Los caminos del parque natural del Montnegre i el Corredor aún esconden varios puntos donde las aguas fecales discurren a cielo abierto. Los regueros siguen la pendiente de la montaña hasta las rieras, desprenden malos olores y, en algunos lugares, favorecen la proliferación de ratas. Los Agents Rurals los han localizado hasta en ocho puntos diferentes. Y un cartel municipal en la emblemática Font Fresca, que había sido una zona frecuentada por excursionistas, sigue advirtiendo que su agua está contaminada.No se trata de un problema reciente. Las primeras evidencias documentadas se remontan a 1975, cuando unos análisis ya detectaban bacterias fecales y estreptococos en la Font Fresca. Diez años más tarde, varios informes relacionaban los vertidos de Can Carreras con la salinización de los pozos de payeses de Pineda y Calella.Pese a estas advertencias, la situación se perpetuó. En el 2001 trascendía que cientos de vecinos evacuaban las aguas residuales mediante una red de alcantarillado inacabada que desembocaba directamente en la montaña. El Plan de Mejora Urbana (PMU) del 2013 acabaría confirmando que solo una pequeña parte de la urbanización disponía de alcantarillado y que el resto de las viviendas vertían las aguas a fosas sépticas o directamente al suelo.En el 2017, el entonces concejal de urbanismo de Pineda de Mar, Jordi Masnou, advertía que la situación podía ir más allá de una infracción administrativa y constituir un posible delito medioambiental. Ese mismo año, la Generalitat exigía proyectar las obras del alcantarillado, pero casi una década después siguen sin ejecutarse.El Seprona de la Guardia Civil también ha intervenido en varias ocasiones. El cuerpo confirma que en junio del 2018 detectó varios vertidos de aguas residuales sin autorización y trasladó los hechos a los ayuntamientos de Pineda y Calella, que comparten los terrenos, y a la Agència Catalana de l’Aigua (ACA), además de formular la correspondiente denuncia administrativa. Tres años más tarde volvió a actuar con cuatro nuevas denuncias por vertidos ­fecales.Paralelamente, los proyectos se han ido acumulando sin llegar a materializarse. En el 2019, el Ayuntamiento aprobó un proyecto ejecutivo de casi 2,2 millones de euros para construir el sistema de saneamiento, calificado por los técnicos de prioritario. Tampoco se ejecutó. En el 2022, tras un requerimiento del Seprona, el Consistorio apostó por instalar minidepuradoras como solución provisional.Desde 1975, la popular Font Fresca advierte que el agua no es apta para el consumo por bacteriasLa actual concejal de Urbanismo, Sandra Pérez, explica que el proyecto ha tenido que revisarse porque había quedado desfasado después de años de tramitación. También confirma que el Ayuntamiento ha abierto expedientes a los propietarios para que acrediten que disponen de los sistemas autónomos obligatorios de tratamiento de aguas residuales. Según la concejal, durante las inspecciones, algunos propietarios han reconocido que desconocen dónde tienen este sistema o directamente que no disponen de él.La ACA, por su parte, asegura que la actuación definitiva para garantizar el saneamiento de Can Carreras está prevista dentro de la planificación 2028-2033, pero condiciona cualquier intervención a que antes el Ayuntamiento ejecute la red municipal de alcantarillado. Hasta entonces, defiende únicamente soluciones provisionales.Mientras, los análisis siguen confirmando la contaminación. En el 2023, la asociación de vecinos encargó análisis en dos puntos de escorrentía que detectaron concentraciones de coliformes fecales incompatibles con un medio natural en buen estado.Medio siglo después de las primeras advertencias sanitarias, la cronología muestra una sucesión de informes, denuncias, requerimientos y proyectos que todavía no han logrado poner fin a un problema ambiental que sigue afectando a un espacio natural protegido.A pesar de los diagnósticos reiterados, la carencia de una red de saneamiento completa ha convertido esta situación en un problema estructural. Durante dé­cadas, las diferentes adminis­traciones han ido planteando alternativas que no han llegado a materializarse, mientras el crecimiento de la urbanización, en la que viven unas 800 familias, ha mantenido la presión sobre unas infraestructuras inexistentes o claramente insuficientes.La problemática afecta, además, a un espacio de alto valor ambiental. Los vertidos desembocan en los torrentes que atraviesan el parque natural del Montnegre i el Corredor, un espacio protegido, lo que ha incrementado la preocupación tanto de los vecinos como de los Agents Rurals. Las aguas residuales no solo alteran el ecosistema, sino que también pueden acabar afectando a la calidad de las aguas superficiales después de episodios de lluvia intensa.Los Agents Rurals han geolocalizado hasta ocho puntos donde se localizan vertidos de aguas residualesLas administraciones coinciden en el diagnóstico, pero discrepan sobre quién debe asumir cada fase de la solución. Mientras que el Ayuntamiento sostiene que la singularidad urbanística de Can Carreras dificulta cualquier actuación y exige la implicación de otros organismos, la Agència Catalana del Agua recuerda que la construcción de la red de alcantarillado es una competencia municipal y condiciona cualquier intervención posterior a la ejecución previa de estas obras.Corresponsal de La Vanguardia en el Barcelonès Norte y corresponsal y responsable de la edición local de La Vanguardia en el Maresme. @fedecedo