La exposición dedicada a la familia de artistas en el Museo de Bellas Artes de Sevilla permite recorrer el origen visual de los tópicos andaluces que aún alimentan la mirada turística
En Sevilla y en otros tantos lugares, como Barcelona o Málaga, el malestar lleva un tiempo haciéndose evidente. La fuente insaciable de dinero para las bellas ciudades españolas que durante años fue el turista ha acabado inundándolo todo. Con la ayuda de Google Maps, Instagram y TikTok, el turista ya no necesita guías: conoce los bares a los que iban los vecinos de cualquier barrio, los trucos para entrar gratis en los sitios y las estrategias que, hasta hace no mucho, permitían sobrevivir en una ciudad que lleva muchos años pensándose para viajeros que gastan más y más rápido. Los términos de toda esta crisis son extensos, así como sus múltiples manifestaciones, y se analizan diariamente en...
este y otros tantos periódicos. Casi pareciera que el apartado de quejas está saturado y congeladas todas sus soluciones.
Sin embargo, en el Museo de Bellas Artes de Sevilla se ha podido ver este invierno una exposición titulada Los Bécquer, un linaje de artistas y comisariada por Manuel Piñanes, que puede servirnos para pensar de una forma diferente la relación tóxica de Sevilla —y del sur, así, en general— con el turismo. Aunque no se explicitan, alrededor de ella pulula una serie de conceptos que pueden iluminar el debate, como “litografías”, “mirada colonial” o “autoexotización”.






