Llega el verano y con él vuelven las recomendaciones habituales: que hay que hidratarse más, que si conviene comer ligero y el horno se convierte en un enemigo público entre junio y septiembre. Todo eso está muy bien, pero nosotros llevamos unos días pensando en otra cosa: esas pequeñas obsesiones gastronómicas que solo existen durante unos meses al año y tienen una capacidad sorprendente para alegrarnos el día. No hablamos de restaurantes imposibles de reservar ni de productos exclusivos. Hablamos de cosas mucho más pequeñas. Tan pequeñas que a veces ni siquiera las comentamos.Con esa idea en la cabeza, hemos querido hacer una recopilación de todas esas cosas que cada verano acaban colándose en nuestras cocinas y neveras. Ingredientes que esperamos con impaciencia, aderezos que solo nos apetece usar cuando aprieta el calor, bebidas, utensilios, pequeños descubrimientos de supermercado, recetas o productos que asociamos inevitablemente a esta época.Para ello hemos preguntado a varias personas que comen bien, cocinan mejor y suelen tener criterio cuando se trata de comida. La única condición era: nada de alta cocina, nada de elaboraciones imposibles y nada que exigiera media mañana de preparación. Todas tienen algo en común, consiguen que el verano resulte un poco más llevadero y bastante más apetecible: estas son algunas de las cosas que nuestros comidisters esperan con más ganas cuando empieza el calor.Fruta, fruta y más frutaQuizá una de las mejores cosas del verano sea precisamente esa sensación de urgencia. Sabemos que determinadas frutas y productos tienen fecha de caducidad emocional; llegan, duran unas semanas y se van. No da tiempo a cansarse de ellas. Cuando aparece la primera caja de cerezas ya estamos pensando que habrá que aprovechar porque dentro de nada se esfumarán. Social media manager de la casa y periodista, Vivien Doherty se pasa todo el año esperando a que con el mes de junio lleguen las brevas y cada tarde de vuelta a casa se compra tres para merendar (por suerte para ella, poco después vienen los higos). “Es lo único bueno del verano en Madrid; eso y los restaurantes vacíos. Lo demás, todo mal”, zanja buscando una sombra en la que resguardarse. Si les quieres dar aún más gracia a muchas frutas de verano, solo tienes que añadirles Tajín. Quien no lo haya probado probablemente levantará una ceja al leerlo. Al fin y al cabo, estamos hablando de espolvorear una mezcla de chile, lima y sal sobre una rodaja de sandía o melón. Sin embargo, basta probarlo una vez para entender por qué es tan popular en México y en buena parte de América Latina. El picante, el ácido y el dulzor se mezclan de una forma sorprendentemente equilibrada y consiguen que frutas que ya eran refrescantes resulten todavía más apetecibles.Ensaladas, bocadillos o fideos: todo al plato Desde Aragón, o al menos desde la memoria gastronómica aragonesa, Miriam Bosch reivindica una de esas recetas que nunca fallan: la ensalada campera. La prepara con patata cocida, huevo, caballa, tomate rosa de Barbastro –como firme defensora del producto local–, cebolla dulce de Fuentes de Ebro, pimiento verde y aceitunas negras. Es una de esas ensaladas que conviene preparar con antelación: cuando lleva unas horas en la nevera, la patata ha absorbido parte del aliño, los sabores se han mezclado y está mucho más rica que recién hecha. Carla González se dedica a la comunicación y durante el resto del año disfruta cocinando y pasando tiempo entre fogones, pero cuando llega el verano prefiere no complicarse demasiado la vida. Propone una combinación ensaladera que resume bastante bien la cocina veraniega: sandía, queso feta, queso crema, semillas de amapola y menta fresca. Miles Dufrasne, belga de raíces pero con huerto familiar en Girona, pertenece a esa categoría de personas que hablan de tomates con una convicción que roza el fanatismo. Su propuesta favorita es tan simple como eficaz: tomate, alcaparras y un buen aceite de oliva. Doherty ama el bocadillo de atún con pepinillos todo el año; en el que cambia la tradicional mayonesa por un buen hummus que lo hace mucho más saludable (y especialmente más seguro en verano). Mientras, nuestra compañera Julia Laich se decanta por cualquier combinación que incluya una base de “arroz blanco frío con atún y mayonesa”. Podemos quedarnos aquí o añadirle huevo duro, piparras, alguna hortaliza, aceitunas o lechuga y convertirlo en una ensalada de arroz ochentera o actualizada. Acabamos con las recomendaciones de la divulgadora Claudia Polo: cuando le preguntamos por su obsesión gastronómica veraniega no habló de helados ni de ensaladas, sino de bibim guksu, “unos fideos coreanos fríos, ácidos, picantes y refrescantes que se preparan en muy poco tiempo”, afirma. Tiene bastante sentido; además apenas