concordia" Eduardo Madina, exdiputado socialistaI. V. Tenemos un cerebro narrativo, necesitamos organizar la experiencia narrativamente. Y lo que encontramos en la literatura, en el cine, en las series, es un sentido para todo ese magma de est�mulos y experiencias que se nos presentan desordenadas y ca�ticas en la vida cotidiana. Lo que nos da la lectura es ese marco, ese sentido. Y al mismo tiempo nos da el vocabulario con el que hablaremos de nuestras propia vida. Una falta de lenguaje, de matiz, nos empobrece en las relaciones con los dem�s. Porque casi todas las relaciones est�n atravesadas por las palabras. Si quieres seducir, entablar una amistad, encontrar un trabajo, buscar apoyos para un proyecto... Todo eso se har� a trav�s de las palabras. Entonces, cuantas m�s palabras manejes, cuantas m�s sutilezas sepas expresar, cuanto mejor utilices el lenguaje, mejor nos conoceremos a nosotros mismos y mejor trataremos a los dem�s.P. �Por qu� escribimos?I. V. Para m� el tr�nsito de la lectura a la escritura fue muy fluido, como si no fuera nada distinto. Mis padres eran muy juglares y me contaban historias. Y hac�an algo que me parece muy astuto: interrumpir las historias y pedirme a m� que las continuase. Me invitaban a completar el libro. Era hija �nica y ten�a que entretenerme sola. Y all� estaban las historias. Escribi�ndolas con mi letra horriblemente plagada de faltas de ortograf�a.P. �Ser�ais los mismos lectores de haber sido adolescentes en el ecosistema actual?E. M. La pol�tica. Los libros. Las noticias... Hoy en d�a creo que la intermediaci�n de lo digital es un inmenso desaf�o. Hay ni�os de siete, nueve, once a�os, con la extraordinaria tentaci�n de las pantallas... Creo que no ser�a el mismo lector. Porque yo la soledad de la casa la llenaba con lecturas. Hoy es probable que el m�vil hubiera matado a Salgari.P. �De qu� nos salvan los libros?I. V. Los libros me ayudaron a sobreponerme al acoso escolar.P. �A qu� edad sufriste acoso?I. V. La fase m�s dura fue entre los ocho y los diez. Pero dur� hasta los doce.P. �C�mo fue?I. V. Me preguntaba: �por qu� siempre en todos los ambientes me siento tan rara? Posiblemente eso ten�a que ver con los libros. Ten�a mucha curiosidad, me encantaba aprender. Eso quiz� marcaba distancia con compa�eros que me acusaban de empollona. Entend�an que aquello era una especie de competici�n, cuando para m� no lo era. Adem�s era hija de padres divorciados cuando era una rareza serlo. Me percib�an como distinta. Y creo que el acoso tiene que ver con eso: con alguien aislado que no va a ser defendido... Ah� los libros me salvaron. Gracias a ellos, entend� que hab�a un mundo fuera del colegio y personas como yo. Creo que, a los ocho a�os, mi pandilla de amigos eran los libros. Hay un momento de Canci�n de Navidad de Dickens. Pocas veces se dice que Ebenezer Scrooge tambi�n sufre acoso escolar... Y est� en un internado en la que todos se burlan de �l. Est� solo. Y recuerda con ternura todos los personajes de los libros: Al� Bab�, Robinson Crusoe... Yo me reconoc� en �l. Porque, en aquel momento, tampoco ten�amos un lenguaje para decir "me est� pasando esto". No ten�amos las palabras.E. M. En mi caso, en el peor momento de mi vida, despu�s de un atentado de ETA, hay un libro que me ayuda a reordenar la vida: Si esto es un hombre, de Primo Levi. Llega a mis manos en el hospital. Y me ofrece un lugar de salida muy digna, a partir de la experiencia de la v�ctima, hacia un discurso no orientado hacia la venganza, sino hacia la concordia. Era muy joven, no lo hab�a le�do, ten�a 26 a�os. Y Primo Levi me ayud� a articular una buena salida de emergencia. Los libros nos ofrecen una vida m�s polis�mica, m�s multidimensional. Si uno no lee a Julio Verne, no viaja al centro de la Tierra.P. �Qu� le ped�s a un libro?E. M. Que me meta dentro. Que el autor o la autora me lleve a mis adentros. Y eso es m�s responsabilidad m�a que del libro.I. V. A un libro le pido que me entren las ganas de acabar las tareas pronto para volver a �l. Terminar de trabajar, de fregar, de acostar al ni�o, para ir a leer. Est�s en la parada del bus y aunque sea te lees tres p�ginas. Pero luego se va acabando el libro y empiezas a hacer todo lo contrario... A demorar para que no se