La oleada de 70.000 migrantes que cruzó a Ceuta la semana pasada ha vuelto a exponer una de las grandes vulnerabilidades de España y la Unión Europea: la inmigración. El salto masivo a la ciudad autónoma abrió una brecha en el control fronterizo y, al mismo tiempo, desató un terremoto de inestabilidad política. La oposición multiplicó las críticas al Gobierno de Pedro Sánchez, la UE experimentó fuertes divisiones en su seno —incluida una carta de exigencias encabezada por Italia y Dinamarca— y la extrema derecha trató de capitalizar la crisis a nivel global. Algunos analistas han calificado lo ocurrido como guerra híbrida y señalado a Marruecos como un actor, al menos pasivo, en su desarrollo. La instrumentalización de la migración, sin embargo, no es nada nuevo. Distintos terceros países han recurrido a ella repetidas veces durante las últimas décadas. Uno de los éxodos más icónicos de la historia contemporánea se remonta a 1980, con el caso de los 'marielitos'. Cuba permitió entonces que 125.000 migrantes abandonaran la isla rumbo a EEUU, como recuerda Jørgen Carling, el analista del Peace Research Institute de Oslo (PRIO). Además de librarse de disidentes políticos y gente que huía de la precariedad, el régimen castrista aprovechó para deshacerse de parte de sus presidiarios, evento que sirvió de inspiración para el personaje de Tony Montana, interpretado por Al Pacino en la película de Scarface. "En el caso de Cuba —y como podría ser el de Marruecos—, el Gobierno no ve la marcha de nacionales como una pérdida estratégica, sino como una manera de librarse de una fuente de conflictividad" ante el gran número de "gente joven, desempleada y descontenta" dentro de sus fronteras, explica Carling. Aunque el analista remarca que aún no se puede concluir que lo ocurrido en Ceuta sea un nuevo caso de uso de la migración como arma, deja claro que el asalto a la frontera previo de 2021 sí lo fue. Formó parte, afirma, del "repertorio estratégico de Marruecos" para ejercer presión a España y la UE. Lo más común —como son los casos de Libia, Turquía y Bielorrusia— es que los migrantes que se convierten en piezas del juego político procedan de terceros países. Y no hace falta que quien los instrumentaliza genere una crisis como la de Ceuta. "Existe una gran variedad de ejemplos en los que podría considerarse que la migración se utiliza o se percibe como arma", remarca Marta Bivand, también investigadora del PRIO, "como pueden ser las negociaciones con la UE sobre medidas de control fronterizo o los beneficios que obtienen terceros países a cambio de estos acuerdos". Carling agrega que la simple "amenaza de reducir la colaboración en una frontera" puede ser suficiente medida de presión. Y la UE lleva cediendo más de una década a estas presiones de dictadores y gobiernos vecinos que no dudan en aprovecharse de unas rutas migratorias que han costado la vida a unas 30.000 personas en el Mediterráneo, según la Organización Internacional para las Migraciones. Haftar, señor de la guerra (y la frontera) Desde el caos que procedió a la caída del dictador Muamar el Gadafi, Libia se ha convertido en el principal trampolín de migrantes hacia Europa. Décadas atrás, recuerda el experto en migración Alberto‑Horst Neidhardt​, del European Policy Centre, "Gadafi presentó el control libio de la migración mediterránea como un servicio por el que los países europeos debían pagar". "En 2010, exigió miles de millones de euros para impedir la migración hacia Europa y advirtió de consecuencias si los gobiernos europeos no cooperaban", añade. En 2017, una figura militar descastada en tiempos del viejo dictador resucitaba entre las cenizas de la guerra civil con la captura de la ciudad de Bengasi: el mariscal Jalifa Haftar. El oficial, tras varios intentos fallidos, logró unir bajo su mando una coalición de milicias y avanzar hacia el este, imbatible, hasta asediar Trípoli, la capital del país y sede del Gobierno reconocido por la Unión Europea y la ONU. No llegó a tomar la capital, pero mantiene desde entonces un Gobierno paralelo que, si bien carece de reconocimiento internacional, ha logrado entablar relaciones diplomáticas con la UE gracias, una vez más, al control de la migración. TE PUEDE INTERESAR En 2023, una investigación de Lighthouse revelaba que Frontex y Malta ofrecían las coordenadas de barcos de migrantes que intentaban llegar a costas europeas a una de las milicias de Haftar, llegando a interceptar a unas 1.000 personas en ruta. Ese mismo año, la vía del Mediterráneo occidental alcanzaba su mayor pico de migración desde 2016, con 160.000 migrantes llegando principalmente a Italia y desbordando la isla de Lampedusa, que vio duplicada su población. Roma, con Giorgia Meloni ya al mando, llegó a promulgar el estado de emergencia migratorio. Aunque la UE llevaba años financiando la guardia costera libia, denunciada por abusos a los migrantes y dependiente del Gobierno de Trípoli, su incapacidad para detener la migración quedó patente. La comunidad internacional finalmente recurrió entonces a Haftar, con más poder que el Gobierno legítimo y en control de la mayor parte del territorio. Este junio, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, recibía en Washington al mariscal. Hace apenas una semana, la UE anunciaba la creación de un Centro de Coordinación de Rescate en Bengasi, ciudad bajo el control de Haftar. El acuerdo se saltaba la autoridad de Trípoli y dejaba más aislado al Gobierno que los Estados miembros, en teoría, respaldan. La jugada turca Desde 2015, la UE había estrechado un acuerdo diplomático y económico con Turquía para evitar que se repitieran las imágenes de ese año. La escalada masiva de migrantes era portada en los