Madrid es cada día más inhabitable para los ancianos, los discapacitados, los niños, las embarazadas, los pobres, las personas de alma frágil

María de Orube no puede salir de su casa porque el propietario del edificio ha quitado la rampa que le permitía a ella superar con su silla de ruedas el obstáculo de los escalones del portal. Tampoco puede descansar muchas veces, por el ruido constante de las obras de reforma en los pisos contiguos, y porque la sobresaltan con frecuencia las llamadas y mensajes de los propietarios...

impacientes por que se marche de esta casa que ha sido la suya desde que era niña, porque el edificio entero lo hizo construir su abuelo en 1928, aunque ella tiene un contrato de alquiler. Es uno de esos edificios nobles del último tramo de la Gran Vía, los que se abren a la bella perspectiva de la plaza de España y de la única periferia no horrenda de Madrid, la que da al Campo del Moro y a la Casa de Campo, y termina en el horizonte azulado del Guadarrama, en el que parece que quedó impresa para siempre la mirada de Velázquez.

En la plaza de España y en los alrededores del Palacio de Oriente se terminó hace pocos años una reforma paisajista de extraordinaria sensibilidad, poblando de plantas autóctonas y de paseos propicios a las caminatas lo que había sido uno de los espantos usuales del urbanismo español, las rampas y avenidas como autopistas que fragmentaban ese espacio de la ciudad y lo hacían invivible e incaminable, y además abolían las vistas que ahora se abren en abanico hacia la calle Ferraz y el templo de Debod, en ese cerro ahora casi campestre donde estuvo hasta el verano de 1936 el cuartel de la Montaña. La reforma hacía posible la secuencia de un paseo por el presente y la naturaleza y además por el tiempo, porque los edificios históricos despliegan ante la mirada una amplitud de más de dos siglos. Arropado por árboles y plantas silvestres, el monumento a Cervantes ya no quedaba perdido como en una desolación de extrarradio. En un ejercicio de la usual brutalidad municipal, el Ayuntamiento derechista de Madrid impuso un gran espacio vacío y sin árboles que ocupa una gran parte de la plaza, y que se alquila para ferias y celebraciones privadas. También impusieron casi a última hora una bandera gigante y un mástil como de cohete espacial de Elon Musk, a fin de informar de que Madrid está en España —y no en Venezuela, supongo—.