A la espera de un nuevo desalojo, las personas que viven en precarios refugios en el Poblenou denuncian que no desaparecen cada vez que la policía tira sus barracas
La Guardia Urbana de Barcelona procedió el miércoles, poco antes de las ocho de la mañana, a desalojar las 40 barracas y tiendas de campaña donde vivían 126 personas en el Pont del Treball Digne, en el barrio de Sant Andreu. Montserrat Hernández, de 25 años, no fue una de las desalojadas. No lo fue porque días an...
tes ella y su marido Mohammed Zeghari, de 28, discutieron con algunos de los acampados en esa zona y se marcharon. Se fueron no muy lejos. A una barraca situada en el barrio del Poblenou, en un pequeño campamento cercano a la antigua fábrica La Escocesa. Allí vive el matrimonio junto a una veintena de personas más. El miércoles, Hernández y Zeghari se salvaron del desalojo del Pont del Treball pero ni mucho menos cantan victoria, ya que les han comunicado que hoy lunes serán expulsados de la barraca donde duermen.
El matrimonio, si la amenaza se cumple, volverá a abandonar sus cuatro harapos, dormirá en la calle y buscará otro lugar. “Las personas no desaparecemos cuando nos echan de los sitios. Seguimos vivas y lo que consiguen es complicarnos todavía más la existencia”, denuncia Hernández. Esta historia nada excepcional constata que el ascensor social no siempre funciona. Para algunos, salir de la supervivencia se ha convertido en un imposible






