El asunto viene de lejos, aunque lo sucedido recientemente en la Ciudad Autónoma de Ceuta ha despertado la conciencia de quienes o no se enteraban o miraban para otro lado. Organizar un Mundial de fútbol con un país que vulnera tu soberanía nacional no parece una buena idea. Sobre todo si para ese país es una cuestión de Estado y en el tuyo, el Estado está en cuestión. Como dice una voz autorizada que prefiere mantenerse en el anonimato, "una Copa del Mundo no se mide únicamente por el número de partidos que acoge cada país, la modernidad de sus estadios o la eficacia de su organización. También por algo mucho más difícil de cuantificar: quién capitaliza el prestigio político e institucional del acontecimiento y termina siendo recordado como el auténtico anfitrión del campeonato cuando las luces se han apagado". TE PUEDE INTERESAR En este sentido, basta con ver lo que recientemente ha sucedido con el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, en el que todo el protagonismo lo ha acaparado el primero de los tres países organizadores, y más concretamente su presidente, Donald Trump. En ello ha tenido mucho que ver Gianni Infantino, precisamente el gran aliado de Marruecos para que en el Mundial 2030 el reino alauita haya pasado de invitado, a ejercer de anfitrión. De socio necesario a protagonista principal "Cuando España y Portugal decidieron incorporar a Marruecos, la decisión respondía a una lógica impecable", comenta la misma fuente. "La FIFA llevaba tiempo enviando señales de que valoraba las candidaturas capaces de trascender las fronteras tradicionales del fútbol y proyectar mensajes de cooperación internacional. Marruecos aportaba la dimensión africana que reforzaba el proyecto y convertía el campeonato en un puente entre dos continentes", añade. Fouzi Lejkaa y Gianni Infantino, en el reciente Mundial. (REUTERS/Maria Lysaker) Claro que una cosa era fortalecer la candidatura y tener los apoyos necesarios para sacarla adelante, y otra muy distinta alterar el equilibrio sobre el que fue concebida. "Efectivamente, la sensación es que Marruecos ya no aspira únicamente a organizar una parte del campeonato, sino a convertirse en el gran protagonista, tanto desde el punto de vista político como simbólico, del Mundial. De socio necesario, a protagonista principal", explica nuestra garganta profunda. TE PUEDE INTERESAR Es por ello que, especialmente el presidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), Rafael Louzán, no puede minusvalorar esta estrategia. Aún más si, como es el caso, su Gobierno se muestra pusilánime con Marruecos por unos motivos que aún se nos escapan. "Quien piense que detrás de ella únicamente se encuentra la Federación Marroquí de Fútbol está interpretando el problema desde una perspectiva excesivamente reducida. En Marruecos, los grandes proyectos nacionales difícilmente pueden entenderse al margen de la Corona", asegura la misma fuente. Para Mohamed VI, el Mundial trasciende al deporte Así es, el llamado Alto Patronazgo de Su Majestad el Rey no constituye una mera fórmula protocolaria, sino la expresión de que una iniciativa ha sido elevada a la categoría de prioridad nacional. Es la señal de que el Estado, sus instituciones y buena parte de sus capacidades políticas, económicas y diplomáticas caminarán en una misma dirección, algo que, al menos actualmente, no sucede en España, tal y como ha denunciado el presidente de la RFEF. TE PUEDE INTERESAR "Para Mohamed VI, la organización de la Copa del Mundo trasciende al deporte. Representa una oportunidad excepcional para consolidar el prestigio internacional del Reino, reforzar su posición geopolítica, atraer inversión, potenciar el turismo y proyectar hacia el exterior una imagen de modernidad cuidadosamente construida durante los últimos años. No se trata únicamente de organizar partidos. Se trata de utilizar el mayor escaparate deportivo del planeta para fortalecer una determinada idea de país". Efectivamente, conviene no olvidar que la monarquía marroquí no ejerce exclusivamente un papel institucional. Diversos análisis económicos han documentado su importante presencia en sectores estratégicos de la economía nacional. Turismo, infraestructuras, servicios, inversión y desarrollo forman parte de un ecosistema en el que el éxito internacional del Mundial puede traducirse también en importantes retornos económicos y de influencia. Para Marruecos, constituye mucho más que un acontecimiento deportivo. Es una operación de Estado. Precisamente por eso resulta sorprendente la tranquilidad con la que España parece contemplar esta evolución. Con una comisión interministerial en la que se ningunea al presidente de la RFEF, con voz, pero sin voto, y en la que se ha puesto al frente del grupo de coordinación a su homólogo y paisano del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, conocido como el "superministro" de Sánchez por su estrecha relación con él a través de su hijo y la famosa tesis. Reunión de la comisión interministerial del Mundial 2030. (EFE/María Aguilella) Y he aquí la gran diferencia que ven los expertos. "Mientras Marruecos despliega una estrategia de posicionamiento internacional, nuestro debate continúa atrapado en cuestiones internas: qué ciudad tendrá una sede más, qué estadio reúne mejores condiciones o qué administración asumirá una determinada inversión. Son debates legítimos, pero insuficientes. Porque el verdadero partido se está jugando en otro terreno", asegura nuestra fuente. La construcción del relato de quién es el organizador "La ceremonia inaugural, la final, los grandes actos institucionales, el Congreso de la FIFA, los centros internacionales de prensa y, sobre todo, la construcción del relato del campeonato poseen un valor político, económico y turístico infinitamente superior al de cualquier discusión local. Ahí es donde se decide quién gana realmente un Mundial, aunque nunca levante el trofeo", añade. TE PUEDE INTERESAR Este es el contexto en el que Rafael Louzán afronta el mayor desafío de su presidencia. "No heredó únicamente la organización de un campeonato; heredó una negociación permanente. Su responsabilidad no termina en garantizar que España organice un Mundial impecable. Consiste también en defender que el país conserve el protagonismo que le corresponde como impulsor de la candidatura, como una de las grandes potencias históricas del fútbol y como principal soporte organizativo del proyecto". Y Portugal debería compartir esa misma preocupación. Ambos países lideraron la iniciativa y asumieron el mayor peso deportivo e institucional de la candidatura. Ambos deberían recordar que el equilibrio original fue precisamente el argumento que permitió convencer a la FIFA, cuyo presidente aprovechó para colar a Uruguay, Paraguay y Argentina, y dejar así vía libre a Arabia para organizar el Mundial 2034. TE PUEDE INTERESAR En definitiva, como dice quien sabe de esto y no quienes opinan de oídas, "no se trata de cuestionar el derecho de Marruecos a defender sus intereses. Siempre lo ha hecho con determinación. La cuestión es si España está defendiendo los suyos con la misma convicción. Porque los Mundiales no siempre los gana quien levanta la Copa: la última, España. A veces los gana quien consigue que, cuando todo ha terminado, el mundo recuerde que aquella fiesta fue suya. Y esa es, precisamente, la batalla que Rafael Louzán y España no pueden permitirse perder. Es una cuestión de Estado".
Cuestión de Estado: Las verdades sobre lo que el Mundial 2030 supone para Marruecos (y la sumisa España)
Ahora que a raíz de lo sucedido en Ceuta muchos opinan, pero pocos son los que saben, es importante conocer la visión de alguien que conoce lo que se cuece en una candidatura para organizar la Copa del Mundo













