Una gran exposición en el Museo de Bellas Artes de Sevilla recupera a una dinastía de pintores que culminó con la poderosa figura del poeta, que también destacó como dibujante
Gustavo Adolfo Bécquer dibujó siempre. Además de escribir poesía, prosa, relatos y crónicas periodísticas, el autor sevillano, un icono del Romanticismo por sus Rimas y leyendas, uno de los libros más populares de la literatura española, dibujaba en hojas sueltas y en cartas, garabateaba con dest...
reza en cuadernos y álbumes. Incluso, en sus propios manuscritos. Le parecía algo tan natural que regalaba generosamente aquellos dibujos, muchos salidos espontáneamente de su pluma, entre sus amigos y conocidos.
Fue un magnífico dibujante, con dotes además para la música, como lo fue también su hermano mayor, Valeriano, y como lo habían sido una generación antes su padre José y su tío Joaquín, todos ellos miembros de una dinastía pictórica que documentó como pocas la España del siglo XIX, durante el reinado de Isabel II y el establecimiento en Sevilla del poderoso Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, que rivalizó hasta tal punto con la monarca española que la ciudad andaluza fue conocida en aquellos años como la Corte Chica.






