0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia Artificial“¿Soy yo el único al que no le importa nada el eclipse?”. No, @julian004372 (nombre inventado), no eres el único. Centenares o miles como tú se han hecho la misma pregunta en X desde principios de agosto e, igual que tú, han creído que eran los más originales de la Tierra, planeta, por cierto, que se alineó este miércoles con la Luna y el Sol, por si queda aún alguien que no se enterara. Porque a muchos les importó un comino el evento y vaya si se encargaron de hacérnoslo saber, y a otros les importó mucho, muchísimo y, por supuesto, tampoco dejaron de comentarlo. El caso es, tanto unos como otros, no dejar de hablar.Y lo más curioso: se lo reprochaban entre ellos. Unos, amargados, raritos y especialitos por decir que no iban a verlo. Los otros, borregos y pesados por no parar de hablar del tema. Pues ahí va un secreto: es compatible. Tan lícito es el entusiasmo rozando lo irracional ante un fenómeno tan extraordinario como el hartazgo ante tanta expectación muchedumbrosa. Incluso uno mismo puede albergar ambos sentimientos. Y no pasa nada. Pero, vamos, ¿para qué predicar en este desierto dicotómico y maniqueo que es la red? En X, incluso un casual movimiento de astros es una guerra.La luna cubrió completamente el sol y X fue un espectáculo de chistes y memes Victor Fraile / ReutersPorque hay que ver el ansia que nos entra a todos por querer participar en la conversación cuando hay un evento histórico así. Del hacedor de chistes y memes profesional al personaje público o el anónimo, nadie quiere dejarse en el tintero su punto de vista. Y, sospechosamente, las bromas se repitieron, porque somos demasiados para ser verdaderamente originales. Pero también hay que decirlo: es cuando X es más cachonda. Y esta vez el eclipse nos brindó una previa divertidísima a cuenta de miles de ingeniosas tonterías de unos y otros. Estaba el que advertía de que antes sonarían los cuartos. Otro decía que era un tradicional, que lo seguiría con Ramón García y Ana Obregón. Estaba el que lo confundía con el aplauso a los sanitarios, mientras otro proponía más bien aplaudir a los oftalmólogos al día siguiente. “¡Que me mire a mí el eclipse!”, soltaba la tuitera con más autoestima nunca vista. “¿Dónde caerá el primer niño nacido en eclipse?”, se preguntaban unos, mientras otros esperaban que “el premio quede bien repartido”. Porque, en la media parte, tenía que actuar Shakira; quizás había pausas de hidratación; ya no quedaba papel higiénico en los súpers; del eclipse saldremos mejores; a las 2 serían las 3; el cuñado ya lo había visto y no era para tanto, y eran necesarias dos horas de digestión antes de verlo. Ah, y si llovía, pasaba a celebrarse en el pabellón. ¡No me digan que no nos lo pasamos bien!En eventos así es cuando X es más divertida: miles de comentarios ingeniosos en la red nos han entretenido antes y después del espectacular acontecimientoTampoco se perdieron la fiesta negacionistas y conspiracionistas. “No lo vean. No es un fenómeno natural, es una alteración masiva y distorsión energética (...) Usan tecnología militar para dañar la salud, alterar la percepción y absorber nuestra esencia divina”, proclamaba sin pestañear una joven aparentemente convencida. También personajes como Marcos Llorente y Miguel Bosé, con sus advertencias, contribuyeron al frenesí digital. ¡Y todavía tendremos las narices de mirar con paternalismo a nuestros ancestros por las supersticiones y miedos en torno al eclipse! Entre todos estos, servidor se encontraba entre los moderadamente escépticos, aunque más por falta de planificación (y gafas ISO 12312-2) que por otra cosa. Así, la agenda fue mantener el seguimiento tuitero incluso cuando la Luna fuera tapando el Sol. El compromiso con este patio digital es tal que habrá que dar por bueno el sacrificio. Alguien tenía que hacerlo. Y aquí va el resultado, que, sin duda, decepcionará al lector: nada que reseñar. Cierto silencio digital mientras el fenómeno se producía –aunque el algoritmo siga sirviéndote el pienso de siempre– y retorno masivo ante el teclado, al terminar, con un nuevo puñado de comentarios de admiración y asombro –con recadito a los que no lo vieron, claro– y otros tantos chistes: “¿Hasta cuándo se puede felicitar el eclipse después de que pase?”. En 2028, el eclipse será anular y también pasará por aquí cerca. Igualmente bonito, dicen los expertos. Mejor será aparcar las pantallas y este sí, verlo.Licenciado en Periodismo y Humanidades, en La Vanguardia desde 2008. Actualmente es redactor del suplemento Cultura/s. Antes pasó por la sección de Última Hora.