EditorialEl enfrentamiento entre S�nchez y Meloni ofrece a los enemigos de la UE una imagen de divisi�n que Bruselas no puede permitirsePedro S�nchez habla con Giorgia Meloni en un Consejo Europeo, en Bruselas.MUNDOActualizado S�bado,
agosto
23:13Audio generado con IALa decisi�n de Espa�a de responder a los controles impuestos por Italia con restricciones equivalentes a los viajeros procedentes del pa�s transalpino convierte una grave crisis migratoria en una peligrosa disputa entre dos socios fundamentales de la Uni�n Europea. Desde ayer, espa�oles e italianos vuelven a encontrarse con barreras en desplazamientos que durante d�cadas han simbolizado una de las conquistas m�s tangibles de la integraci�n europea. En pleno agosto, alrededor de 86.000 personas viajan a diario entre ambos pa�ses, una dimensi�n que permite medir las consecuencias pr�cticas de una pugna pol�tica que Pedro S�nchez y Giorgia Meloni han trasladado a las fronteras interiores de Europa.La responsabilidad inicial corresponde a Roma. Meloni reaccion� a la llegada masiva de 72.000 inmigrantes a Ceuta restableciendo controles a los viajeros procedentes de Espa�a y justific�ndolos por el riesgo de movimientos secundarios hacia territorio italiano. Lo ocurrido en la ciudad aut�noma -a�n siendo una situaci�n cr�tica gestionada por Madrid con opacidad y apat�a- requer�a cooperaci�n y una respuesta com�n ante la presi�n migratoria. Meloni eligi� en cambio una medida unilateral que castiga a los ciudadanos espa�oles y convierte Schengen en instrumento de batalla electoral. Influenciada sin duda por la presi�n que la primera ministra afronta en la figura de Roberto Vannacci, que crece en los sondeos con un discurso a�n m�s duro que el suyo en materia migratoria.Ese contexto ayuda a comprender la sobreactuaci�n italiana, aunque no la justifica. El C�digo Schengen contempla la restauraci�n temporal de controles en circunstancias excepcionales, pero establece l�mites y mecanismos de coordinaci�n precisamente para impedir que la libre circulaci�n quede sometida a intereses coyunturales.La respuesta de S�nchez agrava el error. Frente a una decisi�n injustificada de Meloni, el Gobierno espa�ol dispon�a de instrumentos comunitarios para exigir su retirada y reclamar la intervenci�n de la Comisi�n. En cambio, opt� por el ultim�tum y despu�s por la reciprocidad. En el choque con Italia pesa tambi�n la tendencia de S�nchez a proyectar sobre la pol�tica exterior sus necesidades dom�sticas. Su empe�o en presentarse como dique frente a la extrema derecha y el trumpismo ha alimentado una confrontaci�n con los aliados europeos que transmite la imagen de socio poco fiable, mermando as� la capacidad de influencia espa�ola. Ocurri� con su resistencia al objetivo del 5% de gasto en defensa acordado en la OTAN y con su empe�o en visibilizar su choque con Trump, y vuelve a suceder ahora con Meloni. La debilidad parlamentaria del Gobierno favorece esa utilizaci�n del escenario internacional como instrumento de movilizaci�n interna.Bruselas teme que el enfrentamiento entre Roma y Madrid se traslade al interior de la Comisi�n y fracture los equilibrios entre populares y socialistas que sostienen a Ursula von der Leyen. Y que ofrezca a los adversarios de la UE una imagen de divisi�n que Europa no puede permitirse.












