Que nos quiten lo bailaoNo dejo de pensar en ese impulso infantil que nos lleva a querer conocer la magnitud de la fuerza que nos habita ahora que estamos en el declive de la vidaUn ni�o golpea un 'punching ball' en una verbena.ApActualizado Viernes,
agosto
23:11Audio generado con IA1 Una escena de gastroterror agost�La terraza est� atestada. Hay gente merodeando alrededor, esperando que se libere una mesa y lanzando miradas intimidantes a los que alargan su sobremesa sorbiendo con ag�nica lentitud un chupito de hierbas que nunca terminan. El camarero con la frente perlada de sudor llega por fin a tu mesa. Despu�s de haber gesticulado m�s de media hora, con ambos brazos y hasta lanzando bengalas, te ha visto. Es ahora o nunca, hay que pedirlo todo de una vez: bebidas, primeros, segundos y postre, hasta el desayuno de ma�ana si me apuras. �Los se�ores ya saben lo que van a pedir? Un godellochopitospimientosberberechosensaladadetomateydesegundoyosalmonetes dices sin respirar. �Y la se�ora qu� va a querer de segundo? Tu mujer duda. No lo tiene claro. Joder, Mar�a, has tenido media hora para ver la carta. Si no te importa estaba hablando con la canguro, que a Juanito le duele la tripa. Al camarero le da igual la tripa de Juanito, empieza a mirar otras mesas llenas de personas que hacen aspavientos. �La lubina es de estero o salvaje? No queda lubina. Huy, pues a ver... es que no s�... eh. Necesito un minuto. Pero pide la merluza, si te encanta c�mo la hacen. No me digas lo que tengo que pedir. El camarero se va a otra mesa suspirando. Tu mujer te odia. El camarero os odia a los dos. Tardar� otra media hora en llegar. El vino estar� del tiempo, el pescado fr�o. Te arrean 120 euros. Tu mujer se trae a Juanito a la cama. Olv�date de cualquier final feliz. Y as� hasta septiembre. 2 Experimento mental para estetasDebemos aprender a mirar la realidad por capas. Una puramente orogr�fica y mineral, la tierra misma. Otra vegetal, con �rboles, arbustos, flores. Otra a�rea con aves, nubes y cuerpos celestes. Otra es arquitect�nica, otra humana. Una vez has aprendido a delimitar cada una de las capas, el siguiente ejercicio mental es el borrado imaginario de cualquiera de ellas. Y ya para acabar est� la restauraci�n imaginaria de capas hist�ricas perdidas: bosques primigenios, arquitectura antigua, humanos de �pocas anteriores al chandal y las prendas t�cnicas. Es un ejercicio mental sanador, pues una vez dominas la t�cnica de apagar capas y rescatar otras, puedes dejar de ver los espantos arquitect�nicos de Galicia, las pintadas del Pa�s Vasco, los senderistas con mayas fluorescentes y puedes sustituir con robles y hayedos los bosques de eucaliptos del norte de Espa�a.3. Un accidente verbeneroCualquiera que haya frecuentado las verbenas de verano recordar� que entre la t�mbola, las casetas de tiro, el puesto del chorip�n, los tiovivos y la olla loca hab�a siempre una peque�a m�quina que consist�a en un punching ball con un marcador luminoso que a cambio de una moneda med�a la fuerza de nuestro pu�etazo. La clientela sol�a ser mayoritariamente masculina y alrededor de ella se congregaban muchas adolescentes a las que trat�bamos de impresionar con la vigorosa descarga de nuestro pu�o. Las luces se encend�an despu�s y daban su veredicto, cuantificaban con un n�mero el impacto y se revelaba as� qui�n era el m�s poderoso.Fue en esta m�quina, hace unos d�as, que mi sobrino Santi, de 14 a�os, se rompi� la mano y qued� escayolado. Mi madre se lamenta: �pobrecito, ha arruinado sus vacaciones, adi�s bici, adi�s surf y adi�s todo�. Yo quisiera verlo de otra manera: para empezar ha demostrado a toda una generaci�n que nadie golpea con m�s sa�a y llevar� para siempre ese gal�n en la pechera. Por otro lado, tiene la oportunidad de descubrir aquello que solo a los que quedan impedidos se les revela: la contemplaci�n, la quietud, los placeres tranquilos de la soledad sosegada. Son muchos los grandes hombres que despertaron su sensibilidad y sus talentos durante el largo tedio de una convalecencia. Tambi�n es cierto que no ten�an un tel�fono m�vil para evadirse.Por otro lado, no dejo de pensar en ese impulso infantil que nos lleva a querer conocer la magnitud de la fuerza que nos habita. Ahora que estamos en el declive de la vida, esa m�quina boba nos sigue preguntando: �cu�nta fuerza nos queda a�n en el cuerpo?