te acabe: cinco p�ginas, pero no m�s.E. M. A m� eso me ha pasado con Ana no. Con Kolj�s, de Carr�re... Ahora estoy leyendo Republicanas, de Miguel �ngel Villena, la vida de las nueve diputadas mujeres en la Rep�blica. Margarita Nelken, Clara Campoamor, Mar�a Lej�rraga, Victoria Kent, la Pasionaria... Me est� atrapando.I. V. A m� me ha atrapado Historia de fantasmas, de Siri Hustvedt. Tambi�n La mujer temblorosa y Todo cuanto am�... Son libros que me fascinan por c�mo van de lo literario a lo ensay�stico. Las emociones. La pol�tica. La salud. Todo entrelazado. Y Profec�a, de Carissa V�liz, que hace una conexi�n muy interesante entre los profetas del mundo antiguo y la inteligencia artificial. Un libro que nos dice que no hay tanto que pronosticar, sino prepararnos para diversos escenarios. En di�logo permanente con la filosof�a."Iba a ferias muy peque�as. Iba en coche. Me gastaba m�s dinero en la gasolina y en el bocadillo que lo que ingresaba vendiendo libros. Pasaba calor, fr�o, penurias. Pensaba que todo hab�a acabado"Irene Vallejo, escritoraP. �Cu�les fueron vuestras primeros fogonazos?E. M. El que me da el primer fogonazo fue Charlie y la f�brica de chocolate, de Roald Dahl. Lo le� con ojos de enamorado.I. V. La Odisea, pero no porque la leyera, sino porque me la cont� mi padre. En aquel entonces emit�an una serie de dibujos, que era un Ulises gal�ctico [Ulises 31]. Vino mi padre y me dijo: "Pero ese no es el verdadero Ulises, �t� quieres conocer al verdadero?". "S�". "Ya te cuento esta noche". Y empez� a contarme el viaje, la guerra de Troya, las sirenas, los c�clopes, los lestrigones... Yo no sab�a que era un cl�sico. Ni nada. Aquella historia me pareci� deslumbrante. Sell� mi destino. Pero el primer libro que recuerdo leer fue El conde de Montecristo. Peque�ito y grueso. Se me ca�a porque no me cab�a en las manos.P. �De qu� ir� tu siguiente libro?I. V. Sobre los cuidados. Tengo much�simas notas. Cientos de p�ginas, pero hay que empezar a estructurar y a ordenar. Me he pasado muchos a�os de mi vida cuidando. Primero, a mi padre, cuando enferm� de c�ncer. Luego, a mi hijo.P. �Qu� discapacidad tiene �l?I. V. Es uno de esos s�ndromes raros, denominado s�ndrome de Pierre Robin [afecci�n cong�nita caracterizada por una mand�bula peque�a, ca�da de la lengua hacia la garganta y paladar hendido], que le afecta especialmente a la respiraci�n, a la degluci�n y al habla, pero tiene muchas m�s consecuencias. Han sido unos a�os muy intensos. Todos pasaremos por la vida con la necesidad de ser cuidados o la decisi�n de cuidar en alg�n momento.P. El 70% de los adolescentes pasa m�s de cuatro horas al d�a en internet. �Cre�is que todo conspira en este ecosistema para que no se lea?E. M. Los indicadores de lectura est�n mejorando en Espa�a. S� que hay m�s prestigio intelectual en el pesimismo, pero yo no saco la bandera blanca tan r�pido. No me rindo. Adem�s de los datos de todo lo que se publica, cada vez se compran m�s libros y se lee m�s. Aunque esto sea indisociable del problema de las pantallas.I. V. Empec� a escribir El infinito en un junco en un momento apocal�ptico en el que nos dec�an que los libros en papel se acababan, que iban a ser sustituidos por el libro electr�nico en 2025... Muchas de estas profec�as eran interesadas: gente que quer�a que esto sucediera. Tenemos tendencia a lo apocal�ptico cuando hablamos de los libros, pero cuando estudias su historia en el tiempo te das cuenta de que los obst�culos cambian, pero siempre han existido. El mayor de todos, el acceso a ellos, la alfabetizaci�n. Hoy la gente est� m�s alfabetizada que nunca. M�s educada. Con m�s bibliotecas. Con m�s ferias del libro. Con m�s clubes de lectura que nunca, lectores que se ponen de acuerdo para desafiar a la prisa... Lo que ocurre al respecto en lugares como Am�rica Latina, me fascina: han comprobado que, cuando consiguen que un chaval comience a leer, lo est�n sacando de la delincuencia, de las maras, del otro lado.P. Ambos ten�is hijos. �Leen?E. M. Tiene 17 a�os y est� acabando El gran Gatsby.I. V. Al m�o le gusta m�s que leamos colectivamente, que �l me lea a m� o que yo le lea a �l. Tiene 12 a�os y esto de leer solo no acaba de gustarle todav�a. Yo espero que en alg�n momento se emancipe.P. En