Actualizado Domingo,
agosto
12:54Aqu� estamos, convertidos en v�ctimas colaterales de la pugna entre Pedro S�nchez y Giorgia Meloni: atrapados en un "finger" hirviente bajo el sol de Barcelona. Nosotros, los italianos que ven�amos pensando en la playa, en las Ramblas y en la movida, nos encontramos encerrados por cuatro guardias civiles incapaces de abrir la puerta de cristal. Har�a falta una azafata, pero a�n no han movilizado al personal de tierra para esta contramedida con mucho tufo pol�tico y poca necesidad real. Un operario de limpieza detiene un instante su carro repleto de cubos y fregonas: "�Otro avi�n de Italia?". Parece el recurso f�cil de un anuncio antiguo.Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat, el segundo con m�s tr�fico de Espa�a tras Madrid-Barajas. Hace un minuto est�bamos al fresco dentro del avi�n, mimados como clientes de primera clase; ahora nos hallamos sin aire acondicionado y con cuatro agentes uniformados bloqueando nuestras merecidas vacaciones sin explicaci�n alguna. Puros ciudadanos de segunda.Cuesti�n de hip�tesis"Habr�n tenido un soplo", se aventura a decir uno que ha visto demasiadas pel�culas de acci�n, drogas y esp�as. "Ser� por el asunto de Ceuta", atina otro. El comentario m�s repetido entre los espa�oles que regresan a casa coincide con el de los italianos que venimos de vacaciones: "�No me jodas!".Se activan los controles en los aeropuertos espa�oles: la polic�a da el alto a los pasajeros del vuelo procedente de Italia. Los ni�os empiezan a llorar. Uno de ellos sortea la cola estancada y pega su nariz al cristal. Las chicas en ropa veraniega son las que mejor sobrellevan el bochorno. "Pero bueno, �qu� est� pasando?". Lo que pasa es que el Espacio Schengen, esa gran conquista de la Europa unida, ha saltado por los aires. Al menos entre Espa�a e Italia. Luego, si un inmigrante irregular entra desde Espa�a pasando primero por Francia para llegar despu�s a nuestro pa�s, a ese nadie lo fiscaliza.Tres turistas estadounidenses atrapadas en el pasadizo hacen lo que pueden con abanicos a pilas. "No pensaba que en Europa tambi�n existiera el ICE", comenta una, en referencia a la polic�a migratoria estadounidense. Tienen tez mestiza y el p�nico empieza a asomar en sus rostros. "No os hac�is una idea de las barbaridades que hace el ICE all�", explica una de ellas antes de preguntar: "�Aqu� tambi�n hacen 'racial profiling'?".Seg�n fuentes policiales, la Guardia Civil tiene �rdenes de inspeccionar de forma aleatoria a los pasajeros procedentes de Italia, ya sea por mar o por aire. Se exige la documentaci�n a cerca del 10% del pasaje. El despliegue antiinmigraci�n est� cubierto por un muro de 400 agentes movilizados en cuesti�n de horas por el Gobierno. Los primeros controles sorpresa se realizaron de madrugada en los principales aeropuertos para luego extenderse a M�laga, Sevilla y Alicante. Finalmente, esta in�dita barrera entre Espa�a e Italia ha alcanzado tambi�n a las Islas Baleares, no vaya a ser que las mafias inventen nuevas rutas. Las molestias, aseguran desde el Ministerio del Interior, ser�n m�nimas gracias al despliegue de patrullas de entre dos y cuatro agentes seg�n el tama�o de la aeronave.Documentos a la vistaNuestro vuelo, el VY6343 Malpensa-Barcelona, ha tenido suerte: contaba con cuatro agentes asignados. Cuando las puertas han cedido, la revisi�n de documentos ha sido r�pida y sin histeria: nada de perfiles raciales ni tratos humillantes. Cotejo de la foto y adelante. Un agente miraba los pasaportes al trasluz mientras que los DNI apenas requer�an atenci�n.Mientras Italia ha optado por encauzar a los pasajeros procedentes de Espa�a en colas espec�ficas, y m�s lentas, en los controles habituales, en Espa�a la Ley aguarda a pie de escalerilla, en el autob�s o en el propio "finger". No hay mezcla posible con viajeros de otros vuelos sin pasar antes por el filtro. Los ciudadanos comunitarios no deber�an tener problemas; los nacionales de terceros pa�ses deben demostrar que cuentan con los permisos en regla.De todo el pasaje, solo una mujer muy alta con maleta y bolso rosas ha sido retenida. Hablaba un espa�ol perfecto, pero hab�a volado desde Mil�n sin documento f�sico. La foto en el tel�fono m�vil no ha bastado. El pulso entre Meloni y S�nchez que resquebraja la libertad de movimiento en Europa se mide en cuesti�n de minutos. Aqu�, por fortuna, no hay concertinas ni torres de vigilancia, solo esa pizca de inquietud que resulta desagradable volver a sentir.Conservadores y socialistas atrincherados, como si alguien estuviera realmente a favor de la inmigraci�n irregular. Una farsa m�s que una tragedia. Unos simulan olvidar y otros callan por temor a ser tildados de racistas. La inmensa mayor�a de los extranjeros regularizados en Espa�a son hispanoamericanos: la antigua metr�poli los acoge porque comparten idioma y, sobre todo, porque trabajan. Hacen falta en un pa�s que crece a buen ritmo."Las fronteras abiertas son la prueba de que los europeos han decidido compartir un destino com�n y tratarse como hermanos", dec�a Jacques Delors. Pero ya se sabe: entre hermanos, a veces, sobran los cuchillos.












