El Ayuntamiento de Madrid ofrece 150 plazas para las personas sin hogar del aeropuerto de Barajas en un centro de acogida utilizado habitualmente para la campaña de frío en la calle Pinar de San José, en el distrito de Latina. “Para la gente que se esperaba, tenemos muy poca ocupación, solo 57 usuarios”, dice un vigilante de seguridad. Esta es la única inversión hasta la fecha a raíz de la crisis de Barajas, cuyo capítulo final ha sido el cierre y el desalojo definitivo de las personas sin hogar que allí pernoctaban hasta el jueves pasado. En los meses más duros se llegó a contabilizar 500 personas durmiendo allí cada noche. Esto quiere decir que el 11% se está beneficiando del único recurso que se ha abierto desde entonces por las administraciones. El resto, el 89%, se ha diseminado por las calles, los parques o los recovecos de los portales.
A partir de las ocho de la tarde, por el Pinar de San José, empiezan a aparecer rostros conocidos del aeropuerto. Por ejemplo, Domingo, de 41 años, y Marcos, de 42, habituales de la Terminal 4. La pareja llega relajada, después de pasar el día por Madrid “dando vueltas”. Hace unas semanas recibieron la llamada de los equipos de calle y les ofertaron una plaza. Al recurso solo se puede acceder si eres seleccionado previamente y estás en la lista de los Servicios Sociales del Ayuntamiento. Sus usuarios tienen la obligación de estar “vinculados con Madrid”, normalmente a través del padrón. El resto se quedan fuera. “Del centro no tenemos queja, todo lo contrario, pero es un poco extraño. Nos han garantizado plaza en verano. En invierno, sin embargo, nos echarán. Esto tiene fecha de caducidad. No entendemos por qué”, señalan. Ambos dicen estar muy a gusto bajo un techo. “Tenemos Netflix, podemos dormir sin luz y somos tan pocos que no ha habido mucho conflicto. No sabemos por qué no llega más gente, allí éramos 500 y hay muchos que lo están pidiendo″, dice Marcos. Aquellos que no han llegado al Pinar de San José, han comenzado a dispersarse por la ciudad y escapado a cualquier posibilidad de control de los agentes sociales.