genera cacharros para fregar después.Amor en el hipermercado, furor en el ultramarinosSi hubiera una competición de personas capaces de volver de un viaje con la maleta llena de cosas compradas en supermercados, la ilustradora y gastrónoma aficionada Mar Guixé tendría opciones de medalla. Le gusta viajar para descubrir platos nuevos, entrar en tiendas de alimentación locales, dibujarlos y regresar con más productos de los que razonablemente caben en una maleta. Entre sus recomendaciones para mejorar el verano aparecen una horchata concentrada que siempre procura tener en casa y el tinto de verano. También confiesa una debilidad, cuando llega el calor le encanta añadir unas gotas de Tabasco Chipotle a la fruta, especialmente a la sandía o al mango. El toque ahumado y picante transforma algo simple en un aperitivo completamente distinto. Miriam Bosch arranca con otra obsesión estival en la misma línea, una pimienta sueca con limón de Santa Maria que acaba cayendo sobre casi cualquier cosa, desde una ensalada de tomate hasta un pescado a la plancha o un plato de fruta. En mitad de la conversación aparece un chivatazo de Mònica Escudero, nuestra editora, que se sale un poco de la norma, reivindicando el jugo de chucrut de Rossmann. “No para beberlo a palo seco, sino como base de una ensalada convertida en sopa fría improvisada por ejemplo con tomate, cebolla y un chorrito de aceite de oliva”. Dice que queda refrescante, ácida, ligeramente salina y perfecta para esos días en los que el calor invita a comer poco pero con sabor.Julia Laich milita en el equipo de la máxima simplicidad, y se declara fan del yogur líquido para beber. “Sin más sofisticación, no lo tuneo de ninguna manera, simplemente lo bebo heladísimo de la nevera y ya”, zanja. Escudero se apunta al carro de los lácteos con la leche fermentada –parecida al yogur para beber pero sin azúcar, ya que carece del gen necesario para disfrutar el sabor dulce, ella se lo pierde– y el skyr. “Es un producto de origen islandés clasificado como queso fresco, pero te puedes tomar como si fuera un yogur griego: me salva cualquier comida del día cuando no tengo hambre, tiempo, ganas de hacer nada o una mezcla de todo lo anterior”. Batido con especias y hierbas funciona como salsa espesa o untable, y con unos palitos de pepino, zanahoria o pimiento, unos tomates cherry y una tostada entra solo. Helados, en casa o fuera Cuando el calor aprieta, Dufrasne también prepara un granizado casero con fresas, zumo de lima, azúcar y unos cubitos de hielo de mojito que elabora previamente mezclando agua, hierbabuena fresca, lima y azúcar antes de congelarlos. Al mezclarlo todo, el granizado adquiere ese punto cítrico y mentolado que recuerda a un mojito, pero con las fresas como protagonistas.Entre los imprescindibles de González están unos polos de fruta y verdura que compra ya preparados y que le solucionan más de una tarde de calor. “Los de frutos rojos y remolacha son especialmente adictivos, refrescan como un polo de fruta, pero tienen un punto vegetal que los hace distintos y evitas la sensación de estar comiendo azúcar congelado”, apunta. Escudero también le da a los polos, pero en versión casera: “Me compré un par de packs de cuatro moldes en IKEA –por supuesto sirven otros, incluso vasitos y una cuchara haciendo de palo, como hacíamos de pequeños– y cada tanto abro el cajón de la fruta y con lo que haya, polos al canto”. Su truco pasa por combinar dos sabores, uno en la base, que tritura rápidamente en la batidora, a veces añadiendo zumo de limón o unas hojas de menta fresca y otro en trocitos. Desde Italia, Elia Capecchi no duda un segundo. Para él el verano sabe a sorbetto después de una comida de pescado y, si puede ser, cerca del mar. Lo describe como una mezcla helada de limón, fruta y azúcar que refresca el paladar y ayuda a sobrellevar las tardes más calurosas. También reivindica el affogato, una de esas ideas italianas tan simples que cuesta entender por qué no son universales, un espresso caliente vertido sobre una bola de helado. “El café derrite ligeramente la superficie y acaba mezclándose con la crema en un postre que funciona igual de bien como café, merienda o capricho de verano”. Para quienes prefieran algo más contundente, recomienda el zuccotto, “un postre tradicional florentino elaborado con bizcocho, crema y chocolate bien frío”. Al poner todas estas recomendaciones juntas aparece una conclusión sencilla. Nadie habló de técnicas complejas, ingredientes imposibles de encontrar o platos que exijan dedicar una mañana entera a la cocina. Casi todo gira alrededor de frutas, ensaladas, bebidas frías, sorbetes o recetas heredadas: cosas sencillas que vuelven cada verano porque nos siguen alegrando tanto como el anterior.Sigue a El Comidista en Youtube.