La deshumanización empieza cuando las personas desaparecen del relato, los nombres se convierten en cifras y las historias de vida quedan sepultadas bajo expresiones como "invasión", "avalancha" o "efecto llamada". Mientras un centenar de personas han muerto intentando alcanzar Ceuta y decenas sobreviven sin un techo gracias a la ayuda de organizaciones y voluntarios, la conversación pública parece haberse desplazado lejos de ellas. La ultraderecha está tratando de eclipsar la tragedia mediante un relato que convierte a las personas migrantes en una supuesta amenaza.Publicidad"Estos días estamos viendo cómo el discurso de la ultraderecha se ha normalizado. Mientras hay personas muriendo, ahogándose o poniendo en riesgo su vida en una frontera, una parte enorme de la conversación pública ha conseguido hablar de absolutamente todo menos de ellas. Las personas desaparecen de la conversación y eso es deshumanización", denuncia la activista Safia El Aaddam.Este cambio de foco, según los expertos, no es casual, sino que viene impulsado por la extrema derecha desde hace años. "La inmigración se ha convertido en el principal eje de movilización de la derecha radical en Europa", apunta Anna López Ortega, politóloga y autora de La extrema derecha en Europa. A su juicio, lo ocurrido en Ceuta ha servido para reforzar un relato que la extrema derecha lleva años construyendo: el de unas fronteras supuestamente desbordadas. "Es una estrategia basada en la simplificación y en la apelación al miedo, porque las emociones movilizan más que los datos", añade.Durante el fin de semana se desplazaron hasta Ceuta miembros del grupo neonazi Núcleo Nacional y los agitadores ultras Vito Quiles y Alvise Pérez, que fueron recibidos con el rechazo de parte de la ciudadanía por su intención de azuzar el odio contra la población migrante. López Ortega señala que, aunque estos grupos son minoritarios, es preocupante que sus mensajes se normalicen. "La historia europea demuestra que la radicalización suele empezar por el lenguaje antes que por la violencia. Cuando el discurso que deshumaniza a un colectivo deja de percibirse como extremista, aumenta la legitimidad social de quienes lo promueven", señala. En este caso, las primeras víctimas son las personas migrantes, convertidas en una amenaza colectiva. Pero, advierte que también erosiona la calidad democrática al normalizar el odio como herramienta de confrontación política.Así, algunos partidos emplean a las personas migrantes cómo baza política, muchas veces utilizando bulos, con el fin de ganar votantes. "El riesgo es que ese marco termine condicionando también el debate público y empuje a otros partidos a competir en el terreno discursivo de la extrema derecha, normalizando conceptos como "invasión" o "efecto llamada" que no describen con precisión la realidad", señala la politóloga.PublicidadY es que la ultraderecha no es la única que habla de una "invasión" o una "avalancha", también lo ha hecho el Partido Popular, que desde hace meses ha acercado aún más posturas con Vox en cuanto a políticas antiinmigración. Además, el secretario general del partido, Miguel Tellado, ha asegurado que las comunidades donde gobiernan los populares no acogerán a menores migrantes. "Que por donde han entrado, vuelvan a salir", ha afirmado este martes.Los acuerdos de externalización de fronterasUnos discursos que han encontrado el terreno abonado por parte de la política migratoria europea, que según el periodista y escritor Youssef M. Ouled, lleva años deshumanizando a las personas migrantes. "La ultraderecha se sustenta en una normalidad que ya es deshumanizante, que ya parte de la idea de que las personas del Sur Global no tienen los mismos derechos que las personas europeas", sostiene el autor de La frontera del azar.Ouled asegura que los ultras han conseguido instaurar "un discurso según el cual este tipo de situaciones solo se solucionan con políticas más represivas", a pesar de que la UE ya ha endurecido sus políticas migratorias.PublicidadEl divulgador considera especialmente preocupante que ese relato haya trascendido los espacios de la ultraderecha. En su opinión, incluso desde sectores progresistas, se está reclamando que Marruecos refuerce el control fronterizo sin cuestionar el coste humano que eso implica. "Se está recriminando que un régimen autoritario y represivo haga el trabajo sucio de la Unión Europea", critica.Rabat utiliza el control migratorio como herramienta de presión sobre Bruselas, pero Ouled insiste en que esa capacidad no existiría sin la política europea de externalización de fronteras. "Si no existiera esta lógica migratoria mortal, Marruecos no tendría la capacidad de chantajear. Vivimos en un mundo donde las personas, en función de dónde han nacido, tienen reconocidos unos derechos humanos y otras no. Para poder mantener ese sistema se subcontratan los servicios de Marruecos y otros países africanos para vulnerar todos los derechos humanos de las personas que pasan por ese territorio", denuncia."Tenemos que dejar de hablar de las muertes en las fronteras como si fueran consecuencias inevitables de los movimientos migratorios. No lo son. Son el resultado de decisiones políticas", denuncia Safia El Aaddam. Coincide en señalar directamente a la UE por haber construido un sistema que decide quién puede desplazarse de forma segura y quién se ve obligado a arriesgar su vida para hacerlo. "Mientras unas personas podemos coger un avión, enseñar un pasaporte y cruzar una frontera, a otras se les cierran prácticamente todas las vías legales y seguras y después se las culpabiliza por utilizar las únicas rutas que les quedan", concluye.