La semana pasada, la Generalitat de Cataluña abrió la puerta a volver a implantar sistemas de peaje en algunas autopistas de la región debido a que, desde su liberalización, han multiplicado su tráfico y, por consiguiente, generado un riesgo mayor para la seguridad vial. En concreto, el secretario de Movilidad de la Generalitat, Manel Nadal, especificó que en algunas vías como la AP-7 la medida podría entrar en vigor en "dos o tres años", según declaró a los micrófonos de Cadena SER. Actualmente, la AP-7, que recorre de norte a sur la costa catalana, es noticia frecuentemente debido a su alta siniestralidad y su alto tránsito de vehículos. Aunque dicha medida del regreso a los peajes también podría llegar a la AP-2 (Zaragoza-Mediterráneo), al menos en su tramo catalán, que desde 2021 ha visto cómo su tráfico superaba los 20.000 vehículos al día.El propio presidente de la Generalitat, Salvador Illa, reconoció hace unos días que quizás se equivocaron al pedir el fin total de los peajes, por lo que considera imprescindible recuperar el sistema de pago para garantizar la conservación de las carreteras y mejorar una red que hoy se encuentra saturada.¿Por qué podría volver el peaje a la AP-2? Esta medida responde principalmente a la necesidad de reordenar el tráfico pesado y obtener recursos para el mantenimiento de la red viaria. Desde que se levantaron las barreras en septiembre de 2021, la vía ha experimentado una congestión masiva, ya que la gran mayoría de camiones que antes circulaban por la peligrosa N-II se han desplazado a la autopista.Esta masificación ha degradado el estado del asfalto y ha incrementado los accidentes. Por ello, la Generalitat argumenta que, cuando existían los peajes, los camiones se distribuían mejor entre las distintas infraestructuras. Además, especifica que la falta de ingresos por peaje ha dejado a las vías sin los fondos necesarios para su correcta conservación, lo que ha derivado en carreteras con baches o presencia de vehículos abandonados. Cabe destacar que, al ser una vía de titularidad estatal, cualquier cambio requeriría un acuerdo con el Ministerio de Transportes, y en caso de aplicarse solo en Cataluña, el tramo aragonés de la AP-2 entre Zaragoza y Fraga (Huesca) seguiría siendo gratuito.¿Cómo podría volver el peaje a la AP-7? Como hemos mencionado en las líneas anteriores, el Govern maneja un horizonte de implementación de dos a tres años mediante sistemas tecnológicos avanzados que evitarían el regreso de las cabinas tradicionales. La opción más probable es el sistema 'free flow', similar al utilizado en Portugal o en la autovía A-636 del País Vasco, que emplea pórticos con cámaras para identificar las matrículas y emitir facturas automáticas sin que el vehículo se detenga.En definitiva, el objetivo para la AP-7 es una estrategia que incluya también la prohibición de adelantamientos para camiones y la obligatoriedad de circular por el carril derecho para vehículos de más de 7.500 kilos. Manel Nadal defiende que esta medida debería aplicarse en toda España para evitar agravios comparativos entre territorios. De esta forma, se pretende reducir la mortalidad en una vía donde solo en la primera mitad de 2026 ya han fallecido 10 personas, utilizando el peaje como una herramienta para financiar ampliaciones de carriles y la mejora de unos enlaces que actualmente actúan como cuellos de botella.¿Qué otros sistemas de pago y medidas se están analizando?La Generalitat analiza también modelos de peaje por kilometraje basados en satélites, siguiendo el ejemplo de otros países europeos. Aunque la consejera de Territorio, Sílvia Paneque, ha matizado que el importe a pagar podría depender de las características del vehículo, como su tonelaje o nivel de emisiones, penalizando a los más contaminantes.Con este enfoque busca no solo recaudar, sino fomentar una movilidad más sostenible y eficiente en vías de alta capacidad como la C-16, la C-14 o el Eix Transversal, que también están en el punto de mira para recuperar los peajes. Por su parte, los transportistas denuncian que la saturación actual se debe a la falta de un tercer y cuarto carril en tramos críticos del Vallès y el Penedès, así como a la ausencia de rutas alternativas seguras.