El Ayuntamiento y la Sareb, propietaria del edificio, niegan que exista un plan para desalojar a las más de 100 personas que viven de manera irregular en el inmueble

El frío se cuela por los pasillos de uno de los edificios del bloque 13-15, en la calle Real de Collado Villalba ―okupado desde hace cinco años―, pero Blanca no quiere arriesgarse a comprar un calentador. Junto a los bidones con los que diariamente recoge agua de las fuentes públicas hay un par de maletas. La colombiana de 57 años está llevando sus cosas a la casa de un conocido, pues teme que en ...

cualquier momento se ejecute un desalojo masivo. Heidy, su nuera, vive en el mismo edificio junto a su pareja y su hija. La advertencia que hacen es clara: “Quieren dejarnos en la calle”. La Asamblea de Vivienda de Villalba denuncia que el Ayuntamiento “intentará inminentemente el desalojo cautelar de un bloque donde viven más de 100 personas vulnerables”. Sin embargo, el Consistorio y la Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) ―dueña de la propiedad y que entrará en disolución en 2027― niegan que en este momento exista la intención de desalojar el edificio.

“Aquí se vive muy bien”, destaca Blanca. Llegó hace diez meses al bloque, después de que una conocida le cediera el piso que había okupado. Tiene lo necesario en ese espacio de 30 metros cuadrados: una cama, cocina, electricidad y un baño, aunque el edificio no tiene suministro de agua. Son 70 viviendas en las que, en su mayoría, viven migrantes ―muchos de ellos sin papeles―. Algunas de estas han sido tapiadas en desalojos anteriores. El edificio contiguo y que integra el mismo bloque tiene 16 viviendas, pero están vacías desde 2022, cuando un incendio derivó en el desalojo del mismo. Los vecinos se conocen y se saludan por el nombre. “Te veo en la guardia”, le dice uno a Blanca. Ellos se han organizado para controlar el ingreso al bloque y evitar que haya problemas relacionados con venta de droga o robos. “Cuando ocurría algo en el pueblo, venían la Policía y la Guardia Civil, y golpeaban puerta por puerta”, recuerda Blanca.