Mientras para muchos será una ocasión excepcional para observar el fenómeno astronómico “más espectacular”, para otros, el mejor plan será hacer cualquier otra cosa
El eclipse de este miércoles llega con todos los ingredientes de un acontecimiento nacional y excepcional. Una franja de totalidad atravesará buena parte de España. Desde 1905, la península Ibérica no estaba en la lista de los afortunados. Esto ha provocado semanas de titulares, publicaciones en redes sociales y una legión de personas organizándose para no perderse el espectáculo que nos ha preparado la mecánica celeste. Y, sin embargo, hay quienes han decidido hacer justo lo contrario. No dejarse llevar por el FOMO (miedo a perderse de algo) o preparar su mejor coartada para no observarlo.
Astrid Salvat, una tarraconense de 40 años, pertenece al grupo de gente que no quiere participar. La decisión de no mirar al cielo mientras el Sol desaparece por unos breves momentos, comenta, viene de percibir que un fenómeno natural “se haya convertido en un espectáculo de masas casi obligatorio”. Cuenta que ha preferido reflexionar sobre si realmente le parece interesante. Y la respuesta ha sido que no. “Vivimos con miedo a quedarnos fuera de lo que hace la mayoría y yo prefiero preguntarme si algo me interesa de verdad antes de sumarme sin más. Sinceramente, ese fenómeno no me atrae”, argumenta Salvat.












