0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialUn verano más, los incendios forestales vuelven a golpear España con virulencia. Como ocurre cada año, el debate político gira rápidamente hacia el cambio climático. Se reclama un gran pacto de Estado, se acusa al adversario de negacionismo y la discusión científica acaba convertida en un arma electoral. Sin embargo, hay una pregunta incómoda que apenas se formula: ¿qué hemos hecho en los últimos años para adaptarnos a una realidad que sabíamos que iba a llegar?Nadie discute que el cambio climático puede aumentar la frecuencia o la intensidad de fenómenos extremos. La ciencia lo estudia y lo documenta. Pero porque conocemos esa realidad, la obligación de los gobernantes no termina en recordarla. Gestionar los montes, mantener cortafuegos, mejorar los sistemas de alerta, ordenar el territorio, reforzar las infraestructuras críticas y preparar a la población forman parte del proceso de adaptación que debemos afrontar con urgencia. Los incendios no se evitan con discursos ni declaraciones de intenciones, sino con prevención y anticipación.Es tan inaplazable la adaptación al cambio climático como avanzar en la descarbonizaciónSabemos que los efectos del calentamiento global seguirán manifestándose durante décadas. Por ello, la adaptación a este nuevo escenario resulta tan inaplazable como avanzar en la descarbonización de la economía. Reducir las emisiones de CO₂ debe seguir siendo prioritario, pero siempre desde el realismo y la coherencia, evaluando con rigor los costes, los plazos y las consecuencias de cada decisión. Y es que nuestro objetivo no debe ser únicamente reducir la huella de carbono, sino también preservar la competitividad de nuestra industria y garantizar el suministro de energía a la sociedad.Alberto DíazEFEEn este terreno conviene abrir un debate sobre la estrategia de la Unión Europea. Si el objetivo es reducir emisiones de forma eficaz, parece razonable preguntarse si la electrificación, siendo imprescindible, puede convertirse en la única respuesta. La dimensión del desafío exige una mirada más amplia, capaz de incorporar todas las tecnologías que contribuyen a la descarbonización. La experiencia demuestra que los problemas complejos rara vez admiten una única solución. Ocurre con la prevención de los incendios y también con la lucha contra el cambio climático.La naturaleza no vota. Los incendios, las inundaciones y las olas de calor tampoco distinguen entre ideologías. Convertir cada desastre en munición política puede proporcionar titulares durante unos días, pero no evita que el monte se queme.La diferencia entre un país vulnerable y un país resiliente no está en encontrar culpables. Está en hacer los deberes antes de que llegue la siguiente emergencia. Y esos deberes pasan tanto por prepararnos para convivir con los efectos del cambio climático como por avanzar, con pragmatismo, en la reducción de las emisiones que los provocan. La responsabilidad de nuestra clase política consiste en actuar en ambas direcciones. Para lograrlo, el primer paso sigue siendo el más difícil: ponerse de acuerdo. Ha llegado la hora de gobernar.