Actualizado Mi�rcoles,
junio
00:36Hay muchas maneras de acercarse a Backrooms y todas dan miedo. Asusta que una pel�cula ideada por un director con 20 a�os revolucione el g�nero de terror. Espanta la genuina indefensi�n que provoca la simple imagen de un pasillo vac�o. Aterroriza el poder de la memoria (y, de su mano, el olvido) para transformar la realidad m�s com�n. E inmoviliza la simple amenaza de la m�s cierta y terrible de las soledades. El miedo da miedo. Todo esto sucede en la pel�cula desde ya se�alada para ocupar todas las conversaciones desde ahora mismo hasta m�s all� del verano. Ken Parsons, as� se llama el responsable del �ltimo gran y genuino fen�meno del que ha sido capaz el cine, sorprendi� a la grey de internet y alrededores en 2022 con una serie de cortometrajes virales que, entre otras muchas virtudes, tuvo a bien popularizar un t�rmino m�s propio del �mbito de los videojuegos o de la sociolog�a incluso: liminal o espacios liminales. Su serie de minipel�culas ubicadas en su canal de YouTube Kane Pixels modificaban fotograf�as originales hasta transformarlas en im�genes de v�deo sobre las que aplicaba un filtro de VHS que recordaba al metraje encontrado (found footage). Lo que se acertaba a descubrir eran secuencias perturbadoras en extremo a la vez que extra�amente familiares. Todas ellas discurr�an en un espacio vac�o habitado solo por los fantasmas de una nostalgia postiza y, sin embargo, reconocible; completamente ajena y muy personal. Inquietante sin duda.Lo que sigue a aquello, m�s all� de la irresistible celebridad, fue que el estudio A24, famoso por convertir en obligatorio (y muy cool) todo lo que toca, se acercara a �l para proponerle la realizaci�n de una pel�cula con los est�ndares industriales de pel�cula con sus estrellas y su canes�. La cinta ya est� aqu�, se titula como sus propios cortos Backrooms, est� protagonizada por Renate Reinsve y Chiwetel Ejiofor, y no hay titular que no se refiera a ella como �la pel�cula realizada por el cineasta m�s joven desde X�. En las X cada uno echa mano de lo que puede. Pero lo m�s citable es aquello de que Orson Welles film� Ciudadano Kane con 25 a�os. �He pasado la mayor parte de mi vida en internet�, comentaba Parsons justo antes de hacer una sucinta descripci�n de su biograf�a art�stica: �Nac� el mismo a�o que YouTube, as� que no tuve acceso a internet propiamente dicho hasta los ocho o nueve a�os, pero incluso entonces, empec� a ver muchos cortometrajes independientes en YouTube realizados por youtubers que usaban efectos visuales. Comenc� a interesarme por canales especializados en efectos visuales que me ayudaron a darme cuenta de que yo tambi�n pod�a hacerlo. Primero trabaj� con los recursos que ten�a, como un port�til, y pirateaba software. Cuando ten�a unos once a�os y empec� a aprender After Effects (lo que se conoce como Photoshop del v�deo)�.Conviene decir que el salto al vac�o que supone Backrooms es con paraca�das, y muy controlado. La oferta le lleg� justo cuando ten�a que decidir qu� hacer con su vida despu�s del instituto y, de natural conservador, no se arriesg� sin antes tentar sus fuerzas y rodearse de los mejores. Parsons ha contado con la producci�n ejecutiva y consejo de maestros en la materia como James Wan y Osgood Perkins. Al primero, para no perderse, le debemos, bien como director o productor, la serie Expediente Warren.The Conjuring; y al segundo, obras maestras como Longlegs o The Monkey. El resultado, para desesperaci�n de amargados, es sencillamente memorable y, se quiera o no, inaugura un nuevo tiempo en las formas y maneras en las que el cine comercial (es cine comercial, cuidado) se expande y se arriesga a vampirizar nuevos territorios hasta ahora vedados por la intelligentsia; espacios no por fuerza liminales que van desde el videojuego a nuevas est�ticas alternativas o nicho (aqu�, corrientes como dreamcore) sin renunciar al veneno de un mundo infectado de pantallas. Al lado de cineastas como Jane Schoenbrun (El brillo de la televisi�n) o Rose Glass (Saint Maud), por citar lo m�s a mano y con curr�culo en festivales internacionales (habr�a que incluir, por afinidad, al canadiense Kyle Edward Ball), Parsons camina �l mismo por los espacios, estos s� liminales, de un nuevo cine heredero de las mejores pesadillas de David Lynch, el padre de todo.