Es una larga y sofocante tarde de verano. Gargantilla, un pequeño pueblo del Valle del Ambroz, en Cáceres, tal vez duerme la siesta o sus vecinos ven la televisión, si es que la tienen, a la espera de que afloje el calor. En una de las casas ocurre esto: cinco niños rodean a su abuela, que les está contando leyendas de la zona. La del Machu Lanú, un ser diabólico, mitad hombre mitad macho cabrío; la de la Jáncana, una mujer-serpiente que corta la lengua de sus víctimas con unas tijeras de oro; o la del Entiznáu, un duende gigante que desata tormentas y que vive en los montes de las Hurdes.
Rodolfo Arroyo de la Rosa era uno de aquellos niños fascinados por las historias de su abuela. Con esas leyendas en la memoria y tras una larga investigación sobre el extenso patrimonio histórico y cultural extremeño, Arroyo de la Rosa, coronel del Ejército de Tierra y doctorando de la Facultad de Turismo y Comercio de la Universidad Complutense de Madrid, ha elaborado un proyecto de turismo oscuro para Extremadura, junto a las doctoras María Lara Martínez y Laura Lara Martínez, profesoras titulares de la Universidad Internacional de La Rioja.
Su propuesta aglutina tanto lo histórico como lo legendario, y abarca muchos aspectos relacionados con este tipo de turismo, desde visitas a cementerios, campos de batalla y prisiones, hasta lugares relacionados con crímenes y catástrofes, y con leyendas y fantasmas.






