NoticiaActividades como la jardinería, la cerámica y la carpintería pueden contrarrestar algunos efectos asociados al consumo digital pasivo y fragmentado. Síguenos y léenos en Google DiscoverLa involucran simultáneamente sistemas sensoriales, motores y ejecutivos. Foto: Imagen de referencia generada por IA.PERIODISTA10.08.2026 11:45 Actualizado: 10.08.2026 11:45

En una rutina atravesada por notificaciones, videos breves y desplazamientos continuos en la pantalla, trabajar con las manos plantea una dinámica diferente: exige tiempo, coordinación, atención y tolerancia a resultados que no son inmediatos. Estas características pueden favorecer la concentración sostenida y contribuir a regular el estrés. LEA TAMBIÉN Actividades cotidianas como trasplantar una planta, amasar, tejer, dibujar o modelar cerámica involucran simultáneamente sistemas sensoriales, motores y ejecutivos. A diferencia del consumo digital pasivo, requieren mantener la atención sobre una tarea concreta y avanzar mediante acciones sucesivas.Ailin Tomio, licenciada en Psicología y Neurociencias por la Universidad Favaloro y magíster en Psicología Social y del Consumidor por NYU, explicó a 'La Nación' que las actividades manuales presentan un perfil cognitivo diferente al generado por el uso pasivo de dispositivos. “En lugar de fragmentar la atención, la estabilizan. Requieren coordinación entre sistemas sensoriales, motores y ejecutivos, lo que favorece una activación más integrada del cerebro”, señaló.Pueden generar períodos de concentración profunda, caracterizados por atención sostenida. Foto:iStockLa especialista vinculó este fenómeno con el concepto de flow desarrollado por el psicólogo Mihály Csíkszentmihályi. Según explicó al medio argentino, actividades como dibujar, tejer o trabajar con cerámica pueden generar períodos de concentración profunda, caracterizados por atención sostenida, percepción de control y menor sensación de esfuerzo. LEA TAMBIÉN El contraste con el consumo digital fragmentadoEl neurólogo Alejandro Guillermo Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires, sostuvo en declaraciones recogidas por 'La Nación' que la hiperestimulación digital puede interferir con los mecanismos necesarios para mantener la atención.Según explicó, la exposición constante a recompensas inmediatas y novedades puede dificultar el inicio y sostenimiento de actividades cuyos resultados aparecen a más largo plazo.Andersson introdujo, sin embargo, una distinción entre la tecnología y la manera en que se utiliza. “El problema no es la tecnología en sí, sino el uso pasivo y fragmentado. Un libro en formato digital leído con atención sostenida activa los mismos circuitos que un libro en papel. El dispositivo es neutral; el modo de uso no lo es”, afirmó.De acuerdo con el neurólogo, entre las regiones vinculadas con la atención y las funciones ejecutivas se encuentran la corteza prefrontal, particularmente su región dorsolateral, y el cíngulo anterior. También mencionó el hipocampo, relacionado con la consolidación de la memoria. Estas estructuras necesitan ejercicio cognitivo sostenido para desarrollar y conservar determinadas capacidades, explicó.La cocina, por su parte, integra información procedente de varios sentidos. Foto:istockTomio agregó que la plasticidad cerebral implica que las conexiones utilizadas repetidamente tienden a fortalecerse, mientras aquellas menos empleadas pueden debilitarse. En ese contexto, advirtió que dedicar gran parte del tiempo cotidiano al consumo de redes sociales, en detrimento de actividades como leer o hacer ejercicio, puede modificar las habilidades que se practican regularmente. LEA TAMBIÉN Qué ocurre con los contenidos breves y el scrollSegún Tomio, el problema de los contenidos cortos no reside exclusivamente en su duración, sino en el patrón repetitivo de estímulo y recompensa que puede acompañar su consumo. La aparición constante de información nueva acostumbra al usuario a ciclos rápidos de novedad, mientras que numerosas actividades de la vida cotidiana requieren períodos más largos de esfuerzo antes de producir un resultado.La psicóloga explicó que las redes pueden generar breves estímulos vinculados con la anticipación de una nueva recompensa, favoreciendo la continuidad del desplazamiento por la pantalla. Las tareas manuales, en cambio, ofrecen progresos acumulativos relacionados directamente con el esfuerzo y con la consecución de objetivos concretos.Advirtió