En los últimos años no ha habido una sola gran crisis nacional en la derecha española haya demostrado un mínimo sentido de Estado. Ni una sola. Antes que defender los intereses estratégicos del país, antes incluso que la coherencia con alguna de sus propias posiciones políticas, está su obsesión por desgastar al Gobierno. Así que Ceuta, naturalmente, no iba a ser la excepción.
Y mira que hay críticas legítimas que hacer. El Gobierno debe explicar por qué los servicios de inteligencia fueron incapaces de anticipar una entrada que difícilmente pudo improvisarse en cuestión de horas, qué información manejaba el CNI, o por qué insiste en señalar a las mafias sin apuntar con claridad al papel de las autoridades marroquíes.
















