En septiembre de 2021, tras décadas de protestas y reclamaciones, las barreras de la AP-7 desaparecieron y la principal autopista catalana quedó liberada de pago. Cinco años después, sin embargo, el debate ha dado un giro inesperado por los signos de colapso que muestra la principal arteria viaria de Catalunya. El aumento del tráfico, los episodios de congestión, el peso creciente de los camiones y los problemas de mantenimiento ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre si el uso de las carreteras de alta capacidad debe tener algún sistema de pago.PublicidadLos datos oficiales del Servei Català de Trànsit (SCT) confirman desde la gratuidad de la AP-7, la Intensitat Mitjana Diària (IMD) de vehículos se ha disparado, superando en muchos tramos los 100.000 vehículos viarios al día, especialmente en el eje de la demarcación de Barcelona y Girona. La duración de las retenciones se ha incrementado en más de un 70% debido, principalmente, a la elevada concentración de camiones en el carril derecho. Hay que tener en cuenta que la AP-7 es la vía por donde pasan todas las mercancías que van o vuelven de todo el eje mediterráneo, Andalucía y el centro de la Península hacia Europa, así como la de los turistas europeos que se desplazan por carretera desde la Costa Brava hasta la Costa del Sol.Por todo ello, hace unas semanas, el Parlament avaló estudiar un nuevo sistema de pago similar a la viñeta para garantizar su mantenimiento, un modelo que se aplicaría a todos los vehículos pero que sobre todo está pensado para los camiones que circulan diariamente.Un sistema público que permita financiar el mantenimientoEl actual debate no gira tanto en torno a recuperar los antiguos peajes de concesión privada, como de encontrar un sistema público que permita financiar el mantenimiento de las carreteras y, al mismo tiempo, contribuir a transformar el modelo de movilidad en Catalunya. Entre las fórmulas sobre la mesa está la viñeta, un sistema de pago periódico que permitiría circular por determinadas vías, o fórmulas de pago según los kilómetros recorridos.Para Mercedes Vidal, vicepresidenta de la asociación Promoció del Transport Públic (PTP), la desaparición total de los peajes fue un "error" porque se confundió la necesidad de acabar con un modelo privado y considerado abusivo con la desaparición de cualquier fórmula de pago por uso. "Estábamos en contra del sistema de peajes que existía entonces, porque era privado y abusivo, pero la alternativa no debía ser necesariamente la gratuidad", explica en declaraciones a Públic. "Había que hacer una transición hacia un modelo público y justo", comenta.PublicidadDurante años, las autopistas catalanas estuvieron condicionadas por un sistema de concesiones que obligaba a los conductores a pagar por utilizar determinadas vías. La reivindicación contra estos peajes adquirió una fuerte dimensión territorial y social hace más de una década, especialmente en zonas donde los ciudadanos consideraban que habían pagado durante décadas por unas infraestructuras ya amortizadas. La acción más recordada es la campaña No quiero pagar, en la que los conductores se negaban a abonar el tíquet en el peaje y pedían la hoja de reclamaciones.La PTP defiende que eliminar los peajes sin crear un sistema alternativo dejó al vehículo privado en una situación ventajosa respecto a otros modos de transporte. "Todos los modos de transporte pagan algún tipo de cánones por el uso de su infraestructura: los trenes pagan un canon por las vías, los aviones por el uso de las infraestructuras aeroportuarias y los barcos por el uso de los puertos".En cambio, con la desaparición de los peajes, "el coche era el único vehículo, el único modo, que no tenía este pago", sostiene, lo que, según la entidad, genera una fuerte tensión porque el mantenimiento de las carreteras pasa a depender íntegramente de los presupuestos públicos, independientemente del uso que haga cada conductor.PublicidadLa cuestión, por lo tanto, no sería simplemente volver a cobrar por circular. El debate es quién paga, cuánto paga y, sobre todo, dónde va a parar el dinero. "Es justo que las infraestructuras se mantengan con una carga de sus usuarios", defiende Vidal, que considera especialmente relevante el caso del vehículo privado por el impacto ambiental y social que genera.Una AP-7 más congestionadaSergi Saurí, director del Centro de Innovación del Transporte (CENIT-CIMNE) y profesor de la Universitat Politècnica de Catalunya y experto en movilidad, explica en declaraciones a Públic que la autopista afronta actualmente un problema de capacidad que se ha agravado desde la liberación de los peajes. El incremento ha sido