Barcelona siempre ha tenido un vecindario invisible, personas sin hogar que sobreviven en el espacio público. Los datos apuntan a que nunca ha habido tantas, 1.982 según el último recuento de la Fundació Arrels. A pesar de la predisposición de las administraciones para la gestión del problema, en la práctica se llevan a cabo actuaciones como el desalojo, el pasado 31 de julio, de personas de un asentamiento en Montjuïc. Estas medidas no hacen desaparecer a las personas sin hogar, solo las obligan a cambiar de lugar.PublicidadDebido a las elevadas cifras y a los últimos desalojos, las personas sin hogar que viven en Barcelona están siendo expulsadas del centro de la ciudad y se están reubicando en zonas de la periferia, como por ejemplo, la Ronda Litoral, entre L'Hospitalet y Barcelona, y la Zona Franca. La directora de la Fundación Arrels, Bea Fernández, explica a Públic que la cifra de personas sin hogar Fundació Arrels "es escandalosamente alta" y que "se está incrementando mes a mes", un hecho que obliga a afrontar la situación desde todos los departamentos.Cada vez más jóvenesEl último recuento de la Fundación Arrels, de diciembre de 2025, detectó 1.982 personas durmiendo, lo que supone el mayor incremento, un 43,2% (unas 600 personas) respecto al anterior recuento de 2023 en el que la cifra fue de 1.384 personas. Fernández asegura que la cifra del Ayuntamiento, que calcula con unos parámetros un poco diferentes, todavía es más alta y ronda las 2.200 personas.El aumento de casos tiene varias consecuencias, como el cambio de perfil de las personas sin hogar. Fernández expone que "cada vez hay más personas de menos de 30 años en situación de sinhogarismo, una realidad que hace diez años no estaba tan presente". También hay cada vez más quienes llevan relativamente poco tiempo viviendo en la calle: "Se considera sinhogarismo temprano aquel que lleva menos de seis meses en la calle, y este perfil está incrementando".La elevada cifra también ha provocado que las personas sin hogar sean más visibles, hay más en todos los distritos de Barcelona, excepto en Sarrià-Sant Gervasi, según apunta la directora.Publicidad¿Por qué hay tantas personas sin hogar?"Lo que vemos es que no hay un solo factor, es un cúmulo", afirma Fernández. Señala por un lado, la crisis de la vivienda que hace años que sacude la sociedad catalana. "Hay una parte de las personas sin hogar que han estado en viviendas precarias hasta no poder asumirlas". Otra variable que destaca la directora es la precariedad laboral: "Hay personas que han estado subsistiendo o subsisten con salarios muy bajos y que, en el momento que no pueden pagar el espacio donde están durmiendo, acaban en la calle".Fernández apunta que la respuesta que dan al sinhogarismo en estos momentos es "una atención temporal". "Pero hay personas que han agotado estos servicios y ya no tienen más recursos". Pone también como ejemplo que para una persona que hace tres años que vive en la calle, un albergue durante un mes, tampoco le supone ninguna solución. El colapso de Serveis Socials se debe a la "cantidad de vulnerabilidades que deben atender", concluye.Por último, la directora de Arrels apunta a las dificultades administrativas para acceder a la regularización. Entre las personas sin hogar hay quienes han perdido su documentación y no pueden conseguir de nueva, otros que no están regularizados y no pueden acceder al mercado laboral. Son vulnerabilidades que suman a la realidad de muchas personas sin hogar.PublicidadImplicación política, pero medidas contrariasDesde la Fundació Arrels reconocen la voluntad política para gestionar esta situación. "Hay mesas de diálogo tanto en el Ayuntamiento de Barcelona, en el Síndic de Barcelona, en el Síndic de Catalunya así como en la Generalitat", asegura Fernández, quien añade que "son mesas de debate y diálogo que aún no tienen conclusiones claras ni medidas definitivas". El Ayuntamiento es una primera recopilación de medidas, fruto de la mesa de diálogo el mes de julio, pero todavía no son firmes.Sin embargo, Fernández critica que "la intervención que se está produciendo paralelamente al diálogo es de movilización y desalojo de estas personas". "Por un lado se abren mesas de diálogo, pero por otro se aplican medidas de seguridad y limpieza", lamenta.Este tipo de medidas no hacen desaparecer a las personas sin hogar, pero sí las obliga a moverse. Así, Arrels ha detectado una tendencia a reubicarse en los márgenes de la ciudad, como la Ronda Litoral o la Zona Franca, espacios donde no hay demasiados vecinos. Pero eso tiene un coste."Lo que vemos es que con los movimientos se desplazan tanto personas que llevan poco, como mucho tiempo en un espacio y, cuanto más tiempo llevas durmiendo en la calle, la cronificación hace que te adaptes y que crees tu red de subsistencia: ya sea con los vecinos, con los servicios que tengas más cerca, con otras personas en tu situación, etc. Una de las consecuencias del movimiento es que el poco arraigo en un territorio, si se puede considerar como tal, lo pierdas. Y esto es una fuente de desazón y estrés importante", expone Fernández.Los Mossos d'Esquadra justificaron las actuaciones de desalojo del pasado 31 de julio por problemas de convivencia, salubridad y seguridad vial y por un incremento de los avisos de incidencias en la zona. La Fundació Arrels ha pedido una moratoria de los desalojos de personas que viven en la calle en Barcelona "mientras las administraciones no acaben de acordar una estrategia de abordaje del sinhogarismo y definir respuestas y recursos".Hay que recordar que el Parlament de Catalunya está debatiendo, desde la legislatura anterior, una proposición de ley para hacer frente al sinhogarismo, una reivindicación histórica del tercer sector. La normativa prevé dotar de más recursos a los ayuntamientos de más de 20.000 habitantes para que puedan ofrecer un techo a las personas que duermen al raso, ya sea una pensión, un hotel, un albergue o cualquier otra instalación equiparable.