[REEL 1 · andén desierto entre campos chamuscados por el incendio del verano pasado, sol de justicia, Iván arrastrando una maleta con ruedas rotas]Bueno, pues ya estamos. Un andén sin nadie más que nosotros dos, quince minutos de retraso, y a ambos lados de la vía kilómetros de campo todavía chamuscado por el incendio del año pasado. Se lo comento a Iván, medio en broma medio en serio pero me corta antes de terminar la frase: "Vera, no empecemos." Bien. No empezaremos con nada que suene a crisis climática. Desde hace un par de veranos, el calor extremo forma parte de nuestra particular guerrita cultural. Para salvarnos de la bronca llega una furgoneta blanca con un cartel plastificado de RAGNAR CAMP en una tipografía que aspira a ser vikinga pero se queda en algo que recuerda más a un chiquipark. El conductor, que se hace llamar "Fenrir" pero que tiene toda la pinta de llamarse Antonio, nos ha pedido el DNI antes de subir. Le he preguntado para qué. "Protocolo", me ha dicho. Ah, vale.PublicidadCuarenta minutos de Biodramina después, por fin, ¡esto es Ragnar Camp!: una finca vallada, cuatro tiendas de campaña grandes del Decathlon, un cartel de madera quemada a soplete que dice "AQUÍ EMPIEZA TU LEYENDA" y, al lado, discretito, un cartel más pequeño con el logo de Red Stag. Como si nos leyeran la mente, nos dan unas latas del susodicho patrocinador. Calentorras pero a tope de taurina. En la etiqueta aparece un ciervo con unos abdominales que yo diría que ningún ciervo ha tenido jamás, ¿no?[REEL 2 · carpa pequeña antes de la caseta de seguridad, cartel de madera con flechas pintadas a mano]Pues aquí seguimos, me siento un poco como Dorothy después de chasquear los chapines rojos. Estoy delante de esta carpa donde…, ¿veis estas flechas pintadas? Señala a cada una de las puertas del campamento: La Puerta del Vínculo Roto, La Puerta de los Solitarios. La Puerta del Naufragio. Y una cuarta, sin madera quemada ni letra bonita, solo un rótulo impreso pequeño: Puerta sin Nombre. Un chico con chaleco azul marino y con una sonrisa propia de una encuesta de satisfacción le ha hecho a Iván cuatro preguntas (a mí ni caso): "¿Cuándo fue tu última relación seria? ¿Hablas con alguien de lo que te preocupa? ¿Siguen tus padres juntos? ¿Recuerdas el vídeo exacto que hizo que te picara el gusanillo?". Iván ha contestado que: 1.- sigue conmigo; 2.- sí que comparte lo que preocupa (no tanto, la verdad), 3.- sus padres siguen juntos, y 4.- que no, que no hay ningún vídeo concreto: "uno me llevo a otro, poco a poco". El chico ha ido apuntando en una tablet y le ha señalado la cuarta flecha. Así que Iván entra por la Puerta sin Nombre. No hay desamor detrás, ni soledad que confesar, ni familia desestructurada, ni un primer vídeo identificado: solo el algoritmo, convertido poco a poco en asistente de ruta, confidente, amigo... De las cuatro puertas, es la que más miedo me da, es por donde entran aquellos a los que no hace falta que les haya pasado nada. Solo esa continua desazón…[REEL 3 · caseta de seguridad, justo antes de cruzar la valla]Antes de entrar de verdad, dos hombres con chaleco reflectante nos han pedido abrir las mochilas. "Solo por seguridad", ha dicho uno, mientras el otro le pedía su móvil a Iván "para vivir la experiencia sin pantallas" y lo guardaba en una caja de plástico con su nombre escrito a rotulador. A mí no me lo han pedido. Un segundo después he entendido por qué. "Las acompañantes esperan en el Palacio de las Valquirias, al fondo a la derecha", ha dicho el del chaleco, señalando una carpa más pequeña, sin cartel quemado a soplete, sin runas, solo una cinta de plástico roja y blanca atada a un poste. Planazo. Creo que me estoy cabreando. Iván se ha ido con los demás sin mirar atrás. Dentro había cuatro chicas más. Nos hemos presentado. Una de ellas, Marta, treinta y muchos, me ha preguntado sin rodeos si era mi primera vez. Le he dicho que sí. Ella ha sonreído de una manera que no era exactamente una sonrisa: "Yo ya voy por el tercer verano." Le he preguntado, ya con más confianza, si su pareja había cambiado mucho desde el primer verano. Se ha quedado callada un segundo. "Qué va, no tanto. En septiembre vuelve a ser él casi del todo, y así hasta el verano siguiente." Casi. Ese casi se me ha quedado enganchado.