Opini�nEl fen�meno astron�mico nos ha permitido dejar de lado las ideolog�as para vivir una experiencia en comunidad. Por unos minutos, todos recordamos que compartimos el mismo cieloFase de "anillo de diamante" del eclipse solar total sobre el Palacio Real de Olite (Navarra)Javier Armentia*Actualizado Jueves,
agosto
14:45Hay algo extra�o en los eclipses totales: son predecibles, podemos calcularlos con siglos de antelaci�n detallando c�mo y d�nde con una precisi�n extraordinaria. Y, sin embargo, cuando suceden, nos sorprenden como pocas cosas. La ciencia no puede ahorrarnos la experiencia de vivir este fen�meno tan an�malo, de que nos atrape por completo. Y despu�s ocurre algo a�n m�s curioso: queremos contarlo. Las redes se llenan de fotograf�as, v�deos y palabras que normalmente no asociamos con la astronom�a: incre�ble, maravilloso, emocionante, �nico. Incluso hablamos en plural: lo hemos visto, lo hemos vivido, nos ha pasado. Un eclipse, por un instante, parece hacernos formar parte de algo com�n.En Ler�n, donde unos 5.000 vivimos juntos la experiencia, quisimos a�adir algo muy antiguo a la astronom�a: las campanas. Los campaneros de Navarra crearon varios repiques espec�ficos. El primero avis� de que comenzaba el eclipse parcial, cuando la Luna empezaba a cubrir el Sol; el segundo se�al� la llegada de la totalidad y el momento en que pod�amos quitarnos las gafas de eclipse; el tercero anunci� que la totalidad hab�a terminado y que deb�amos volver a pon�rnoslas. Puede parecer nimio, pero tuvo algo de m�gico y, sobre todo, �til. Mucha gente tem�a quit�rselas demasiado pronto o pon�rselas demasiado tarde, pero las campanas hicieron de gu�a, con la sencillez de una se�al que no necesitaba instrucciones. As�, ese patrimonio inmaterial de la humanidad que durante siglos sirvi� para convocar, avisar y ordenar la vida de un pueblo volvi� a ser un aviso, una ayuda, casi un refugio.Los acontecimientos extraordinarios tienen una capacidad especial para quedarse en la memoria. No recordaremos solamente lo que vimos, sino d�nde est�bamos, con qui�n, qu� sentimos. Posiblemente magnificaremos algunos detalles ya de por s� excesivos de un eclipse. Dentro de unos a�os, diremos: �Yo estaba all� cuando se hizo de noche en pleno d�a�, un recuerdo m�s importante que cualquier imagen. Hay algo especialmente poderoso en que esa experiencia colectiva proceda de un fen�meno cient�fico. No hemos necesitado compartir una ideolog�a o una creencia: bastaba con estar all� y entender que aquella oscuridad ten�a una explicaci�n tan sencilla como extraordinaria.El entusiasmo pasar�, claro. Volveremos a las discusiones de siempre donde es casi imposible encontrar algo que podamos compartir. Pero quiz� este eclipse nos deje una lecci�n: la ciencia tambi�n puede producir experiencias colectivas de enorme intensidad; el conocimiento puede ser algo que se vive, no solamente algo que se explica. Ojal� sepamos volverlo a repetir. Por unos minutos, todos hemos recordado algo que normalmente olvidamos: que compartimos el mismo cielo, el mismo mundo.*Javier Armentia es astrof�sico, comunicador cient�fico y ex director del Planetario de Pamplona.











