Imagen es percepciónLas imágenes de Ceuta no retratan únicamente una crisis migratoria; retratan una crisis de liderazgo.

Impactantes fueron las imágenes de hombres jóvenes cruzando por tierra y mar, familias desesperadas, cuerpos sin vida rescatados de las aguas y una ciudad completamente desbordada. Más allá del drama humano, la pregunta inevitable es: ¿Cómo pudo ocurrir algo de esta magnitud en una frontera que se supone es una de las más vigiladas de Europa?

La historia demuestra que las fronteras rara vez colapsan de un momento a otro. Antes de cada crisis suele haber advertencias, señales y decisiones que alguien prefirió ignorar. Pero Ceuta acaba de recordárselo a Europa de la manera más dolorosa. En apenas unas horas, miles de personas atravesaron una de las fronteras exteriores de la Unión Europea, mientras el Estado español observaba cómo una situación extraordinaria se transformaba en una emergencia humanitaria, política y de seguridad de dimensiones históricas.

Claramente existieron fallos de inteligencia, errores de coordinación o incluso algún grado de permisividad por parte de quienes debían impedir semejante avalancha. Lo que ya resulta evidente es que las autoridades españolas no transformaron las señales que venían acumulándose durante días en una respuesta preventiva capaz de evitar el colapso. Gobernar también consiste en anticiparse, no únicamente en administrar las consecuencias.