que dedicar gran parte del tiempo al consumo de redes puede modificar las habilidades. Foto:iStockLa especialista también mencionó el denominado switching cost, es decir, el costo cognitivo relacionado con cambiar repetidamente el foco de atención. Citó, entre otros antecedentes, investigaciones de Sophie Leroy sobre la atención residual después de cambiar de tarea y trabajos de Adam Gazzaley y Larry Rosen acerca de la relación entre múltiples estímulos digitales, control atencional y distractibilidad.Andersson señaló que algunas formas de ocio digital pasivo, como el scrolling o la reproducción automática de contenidos, pueden sentirse subjetivamente como descanso aunque el sistema nervioso continúe procesando numerosos estímulos y novedades. LEA TAMBIÉN El papel de las manos en la actividad cerebralOtro elemento señalado por los especialistas es la extensa representación de las manos en la corteza cerebral. El denominado homúnculo de Penfield muestra que estas extremidades ocupan un territorio cortical considerable debido, entre otros factores, a su sensibilidad y a la precisión de sus movimientos.“Cuando tejemos, amasamos, tallamos o escribimos a mano, estamos activando circuitos motores, propioceptivos, visuales y de atención de forma integrada”, explicó Andersson.Frente a esas actividades, deslizar repetidamente un dedo por una pantalla supone una demanda motora mucho más limitada.El neurólogo indicó además que algunas actividades manuales repetitivas comparten características con prácticas de atención focalizada: mantienen a la persona concentrada en el presente, incorporan movimientos previsibles y ofrecen retroalimentación sensorial inmediata. Según su explicación, esta dinámica puede favorecer la activación parasimpática y contribuir a reducir la respuesta fisiológica asociada al estrés, incluido el cortisol.Aprender nuevas habilidades durante la adultezLa incorporación de un oficio o una destreza manual durante la adultez también puede representar un desafío cognitivo. Andersson relacionó este aprendizaje con el concepto de reserva cognitiva, entendido como la capacidad del cerebro para afrontar determinados cambios o daños mediante la riqueza y flexibilidad de sus redes.Aprender actividades de dificultad progresiva, entre ellas carpintería, música o cerámica, demanda atención, memoria procedimental, coordinación visomotora y planificación espacial. Andersson señaló que estudios longitudinales han asociado una mayor estimulación cognitiva y motora a lo largo de la vida con una menor incidencia clínica de demencia. LEA TAMBIÉN El neurólogo aclaró que estas observaciones no implican rechazar los dispositivos digitales. “Hay una diferencia crucial entre usar la tecnología como herramienta activa para crear, aprender, comunicar, y usarla como fuente pasiva de estímulo. El cerebro no mejora por lo que recibe, sino por lo que hace”, sostuvo en declaraciones.Tomio, por su parte, mencionó un estudio liderado por Betsan Corkhill y publicado en 2014 en Textile, que encontró una asociación entre tejer, menor ansiedad y mayor bienestar subjetivo. La psicóloga sostuvo que las tareas manuales también pueden ayudar a ejercitar la capacidad de permanecer concentrado frente a estímulos lentos y con menor carga emocional.Las tareas manuales también pueden ayudar a ejercitar la capacidad de permanecer concentrado. Foto:iStockQué habilidades ponen en juego las distintas tareas manualesLa carpintería combina geometría, cálculos aplicados, planificación y concentración prolongada; mientras que el tejido demanda coordinación ojo-mano, sensibilidad táctil y motricidad fina, además de su carácter rítmico.El origami exige seguir instrucciones, utilizar la memoria de trabajo y comprender relaciones geométricas. La alfarería y la cerámica incorporan estímulos táctiles y coordinación de ambas manos, mientras que la cestería suma patrones repetitivos, precisión y ritmo.La jardinería combina coordinación motora con planificación de tareas futuras, paciencia y contacto con ciclos biológicos. La cocina, por su parte, integra información procedente de varios sentidos y requiere planificación, secuenciación, memoria de trabajo, motricidad fina y coordinación bimanual.*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación. Además, contó con la revisión de la periodista y una editora.JOS GUERREROREDACCIÓN ALCANCE DIGITALMás noticias Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.