No es normal que dos entrevistas a personas distintas terminen de forma casi idéntica, con palabras casi iguales. Pero eso fue lo que ocurrió al hablar por teléfono con Beatriz Fernández, directora de Arrels Fundació, y José Manuel Caballol, director de

-ayuda-personalizada-es-tres-veces-mas-eficaz-que-centrarse-solo-en-lograr-empleo.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/sociedad/2024-03-18/salir-del-sinhogarismo-la-ayuda-personalizada-es-tres-veces-mas-eficaz-que-centrarse-solo-en-lograr-empleo.html" data-link-track-dtm="">Hogar Sí, dos organizaciones dedicadas a la lucha contra el sinhogarismo. Ambos respondieron así a la pregunta que inspira este artículo: ¿por qué en 2025 todavía hay personas viviendo en la calle?

—En más de 20 años dedicados a esto, nunca, y esto es algo que quiero dejar claro, nunca en la vida me he encontrado con alguien que me haya dicho: “Quiero vivir en la calle, mi ideal es vivir en la calle”. Jamás.

Nadie duerme a la intemperie por gusto, pero hay personas que prefieren hacerlo antes que pasar la noche en un albergue. ¿El motivo? Los albergues tienen horarios estrictos. A las ocho de la mañana hay que marcharse. Si te pasas de la hora, te quedas fuera. No dejan entrar con mascotas. Como no están pensados para vivir, sino únicamente para pernoctar, tampoco dejan llevar pertenencias. Hay que estar dispuesto a dormir junto a 20 o 30 desconocidos. Además, está prohibido consumir sustancias. Para muchas personas, señala Fernández, dejar de consumir no es una decisión que pueda tomarse a voluntad. No, al menos, si se entienden las adicciones como una enfermedad. Pero no es solo eso. Según Caballol, el otro gran problema es la falta de plazas. “Es una obviedad, es un dato”, asegura. “Calculamos que hay unas 28.000 plazas, y que al menos 37.000 personas se encuentran en situación de sinhogarismo”. En resumen: la ayuda que hay no es buena y es escasa.