Para este momento, en donde las redes sociales nos han bombardeado con tanta información, puede parecer un cliché decir que el ejercicio es una de las claves para evitar enfermedades y cuidar la salud en general.
Sin embargo, la evidencia científica sigue apostando por esa realidad. Para una sociedad como la guatemalteca, ir a un gimnasio, asistir a una clase de ejercicio, nadar o incluso salir a correr es complicado: la jornada laboral, el tráfico y, para muchos, dos o tres trabajos, dejan poco espacio para la actividad física.
Justamente ahí es donde entra la investigación de Saúl Villeda, neurocientífico de la Universidad de California en San Francisco (UCSF), hijo de migrantes guatemaltecos que hoy dirige un laboratorio en Estados Unidos en el que se especializa el estudio del envejecimiento cerebral.
Sus padres llegaron a al país norteamericano a finales de los años setenta. Ambos entraron al país sin documentos y Villeda, el primero de la familia nacido en Estados Unidos, creció en Los Ángeles, moviéndose entre dos mundos: el español de la comunidad migrante en casa y el inglés de la escuela, donde terminó haciendo de traductor de sus propios padres desde niño.
Esa experiencia de crecer entre dos identidades fue, según cuenta, lo que después lo llevó a interesarse por el cerebro: cómo se construye el sentido de quién es uno mismo, y por qué ese sentido se pierde en enfermedades como el alzhéimer.