�Pero qu� es exactamente un espacio liminal? �Qu� es eso de la liminalidad? Si hacemos caso al lat�n que olvidamos, limen o liminaris podr�a traducirse sin mucho esfuerzo como umbral o relativo a umbral. El t�rmino hace referencia a una zona de paso, a una puerta de entrada, a ese lugar ambiguo en el que los distribuidores de las casas no saben a�n lo que son sin ser nada del todo. Hablamos, ya dentro de la representaci�n cinematogr�fica o de videojuego, de lugares de transici�n anormalmente vac�os y con un ligero aroma entre irreal y on�rico. Si se quiere ser m�s ambicioso, fue el antrop�logo Marc Aug� el que invent� el t�rmino de no-lugar para identificar espacios de tr�nsito como vest�bulos, aeropuertos o centros comerciales. Son lugares vac�os de su condici�n de lugar, funcionales por desesperaci�n, carentes de otra identidad que su silencio. Son escenarios de terror donde la sobremodernidad (la expresi�n es de Aug�) adquiere la mejor representaci�n de todos los excesos presentes: el de la aceleraci�n del tiempo, el de la expansi�n del espacio y el de la celebraci�n del ego. No deja de ser relevante que la publicaci�n del libro de Aug� coincidiera en la d�cada de los 90 con los videojuegos shooters en primera persona que discurren indefectiblemente por pasillos sin otra virtud que su impersonalidad: impersonalidad que, curiosamente, acabar� por generar su propia y genuina nostalgia entre los jugadores.Chiwetel Ejiofor en Backrooms.MUNDOBackrooms hace pie en todo ello. Un propietario de una tienda de muebles (Ejiofor) en tratamiento con una terapeuta (Reinsve) tras su separaci�n, descubre un pasadizo hacia lo que parece una dimensi�n m�s all� de la realidad. Lo que sigue, ya se ha dicho, da miedo. Da miedo por su inmisericorde descripci�n de la soledad que nos habita. Da miedo por lo inquietante que resulta verse en mitad de ninguna parte. Da miedo por extra�o y personal a la vez. El miedo da miedo. �No he querido abrumar con demasiadas explicaciones y trasfondo. No es una pel�cula para que los fans discutan sobre ella. No es una obra terminada y hay mucho m�s que contar�, comenta el director por aquello de no echar a nadie de la fiesta y, de paso, asegurarse el trabajo para muchos m�s a�os.Si se quiere trazar una genealog�a de la liminalidad, se es libre de hacerlo. En ese caso, se antoja imposible no remontarse a los pasillos interminables de El resplandor ideados por Kubrick. A ellos y, por supuesto, a ese gran enigma de espacio liminal puro que es Stalker, la obra magna de Andrei Tarkovski basada en la novela P�cnic extraterrestre de los hermanos Strugatski, donde el escenario de toda la pel�cula no es m�s que nada, pura potencia, puro umbral, capaz de transformar los deseos en realidad. Y ello sin olvidar, al padre ya citado. David Lynch ide� muchos espacios liminales (menci�n destacada para los de Carretera perdida), pero ninguno tan potente como el interior de la bomba at�mica hacia donde navega suspendida la c�mara en el cap�tulo ocho de la �ltima temporada de Twin Peaks. Y al fondo, Cronenberg o el cine entero de Tsai Ming-liang donde el entorno urbano moderno se convierte en una zona de tr�nsito y alienaci�n absoluta.Backrooms se apropia de este legado, lo hace suyo y, con la pulcritud y el desasosiego debidos, radiograf�a el espacio de un tiempo (el nuestro) pospand�mico en el que el no-espacio de internet sustituye la geograf�a dura de las calles; donde el scroll infinito se dibuja como �nica medida del no-tiempo; donde la memoria vive suspendida en el brillo de las pantallas; donde la vivienda (como la escenificaci�n perfecta del no-lugar) es la m�s irreal de las aspiraciones. Backrooms es una pel�cula de miedo que da miedo porque se parece demasiado a nuestra vida. El miedo da miedo.