[REEL 4 · en la cola de recepción, mesa plegable con mantel de camuflaje]Aquí viene la parte que nadie pone en el vídeo promocional del campamento. En la mesa de recepción, una chica con auriculares nos ha dicho que la "Mentoría 1:1" incluye alojamiento y comidas, pero que el "kit de bienvenida" con camiseta oficial, pulsera de cuero con una runa grabada (y banderita rojigualda de regalo) que da acceso a la app privada del campamento, son 90€ aparte, en efectivo o Bizum, "para agilizar". Iván ha pagado sin dudar. Yo he preguntado si el kit era opcional. Después de un silencio de tres segundos, un "todo el mundo lo lleva" por respuesta. Cae la tarde en Ragnar Camp y esto se ha empezado a llenar de bichos. Menos mal que me he traído repelente. Un bigardo de los de kit completo me lo ha pedido para sus broncíneas pantorrillas.Publicidad[REEL 5 · Vera con un chico de unos veinte años]Mientras Iván hacía cola para las fotos de la cena de bienvenida, he conocido a este chaval, Kevin. Diecinueve años, primera vez, ha venido solo, sin pareja ni amigos. Le he preguntado por qué había venido. Se ha puesto colorado y me ha dicho que en su instituto "no hay mucha gente con la que hablar de esto". No ha dicho de qué es "esto". Llevaba una libreta con anotaciones de los vídeos de Ragnar, subrayadas con tres colores distintos, como si se lo estuviera estudiando para la PAU. No le he preguntado por qué puerta había entrado porque tampoco hace falta ser detective. La de los Solitarios es la que tiene la cola más larga. No tiene ninguna gracia. Toda la cena de bienvenida es una serie de variaciones entorno a la píldora roja: tomates cherry, salchichas de cerdo y panteras rosas teñidas de rojo como postre. Preveo un gran despertar nocturno después de este menú.[REEL 6 · dentro de la tienda, ya de noche, Marta dormida al lado]No puedo dormir. Marta lleva diez minutos roncando con una tranquilidad inquietante. Yo no puedo dejar de pensar en la movida de las puertas de la entrada.Esta tarde me parecieron puro atrezo de parque temático: la Puerta del Vínculo Roto, la del Naufragio, la de los Solitarios... Es de coña. Pero cuanto más les doy vueltas, menos de cartón piedra me parecen. Resulta que hay gente que está haciendo tesis con esto, y que, en realidad, los caminos de entrada se parecen muchísimo entre sí. ¿Cómo llegan tíos cómo Iván a meterse en este culto? Está el desamor. El clásico. Un usuario de 4chan que se salió de esta movida calculaba que el 95% llega así: le rompen el corazón a alguien y, antes de que intente entender qué ha pasado, ya ha aparecido algún bro con todo el kit en bandeja. "Separaciones complicadas", ansiedad después de verte adelantado por la derecha en el curro (casualmente por una tía), en fin, la sensación de que la vida se les cae a cachos en vez de darles todo aquello que se les prometió. Buscaban una oreja para desahogarse y encontraron un fulano que vendía disciplina, testosterona de contrabando y consejos para ligar, todo rematadito con una pátina de terapia y por la misma oferta de acceso. Las iniciaciones ancestrales pedían fe, estas "solo" datos. La ideología, de propina, llega después, igual que la pulsera de cuero del kit de bienvenida de esta tarde.Los que son como Iván no encajan del todo en ninguna de esas puertas. Lo suyo resulta mucho más silencioso y absurdo. Meses enteros de pequeñas recomendaciones hasta que un día te ves haciendo el macuto para venir a un campamento al que, hace un año, se habría reído. Y yo preguntándome qué carajo hago aquí. Pero no preguntar, sospecho, forma parte del rito de iniciación de las valquirias de alto valor.Buenas noches, chicos. Mañana seguiremos abriendo puertas.#asediodealamanosfera #ragnarcamp #lapuertadelvalhalla
Tras el muro de pago está el Valhalla o cuando Iván se tomó la píldora roja
La historia ficticia de una infiltración en un campamento de la manosfera contada a través de 'reels'.








