Cuando salió de la recepción de la Fiesta del Trono en la residencia real de M’diq (Rincón del Medik, en la era del Protectorado español) sintió que su país se estaba vaciando. Miles de jóvenes caminaban en la oscuridad en la noche del 30 de julio desde la cercana Tetuán en dirección a la frontera de Ceuta, apenas 30 kilómetros al norte. Tahar Ben Jelloun (Fez, 81 años), el escritor marroquí más reconocido, piensa que el Mediterráneo ya no es el mar calmado —el mar blanco, como se lo denomina en árabe—, sino un mar teñido por la sangre de la inmigración clandestina.El autor de La noche sagrada, novela por la que recibió el Premio Goncourt en 1987, reside desde entonces en Francia, pero pasa los veranos en Tánger, la capital del Estrecho donde se crio. No siente nostalgia del pasado de su país. En los años sesenta, los llamados años de plomo, permaneció internado 19 meses en una prisión militar, y sufrió malos tratos bajo la represión de Hasán II. Reconoce que pese a la gran transformación experimentada en el último cuarto de siglo con el reinado de Mohamed VI, Marruecos tiene aún graves problemas. Le llama ante todo la atención la coincidencia de la Fiesta del Trono con el éxodo migratorio de decenas de miles de jóvenes “incitados desde las redes sociales a marchar hacia Ceuta”. Aunque lo que más le ha chocado es que la policía marroquí no les cerrara el paso. “En la carretera vi que los agentes les dejaban dirigirse hacia Ceuta”, relata en una conversación telefónica desde Tánger. “No entiendo por qué no los bloquearon en Tetuán. Tenemos la policía más potente del Magreb. Habría bastado con mandarlos de vuelta a casa y decirles que no tenían nada que hacer en Ceuta. Ha faltado inteligencia política”.También le ha chocado la “forma histérica” en la que Giorgia Meloni, en Italia, y los líderes de otros países como Finlandia y Dinamarca han querido castigar a España. “Europa necesita cubrir muchos puestos de trabajo vacantes. Italia también ha regularizado migrantes sin hacer ruido. Pero cuando España ha hecho lo mismo, se ha hablado de un efecto llamada. Hay mucha hipocresía”, cuestiona.“Ceuta y Melilla no son territorio Schengen de libre circulación sin controles, y desde Ceuta no se puede ir directamente a Europa sin visado”, recuerda. “No ha habido ninguna amenaza contra Europa y ni posibilidad alguna de invasión. Ha habido un ajuste de cuentas con España injusto y mentiroso porque se pretende castigar la política de Pedro Sánchez por haber desobedecido a (Donald) Trump y (Benjamín) Netanyahu en la cuestión de Gaza y por tener el valor de apoyar al pueblo palestino”, argumenta.También considera que Sánchez perderá probablemente las próximas elecciones en España por todo lo que ha pasado en Ceuta. “Hay una voluntad norteamericana y europea de que el Partido Socialista no gobierne más en España. Esto no tiene nada que ver con Marruecos. Es escandaloso”, analiza las consecuencias de la crisis migratoria.Apunta a que la visita del presidente del Gobierno español a Argel, 10 días antes de la avalancha de jóvenes hacia la ciudad autónoma española, no ha sido el desencadenante central de la crisis. “Lo dudo, pero si el Gobierno marroquí permitió el paso de migrantes hacia Ceuta para castigar a España por su acercamiento a Argelia, ha sido un error. España solo defiende su interés de comprar gas más barato”, advierte. “Ahora bien, Marruecos reivindica el retorno de Ceuta y Melilla al territorio marroquí, lo que es legítimo para unas ciudades ocupadas desde hace cinco siglos, y que supone una aberración geográfica. Son las últimas cabezas de puente coloniales en África”, explica, en línea con el discurso político hegemónico en el país magrebí. “España no puede continuar viviendo como en el tiempo de Isabel la Católica. Hay que sacar conclusiones y negociar para encontrar una solución pacífica y amistosa sobre Ceuta y Melilla”.“Los hechos ocurridos el 30 y el 31 de julio pueden servir para facilitar el diálogo, aunque sé bien que los españoles no están dispuestos a ceder. Hace mucho tiempo, mantuve una conversación con Felipe González sobre este asunto, y me trasladó que en España existe un apego afectivo con Ceuta y Melilla, por lo que le parecía improbable que ningún gobierno vaya a ceder esas dos ciudades. Puede que las cosas hayan cambiado ahora”, interpreta.Pugna por el Mundial de 2030Interrogado sobre quienes reclaman apartar a Marruecos del Mundial de 2030 por lo sucedido en la frontera del Tarajal con Castillejos, el escritor francomarroquí considera que sería algo “muy injusto”. “Sería una venganza de quienes no quieren que Marruecos, que se ha convertido en un país emergente, cobre más importancia en el contexto actual. El país ha evolucionado y crece económicamente. Y hay quien no quiere que siga así”, alega. “Evidentemente, hay muchos fallos aún. La educación sigue siendo un problema central, y muchos jóvenes han sido dejados de lado y sin empleo”. Preguntado al respecto, Ben Jelloun observa la ley de concesión de la nacionalidad para los saharauis nacidos bajo administración española, en avanzada tramitación en el Parlamento, como “una concesión”. “Su aprobación supondría una victoria diplomática para los argelinos que plantearía problemas. Sería un incordio”, expresa abiertamente su opinión sobre una cuestión en la que Rabat guarda oficialmente silencio.Es de quienes piensan que las relaciones entre Marruecos y España van a continuar a pesar de todo tras la crisis migratoria. “Tenemos muchos intereses comunes, inversiones. Eso no va a cambiar, aunque el Partido Popular llegue al poder. Habrá un momento difícil ahora. Pero se va a acabar reanudando el diálogo”, pronostica.Marruecos sale de la tragedia del espigón de Ceuta, que según las ONG marroquíes se ha cobrado 141 vidas, con una grave pérdida de imagen, concluye el autor de El niño de arena. “Los camareros de los restaurantes de la costa situada al sur de Ceuta abandonaron sus puestos para irrumpir en la frontera en busca de un empleo. Existe una fascinación sobre Europa entre los jóvenes. Creen que es el paraíso”, aduce. “Pero es incompresible que arriesguen estúpidamente la vida para trabajar en España, en una Europa que no les quiere. La extrema derecha centra ahora toda su política en el rechazo a la inmigración. “Me sentí triste e indignado al verlos marchar hacia un destino lleno de incertidumbre”, concluye. “¿No les espera nadie en Marruecos? ¿Nadie los necesita?“.
El escritor marroquí Tahar Ben Jelloun: “No entiendo por qué se dejó pasar a decenas de miles de jóvenes hacia Ceuta. Tenemos la policía más potente del Magreb”
El novelista más reconocido de Marruecos cree que la Italia de Meloni y otros países quieren castigar a España de forma histérica











