Las imágenes pueden más que las estadísticas. Las dramáticas imágenes de Ceuta en este pasado mes han hecho temblar la confianza en la política migratoria europea en todo el continente y han dado argumentos a las fuerzas políticas decididas a acabar con la protección de los derechos humanos en toda la UE.Mientras tanto, se siguen recuperando cadáveres del mar. La tragedia se ha cobrado más de 70 muertos, quizá muchos más. Lo que queda es dolor, conmoción y preguntas sin respuesta. ¿Cómo ha podido ocurrir esto? ¿Y cómo evitar que se repita esta tragedia, aquí y en todos los demás lugares de la mortífera frontera mediterránea de la UE?Las estadísticas muestran que los sucesos de Ceuta han sido una excepción. En todo el año 2025, solo llegaron a la ciudad 3.500 personas; de toda África, solo 37.000 llegaron a España. En el primer semestre de 2026, han llegado a Grecia, Italia y España menos de 50.000 personas procedentes de toda África y todo Oriente Medio.No, la Unión Europea no está sufriendo una avalancha migratoria procedente de África. En 2015, quienes cruzaron a Grecia eran sobre todo refugiados y a la mayoría de ellos, posteriormente, se les reconoció ese estatus. En esta ocasión, quienes atravesaron la frontera eran, en su gran mayoría, jóvenes marroquíes. Casi todos volvieron a Marruecos pocos días después.Las primeras reacciones a la crisis en toda la UE estuvieron impulsadas por una sensación de pánico y fueron confusas e injustas. Italia exigió que se expulsara a España del espacio Schengen, algo absurdo. En 2025 llegaron de forma irregular a Italia alrededor de 67.000 personas, frente a las 37.000 que llegaron a España. Uno de los objetivos del Sistema Europeo Común de Asilo, reformado hace unas semanas, es disuadir a la gente de seguir hacia otros países; a pesar de ello, ningún ministro del Interior aludió a él. Según la legislación de la UE, si cualquiera que haya entrado continúa su trayecto a otro país de la Unión, se le puede obligar a volver a España. En 2025, Francia consiguió trasladar aproximadamente a 1.900 personas de vuelta a España y ninguna a Italia. Alemania trasladó a 900 a España y a una persona a Italia. Tampoco resiste el examen la acusación de otros Estados miembros de que la regularización española de los migrantes que ya vivían en el país desencadenó la avalancha en Ceuta. La medida se anunció en enero. En los meses posteriores, las llegadas irregulares a España siguieron disminuyendo, igual que había ocurrido después de cada una de las seis regularizaciones españolas anteriores. La regularización se aplica a quienes ya estaban en España, en su gran mayoría latinoamericanos que habían entrado legalmente en avión. Quien afirme que existe una relación debe explicar por qué las cifras han ido bajando desde enero y por qué bajaron en ocasiones pasadas.En Ceuta quedan ahora menores y migrantes no marroquíes. Las leyes de la UE y la Convención sobre los Derechos del Niño, ambas válidas en toda Europa, lo estipulan de forma muy clara. El principio fundamental es el interés superior del menor, por lo que los menores no acompañados pueden ser devueltos si, en su país de origen, se les entrega a un familiar, un tutor designado o un centro de acogida adecuado. Esto es lo que hay que organizar ahora. Sería absurdo decir que el interés superior del niño es, automáticamente, permanecer a solas en España o en la UE cuando tiene una familia que le espera en su país de origen. Además, no tener en cuenta los derechos humanos que están en juego sería caer en un populismo peligroso.La reunión extraordinaria de los ministros del Interior de la UE celebrada el 4 de agosto se saldó con varias declaraciones, pero sigue faltando un compromiso para investigar lo sucedido en Ceuta y extraer las lecciones correspondientes. Es más, la UE necesita con urgencia un objetivo alcanzable que no se limite a la próxima reunión de crisis. Se trata de evitar que se repita un segundo caso como el de Ceuta en todas las fronteras exteriores de la UE y reducir drásticamente la migración irregular en todo el Mediterráneo. Por encima de las ideologías, existe un principio que debería ser indiscutible: hay que disuadir a los menores y a los adultos de cruzar fronteras mortalmente peligrosas de manera irregular. Y ahí está la base del fracaso español y europeo en el Mediterráneo.El año pasado, más de 2.000 personas perdieron la vida mientras atravesaban el mar camino de Europa. Desde el 12 de junio de 2026 existe el instrumento para poner fin a esta situación: el nuevo reglamento de la UE que, por primera vez, permite firmar acuerdos con terceros países seguros de cualquier parte del mundo en los que se examinan las solicitudes de asilo.Lo que necesita ahora toda Europa es un Proyecto Cero, con un objetivo claro y ambicioso: que en 2027 no haya más muertes ni más llegadas irregulares en el Mediterráneo. Y conseguirlo sin restringir el derecho de asilo. Los progresistas, los democristianos y los liberales deberían aprobar el control humanitario como modelo contrario a la disuasión violenta de Trump.Esta semana, Barham Salih, expresidente de Irak y actual Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, defendió esta posición en The Economist, con un llamamiento para salvar la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Los Estados, sostenía, deben colaborar; los acuerdos de reparto de responsabilidades, incluidos los traslados a terceros países seguros donde existe la plena protección de los refugiados, constituyen una alternativa ordenada a los viajes irregulares y peligrosos. Cuando el guardián de la Convención sobre los Refugiados dice algo así, los europeos deberían hacerle caso. Ruanda ha demostrado esta semana que llevar a cabo los procedimientos administrativos en terceros países no es ninguna utopía: el 5 de agosto, 177 solicitantes de asilo evacuados de Libia aterrizaron allí, acogidos en virtud de un viejo acuerdo de cooperación con ACNUR.Si no se hace eso, Ceuta volverá a ocurrir. En Lampedusa, cuando zarpe un centenar de embarcaciones a la vez desde Libia; en Creta; en la línea verde de Chipre; en las Canarias, o de nuevo en Ceuta y Melilla. Entonces se ahogarán más personas, como se han ahogado 30.000 desde 2015 tratando de llegar a Europa. Entonces, las imágenes dramáticas volverán a imponerse sobre los hechos y las estadísticas, en beneficio de la extrema derecha que quiere eliminar los derechos de los refugiados.Ahora es necesario que estos acuerdos incluyan tres cosas: una fecha límite, a partir de la cual esté claro que nadie que atraviese el mar de forma irregular hacia la UE permanecerá en ella; que los Estados socios ofrezcan acceso a procedimientos justos, supervisados por ACNUR, en su calidad de guardián de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados; y que, a cambio, Europa ofrezca vías legales para admitir de forma ordenada a quienes necesitan protección. Esa es la forma de que los traficantes se queden sin su negocio, pero sin suspender el derecho de asilo. España seguirá cooperando con Rabat, e Italia con Libia, pero no deben depender por completo de ellos. De este modo, la UE podría ayudar a convertir una catástrofe ocurrida en su orilla sur en el momento para que Europa dé, por fin, con una política seria.Hoy faltan un análisis no ideológico, la voluntad política y el enfoque diplomático necesarios para hacer todo esto. Si el Proyecto Cero tiene éxito, las muertes en masa en el Mediterráneo se acabarán en 2027. Y también se acabará una situación en la que las dramáticas imágenes dramáticas de las fronteras de Europa sumerjan en el pánico, en un solo día, a sociedades tan variadas como Irlanda y Finlandia. Eso es peligroso. Pero se puede evitar.