La pensión de incapacidad permanente es con toda probabilidad la más especial de todas las pensiones contributivas porque su naturaleza es compleja: para que se conceda es preciso que una dolencia, lesión o enfermedad limite de forma determinante al trabajador en su vida laboral y/o cotidiana. La cosa se complica más aún cuando el trabajador tiene varias enfermedades o dolencias porque la Seguridad Social tendrá que dirimir si el conjunto de estas secuelas le incapacita para el trabajo. Da igual que, por separado, sean dolencias menores: los trabajadores pueden llegar a cobrar pensiones de incapacidad permanente si la suma de todas las enfermedades le provoca un cuadro médico incompatible con el trabajo.
Lo confirma el bufete especializado en incapacidad permanente Campmany Abogados. En su página web, informan de que "se puede reconocer una incapacidad permanente por varias enfermedades simultáneas si, valoradas en conjunto, sus secuelas generan limitaciones funcionales graves -y previsiblemente permanentes- que impiden desempeñar la profesión habitual o cualquier otra".
La clave, señalan en el bufete, es analizar todas las enfermedades como parte de un todo, es decir, no limitarse a seguirlas de forma individualizada. En Campmany Abogados aseguran que "lo importante son las limitaciones funcionales globales y cómo inciden en la capacidad laboral del trabajador" y que el estudio de ese conjunto es el que puede provocar que el trabajador consiga la pensión.







