Rodeada por Sierra Nevada y dominada por la tierra tortuosa de los ‘badlands’, esta depresión geológica es uno de los rincones más desconocidos de Andalucía y el lugar donde empaparse de una cultura troglodita en tiempos de frenética tecnología
Fue llamada “la tierra roja” por los viajeros románticos del siglo XIX, aquellos intelectuales europeos que, en la búsqueda de un exotismo pasional que aliviara la frialdad industrial, hallaron en el sur de España una sensibilidad que alumbraría la mitificación de lo andaluz. Aquí, en este paisaje quebrado que se extiende por el noreste de la provincia de
="_blank" rel="noreferrer" title="https://elpais.com/elviajero/2023-07-25/ocho-motivos-para-ir-a-granada-mas-alla-de-la-alhambra.html" data-link-track-dtm="">Granada, en esta abrupta depresión geológica moldeada por los vientos y el agua, el misterio se les reveló a través de aquel suelo arcilloso y cobrizo que contrastaba con la blancura de los pueblos.
Hoy se conoce como la Hoya de Guadix y viene a ser una cuenca abrazada por el collar de montañas de Sierra Nevada. Una cuenca originada por un antiguo lago, que deja ver las cicatrices de un tiempo que se remonta al Cuaternario. A la erosión extrema de las rocas sedimentadas se debe la tortuosa orografía que dibujan los badlands, esas tierras baldías (malas tierras) formadas por cárcavas, barrancos, cañones y crestas afiladas que se extienden entre las poderosas cumbres béticas. Vistas en toda su extensión, bien pudieran pasar por el Lejano Oeste americano.