significativo en el tráfico de vehículos pesados, pero también ha crecido la demanda de los turismos.El resultado es una carretera más vulnerable a las incidencias. "Ahora mismo el incremento de pesados ha sido muy grande", señala. El aumento del número de camiones y del tráfico en general hace que cualquier accidente tenga consecuencias más importantes sobre la circulación. "Tenemos una red que es vulnerable a incidencias, porque cuando hay un accidente queda parada o parcialmente parada y esto incrementa mucho el tiempo de circulación", explica el experto.De hecho, una de las consecuencias más visibles de la gratuidad de la AP-7 es el incremento del número de camiones que circulan por la vía. Según un estudio del RACC, estos vehículos pesados están implicados en el 55% de los accidentes graves en la AP-7 en las comarcas de Girona. Una de las alternativas que plantea es trasladar parte del transporte de mercancías hacia el ferrocarril, especialmente a través del Corredor Mediterráneo. Pero esta transformación todavía está lejos de ser una realidad. "La cuota de mercado que tiene el sector de mercancías ferroviarias es del 5%, y ya hace años que se mantiene en niveles muy bajos", explica.Según el experto, el problema no es únicamente que haya más coches y camiones, es que una infraestructura con una capacidad limitada está absorbiendo una demanda cada vez más elevada, y esto a menudo se traduce en accidentes y en incrementos de los tiempos de viaje.¿Viñeta o pago por kilómetro?Tanto el Govern como los expertos consultados coinciden en que hay que recuperar el pago por el uso de la vía, pero huyendo del anterior modelo privado de concesiones. Hay varias alternativas. Una opción sería la viñeta, que permitiría circular durante un periodo determinado por las vías incluidas en el sistema tras abonar una cantidad fija. Es un modelo parecido al que existe en países como Suiza.La otra posibilidad sería un sistema de pago por distancia recorrida, en cuyo caso el conductor pagaría en función de los kilómetros que realiza. Es un sistema más preciso porque relaciona directamente el uso de la infraestructura con el pago. "La parte buena de este es que es más cuidadoso", explica Saurí. "Si circulas más kilómetros, desgastas más la vía, creas más congestión y, por tanto, pagas más". El principal inconveniente es la complejidad tecnológica y administrativa que implica.PublicidadLa viñeta, en cambio, es menos precisa porque el conductor paga independientemente de si utiliza mucho o poco la red, pero tiene la ventaja de ser más sencilla de implementar y gestionar. Para Saurí, el sistema de la viñeta o de pago por uso no sólo incorporaría los costes por el mantenimiento de la carretera, también podría introducir otros impactos que genera el vehículo por carretera.El transporte público como alternativaMás allá de las medidas a corto y medio plazo, como mejorar la fluidez de la AP-7 y resolver algunos puntos conflictivos, tanto de la plataforma de usuarios como el Centro de Innovación del Transporte, coinciden en que es imprescindible reducir la demanda sobre la carretera. Y esto pasa porque una parte de los desplazamientos se hagan "con modelos más sostenibles", especialmente el ferrocarril y el autobús.El problema es que estas alternativas no se pueden construir de un día para otro. "Esto requiere un cierto tiempo", explica Saurí. "Hay que invertir en servicios, reforzar frecuencias y ampliar la capacidad del transporte público antes de que una parte significativa de los usuarios pueda abandonar el vehículo privado", explica. Por ello, cualquier sistema de pago debería ir acompañado de una política de inversiones.PublicidadCercanías y AP-7, dos caras del mismo problemaLa discusión sobre la AP-7 llega en un momento en que la crisis de Rodalies ha vuelto a ocupar el centro del debate político catalán. Mientras la carretera afronta problemas de congestión y capacidad, el principal sistema ferroviario de Catalunya también sufre problemas de infraestructura, incidencias y falta de mantenimiento. Para Vidal, ambas cuestiones están relacionadas y apunta que hay que priorizar. "Si el Estado y las administraciones tienen que asumir íntegramente el mantenimiento de las carreteras, disponen de menos recursos para reforzar otros sistemas de transporte", lamenta.En este sentido, la PTP reclama que cualquier futuro sistema de pago de la AP-7 sirva precisamente para revertir esta situación. "Todo lo que sea más medios económicos para poder solucionar la falta de mantenimiento es positivo", defiende Vidal. Saurí coincide en esta idea. Una parte de los ingresos de una eventual viñeta, apunta, podría destinarse al transporte público.