Las pensiones de incapacidad permanente se conceden a personas que, debido a una enfermedad o lesión, han visto afectada su vida laboral o diaria y se ven incapacitados en una de ellas o en ambas. Algunas de estas prestaciones se pueden percibir a la vez que un salario, pero solo ajustándose a la normativa.Es el caso de la incapacidad permanente total, aquella que "inhabilita a la persona trabajadora para la realización de todas o de las fundamentales tareas de dicha profesión, siempre que pueda dedicarse a otra distinta", según explica la Seguridad Social en su página web.

Ahora bien, aunque la prestación es compatible con el cobro de un salario, en ocasiones es complicado que el beneficiario de la pensión de incapacidad permanente pueda conseguir un nuevo empleo. Esto le deja con la pensión como única fuente de ingresos.

La cuantía de la pensión de incapacidad permanente en su grado total es de un 55% de la base reguladora del trabajador. Esta base reguladora dependerá del origen de la incapacidad (por contingencias comunes o profesionales) y de la edad del beneficiario.

Y es que la normativa concede cantidades adicionales a los trabajadores de edad cercana a la edad ordinaria de jubilación, dado que se les presupone mayores dificultades para conseguir un nuevo empleo.