Como una novela, Daniel Pennac propone desterrar la obligaci�n de leer como una forma de incitar a la lectura. Dice: "El verbo leer no soporta el imperativo". �Es buena idea que el sistema obligue a los chavales a leer determinados libros?E. M. No he visto a ninguno del curso de mi hijo disfrutar El Quijote. Pero no es posible acabar el Bachillerato sin haber pasado por la gran obra de la literatura universal junto con Shakespeare. Es un equilibrio dif�cil de resolver. Hay cosas que hay que leer.I. V. Me acuerdo de Emilio Lled� contando c�mo le�a con su profesor El Quijote y lo que le impresion� y le cambio la vida. Con lo que, de repente, hay ni�os que te sorprenden y que tienen la suerte de un buen profesor. Yo, cuando he tenido que dar clases, siempre he preferido abrir el listado de libros para que mis alumnos pudieran elegir, dentro de una serie de cl�sicos. Es importante ponerles en relaci�n con ciertos libros, porque a lo mejor no van a tener otra oportunidad m�s adelante. Un primer contacto. Aunque sea un fragmento. Y dejar all� algo sembrado. Recuerdo un instituto que visit� una vez: en su biblioteca escog�an primeras frases de grandes obras literarias y les ped�an que escribieran un p�rrafo continuando. Eso les llevaba a sentir intriga y conocer el p�rrafo verdadero. Ese trampol�n. Tentarlos."A lo mejor los libros no nos hacen mejores, pero s� nos hacen m�s felices"Eduardo MadinaP. �Qu� es el �xito, Irene?I. V. Una vez escrib� un art�culo sobre la palabra, que se relaciona con el ingl�s exit, que viene a ser la salida, el desenlace, que no necesariamente tiene que ser bueno. Incluso hay textos en castellano en los que se utiliza la expresi�n buen �xito y mal �xito... Pero ha evolucionado en los �ltimos siglos a esa idea del logro, la conquista...E. M. Yo le he dado vuelta a esa palabra durante mucho tiempo. Y tengo un amigo, Federico Linares, que dice que el �xito es acertar con el prop�sito. Acertando con el prop�sito, da igual cuanto camino recorras hacia �l. Puedes quedarte m�s cerca o m�s lejos, pero si est�s en la ruta adecuada eso es exitoso.I. V. Hay fracasos exitosos.P. A ti aquel fracaso te salv� la vida, Eduardo.E. M. �Perder las primarias, dices?P. S�.E. M. Indudablemente.I. V. Eso que dec�a Santa Teresa: hay m�s llantos por las plegarias atendidas que por las desatendidas... Es verdad que muchas veces nos equivocamos cuando aspiramos a algo... �xito es una palabra que intento evitar. Ahora estamos en la ideolog�a del �xito, que parece que solo tiene connotaciones utilitaristas y economicistas. Como si solo hubiera un modelo de �xito. Yo escrib� El infinito en un junco en el peor momento de mi vida pensando que era el final, que era mi �ltimo libro... Acababa de nacer nuestro hijo, con todos sus problemas, parec�a que nos enfrent�bamos a una situaci�n de dependencia absoluta, pens� que era un hachazo en mi vida... Yo iba a las ferias del libro, pero no a las de Madrid o Barcelona. Sino a las de Jaca o Tarazona... Ferias muy peque�as. Iba en coche. Me gastaba m�s dinero en la gasolina y en el bocadillo que lo que ingresaba vendiendo libros. Pasaba calor, fr�o, penurias... Pensaba que ya todo se hab�a acabado, pero dije lo de San Agust�n: "Se�or, hazme casto, pero todav�a no".P. �Te asusta el siguiente libro?I. V. Cuando empiezo a escribir siempre escribo con miedo, me asustar�a si no tuviera miedo. Porque hay ah� un reto, una idea. Pero no sabes si vas a poder levantarla... He escrito la primera frase. Tengo el primer p�rrafo... Mariana Enr�quez hablaba de la importancia de no hacer nada para ponerse a escribir. Eso es lo que necesito: que el tiempo se esponje, que las ideas cuajen, pasear pensando, hablar con los otros... Las mejores ideas de la Humanidad surgen en la sobremesa.P. "Que os guste leer no os hace mejores". Mar�a Pombo.I. V. Algunos de los personajes m�s nocivos del siglo XX fueron grandes lectores y escritores. Hitler, Stalin, Mao... Y tuvieron sus propios best sellers... Yo creo que no hay nada que nos haga mejores personas necesariamente.E. M. No conoc�a la frase de Mar�a Pombo. Lo que yo creo es que los libros igual no nos hacen mejores, pero s� nos hacen m�s felices. Lo suficiente como para no soltar frases como la que ella solt�.