medios, con la fotografía del niño sirio ahogado, Aylan Kurdi, en las costas de Grecia. Sólo ese año, unos 860.000 inmigrantes cruzaron a Bulgaria, Chipre y Grecia, huyendo principalmente de la guerra en Siria e Irak. TE PUEDE INTERESAR Opinión Esto cambió en febrero de 2020, cuando las autoridades turcas anunciaron que ya no impedirían el paso de refugiados hacia la frontera griega. La noticia llegó tras meses de deterioro de las relaciones entre Turquía y la UE, en estado crítico después de que Ankara cuestionara el derecho de Chipre a explotar los hidrocarburos en su Zona Económica Exclusiva. Los turcos incluso llegaron a desplegar buques sísmicos y de perforación en las aguas territoriales de su vecino, y con el que mantiene una histórica disputa fronteriza, lo que provocó sanciones europeas. "Turquía ya acogía a millones de refugiados —casi cuatro millones—, principalmente de Siria, y la población local mostraba una actitud cada vez más negativa hacia ellos. Permitir que se trasladaran a Europa sirvió para exigir ayuda financiera adicional y apoyo europeo a las políticas turcas en Siria, al tiempo que apaciguaba el resentimiento político interno", analiza Neidhardt. La UE tardó sólo unos meses en ceder. En julio, Bruselas aprobaba un pago extra de 485 millones de euros en 'programas humanitarios' para que Turquía siguiera gestionando la migración, además de los 6.000 millones de euros del Mecanismo para los Refugiados. De Irak a Minsk En 2021, la instrumentalización de la migración vivió otro ejemplo, esta vez en el centro de Europa. Ese año, la UE aumentó las sanciones al dictador del país, Alexander Lukashenko, después de que obligara a un vuelo de Ryanair a detenerse en su país para arrestar a un periodista opositor que viajaba en él. La respuesta del régimen bielorruso fue instantánea. "Estábamos deteniendo [el flujo de] inmigrantes y drogas. Ahora los cazaréis vosotros y os los comeréis", anunció el dictador en un discurso. La frontera se abrió, y en meses, se registraron unos 30.000 intentos de cruzarla sólo en Polonia. "Desde entonces, se ha observado un número creciente de vuelos a Minsk, la capital bielorrusa, procedentes de lugares como Bagdad o Bengasi, que aparecen de la nada", comenta Marta Bivand, investigadora del PRIO, a El Confidencial. Los informes, que "sugieren vínculos con los regímenes bielorruso y ruso", apuntan a una intencionalidad: potenciar una ruta migratoria con el objetivo "altamente plausible de desestabilizar, sembrando división y miedo entre las poblaciones y los gobiernos de la UE", explica Bivand. Al menos 20.000 migrantes se hacinaron ese año a las puertas de Europa, según la ONG ACAPS, atrapados entre el régimen que los expulsaba y los países que los rechazaban. TE PUEDE INTERESAR "Bielorrusia es el ejemplo más claro de ingeniería estatal" para utilizar la migración, sentencia Neidhardt. "Las autoridades fueron acusadas de facilitar visados ​​y viajes, transportar personas hacia la frontera de la UE y luego impedirles o disuadirles de regresar", continúa, rememorando que en aquel momento, la UE ya lo calificó como "un ataque híbrido en represalia por las sanciones". Los Estados miembros circundantes se apresuraron a tomar cartas en el asunto y desplegar una estricta vigilancia en las fronteras. Polonia, por sí sola, gastó cerca de 700 millones de euros en contramedidas, con la construcción de un muro en el bosque de Bialowieza, uno de los principales pasos al país. Con el tiempo, la inversión tuvo efecto. "Según las estadísticas de la guardia fronteriza polaca, actualmente hay muy pocos cruces irregulares desde Bielorrusia. En el primer semestre de 2025 se registraron 15.500, la cifra para 2026 es de 235, y las autoridades estiman que prácticamente nadie pasa desapercibido en esta frontera altamente vigilada y vallada", concluye Bivand. Además, el año pasado, Polonia decidió parar las concesiones de asilo a los llegados de Bielorrusia, desviándose la ruta hacia Letonia. Sin visión a largo plazo Mientras el Gobierno español amplía 500 metros la barrera flotante del Tarajal y reafirmaba la colaboración con Marruecos para las devoluciones, cuentas de redes sociales marroquíes proponían hacer otra intentona de salto para el próximo 15 de agosto. "Aumentar la cooperación con los gobiernos vecinos puede reducir las llegadas a corto plazo, pero genera una paradoja: aumenta la dependencia que la UE tiene de estos países", advierte Neidhardt, lo que hace que, a la larga "estos países comprendan esta dependencia y flexibilicen los controles, amenacen con retirar la cooperación o faciliten los movimientos migratorios para perseguir objetivos diplomáticos o financieros". El experto lamenta que, aunque “existen medidas inmediatas de gestión fronteriza y soluciones geopolíticas a largo plazo, los gobiernos europeos tienden a centrarse casi exclusivamente en la primera categoría”. En su opinión, una contestación fuerte debe ir acompañada también de “una respuesta diplomática, financiera o comercial creíble” contra aquellos Gobiernos que se demuestre que han instrumentalizado la migración “de manera deliberada”. En el caso de Marruecos, el Gobierno español ha responsabilizado a las mafias como las instigadoras de la crisis. Lo sabido hasta ahora es que docenas de mensajes, de origen desconocido, fomentaron el salto a la valla a través de las redes sociales. Esto sienta un nuevo y peligroso precedente. "Hasta ahora, el uso de la migración como arma se había limitado a Estados vecinos, ya que tienen el poder para abrir o cerrar las vías de acceso. Con campañas organizadas de desinformación a través de las redes sociales, este arma se abre a un nuevo y mayor abanico de actores", alerta Carling.