La cercanía a la ciudad de Sevilla hace que localidades extraordinarias de la Campiña andaluza pasen desapercibidas.
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m/diario/2006/12/30/viajero/1167515826_850215.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/diario/2006/12/30/viajero/1167515826_850215.html" data-link-track-dtm="">Es el caso de Écija, Carmona u Osuna, villas renacentistas que esconden un fabuloso legado histórico y artístico. En esta zona también hay otros rincones imprescindibles llenos del más genuino encanto andaluz. Quizá sean poco conocidas, pero no por ello menos interesantes. Lo que es seguro es que son una apuesta para escapadas futuras, en otoño, cuando el calor ya no apriete.
A orillas del río Genil y con 11 torres que sirven casi de faros en medio de la Campiña, Écija es una de las ciudades más subestimadas de la provincia de Sevilla. A su sombra se despliega un increíble legado histórico y artístico, que va de la arquitectura árabe a los edificios barrocos —iglesias, conventos y museos— que asoman por todas partes.
A la “sartén de Andalucía”, como se apoda a esta ciudad por sus altas temperaturas de verano, hay que dedicarle al menos un día completo, preferiblemente cuando pasen los calores estivales. Es la menos visitada de las grandes localidades de la Campiña sevillana, pero ahí radica uno de sus encantos: ofrece una imagen muy auténtica de la vida urbana andaluza. Esta localidad fue para los romanos la colonia Augusta Firma Astigi, una de sus principales ciudades en Hispania, que prosperó con el comercio de aceite de oliva por todo el Imperio. Por eso hay restos romanos por todas partes, incluso bajo la plaza principal.







