La rutina del armado de las viandas escolares es una tarea doméstica casi siempre signada por el hastío y el desconcierto (“¿Qué le mando hoy al colegio?”) y luego, la frustración (¡Nunca come nada!). La cocinera Narda Lepes acaba de publicar el libro Viandas (Editorial Catapulta), que aporta un completo recetario para que la falta de inspiración no sea un problema.Pero no basta con esas fórmulas compuestas de ingredientes y procedimientos. Este nuevo libro es una buena excusa para pensar qué lleva una buena vianda y cómo conseguir que no regrese a casa intacta. Para Narda la clave es la relación que los chicos construyen con la comida desde que son pequeños. Y asegura que esa relación se moldea más con los hábitos cotidianos que con las prohibiciones."Cuando son muy chiquitos, hay cosas que simplemente no existen en su mundo. La gaseosa, por ejemplo, es como el whisky: no corresponde a su universo. Si no los llevás al kiosco, no genera deseo", explica. Más que prohibir alimentos, Narda propone evitar convertirlos en un objeto de fascinación.La fórmula de una buena vianda según Narda LepesA la hora de preparar la lonchera, Lepes recomienda pensar en variedad antes que en cantidad. Su propuesta incluye pequeñas porciones de distintos alimentos para que el chico pueda elegir según el hambre y el momento.En ese sentido reconoce que pensar y ejecutar una vianda “es un laburo” pero muchas veces tiene más que ver con la capacidad para organizarse que con pasar horas en la cocina. “Una buena vianda puede ser un rejunte”, dice."Podés poner dos croquetas de acelga, una milanesa cortada en pedacitos, un cuadradito de queso, unas uvas y un mini budín casero. Cuando las porciones son chicas y hay variedad, aparecen las ganas de probar", explica. También aconseja priorizar las preparaciones caseras por sobre los productos ultraprocesados. "Si va un budín, mejor que sea hecho en casa antes que uno industrial”.Otra clave está en la presentación. No hace falta caer en la rigurosidad estética de las fotos que circulan en Instagram pero sí separar los alimentos para que no queden mezclados. "Todo junto es mucha información. Si están separados, a los chicos les da tranquilidad."Los “no lo hagas” de los chicos y la comida según Narda LepesPara Lepes, una de las mayores equivocaciones es creer que existe una comida exclusiva para niños. "Muchas veces los adultos comen una cosa y los chicos terminan con panchos o fideos con manteca. Si hacés una comida para toda la familia, poné la salsa aparte si hace falta, pero que prueben lo mismo", sostiene.El objetivo es ampliar el repertorio desde temprano. Que prueben pescados, hinojo, verduras, legumbres o quesos con sabores distintos sin convertir cada bocado en una negociación. "Es punto no es que hoy coma brócoli. Sino, formar el paladar para que, cuando tenga libertad para elegir, elija bien”, afirma Narda.Y siempre vuelve sobre una consigna: la importancia de no premiar o castigar con la comida. “Atar los recuerdos felices a McDonald's o a una golosina comprada en el kiosco crea un vínculo emocional con determinados alimentos que no es sano”, explica. “Si haces la tarea vamos a tomar un helado”, es una fórmula que desaconseja con buenos argumentos.Otra costumbre que cuestiona es la de ofrecer comida constantemente entre las comidas principales. "No sé de dónde salió esto del snack. Si un chico está jugando feliz y le das un chupetín porque sí, interrumpís algo que no hacía falta interrumpir. Además, si come todo el tiempo, después llega sin hambre al almuerzo". Para Lepes, un niño sano no se deja “morir de hambre”. Si un día come menos, no es un problema. Lo importante es mirar el recorrido completo y no una comida aislada.Narda tampoco propone eliminar los dulces. "El problema no es que coman chocolate. El problema es que coman solamente eso". Madre de Leia (15 años), la cocinera cuenta que en su casa siempre hay chocolate. Pero la regla es que se comparte: "No te podés comer todo. Es para todos".E insiste, el verdadero trabajo de madres y padres no consiste en controlar cada bocado, sino en ayudar a construir un criterio. "Si hacés bien ese trabajo, en algún momento vuelven. Prueban lo que está de moda, se cansan y terminan eligiendo lo que realmente les gusta".