Los afectados son muchos más, pero no todos pueden pedir ayuda desde la calle, según advierten Cáritas y Faciam con motivo del día de los ciudadanos sin techo
Pilar Giménez, auxiliar sociosanitaria, tiene 54 años y vive en la calle desde primavera, cuando el banco embargó el piso de San Sebastián de los Reyes (Madrid) por el que se hipotecó hace más de una década para vivir con su hija, ahora veinteañera. “Trabajé de limpiadora, de pinche de cocina, hasta de vigilante de seguridad. Un día dejó de sonar el teléfono y no me llamaron más. Tiré de ahorros, pude ayudar a mi niña a graduarse en Biología, pero se me acabó la prestación del paro y llegó un momento en el que me quedé sin nada”, lamenta. Como ella, hay alrededor de 4.400 personas sin hogar registradas en Madrid porque en algún momento acudieron a un recurso de alojamiento, como puede ser un albergue o un centro de acogida, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística, pero desde Cáritas, con motivo de la semana en la que se conmemora el Día de las Personas sin Hogar, advierten de que son muchas más.
No todas pueden pedir ayuda desde la calle. “La gente me mira como si fuese invisible y hace no tanto tiempo era yo la que iba a comprar al supermercado, mientras me encontraba a otras personas pidiendo en la puerta”, lamenta Giménez. Reconoce que lo más duro del proceso fue tener que admitir que necesitaba ayuda: “A las mujeres nos cuesta más porque solemos ser las que cuidamos. Nunca pude llegar a imaginar que iba a dormir en el parque del Oeste, en portales y cajeros. Las noches son difíciles, te roban, aunque no tengas nada. La calle te come”.






