Actualizado Viernes,
julio
22:52Como si en Ceuta no se estuviera viviendo una avalancha cruzando la frontera marroqu� en un "ataque a la integridad de Espa�a", en expresi�n de Pedro S�nchez, a tan solo 40 kil�metros Mohamed VI prosigui� ayer con los �ltimos fastos con motivo de su 27� aniversario en el trono. El rey alau� presidi� en Tetu�n la ceremonia de lealtad o vasallaje -conocida en �rabe como Bay'a-, en la que los nuevos oficiales graduados de diferentes institutos militares juraron bandera. El centenario acto, de gran importancia en las tradiciones y rituales de la Monarqu�a marroqu�, se convirti� una vez m�s en una exhibici�n de sumisi�n de las principales autoridades del reino a la Corona y a su titular, no s�lo en calidad de jefe de Estado sino tambi�n de Comendador de los Creyentes.Igual que hab�a sucedido la v�spera con la recepci�n del soberano en M'diq -Rinc�n del Medik-, pr�xima a Tetu�n y a muy escasa distancia de la Ciudad aut�noma espa�ola, la entrada a �sta de decenas de miles de personas domin� toda la atm�sfera. Hasta el punto de que la noticia, en plenas celebraciones de la Fiesta del Trono, llev� a medios marroqu�es a destacar lecturas que se antojaban un regalo m�s de aniversario al agasajado Mohamed VI. El peri�dico digital marroqu� Le360, muy cercano tanto a Palacio como al Majz�n -el c�lebre Estado profundo o Gobierno en la sombra marroqu�-, no dud� en titular "La recuperaci�n de Ceuta y Melilla es inevitable", en una amplia cr�nica en la que, llevando el ascua a su sardina, se subrayaba que "este episodio pone de manifiesto, de forma brutal, la anomal�a geopol�tica de Ceuta y Melilla, dos ciudades ocupadas en territorio marroqu� cuya situaci�n actual es claramente insostenible".M�s all� de las obligadas loas del Gobierno espa�ol a la colaboraci�n marroqu�, lo cierto es que la reivindicaci�n de la Monarqu�a alau� sobre las dos ciudades aut�nomas es un pilar de su relato nacionalista que, con m�s o menos intensidad seg�n las �pocas y el estado de las relaciones bilaterales entre Rabat y Madrid, reviste de inflamaci�n patri�tica los mensajes de las autoridades del reino norteafricano. Mohamed VI, como antes sucedi� con su predecesor, Has�n II, jam�s va a renunciar a agitar la reclamaci�n sobre lo que define como dos "ciudades ocupadas". Y desde el Trono se ha dado alas en los �ltimos tiempos a un relanzamiento de la ideolog�a irredentista articulada en torno al concepto del Gran Marruecos, que reivindica con ardor la recuperaci�n de las fronteras pret�ritas recortadas por la colonizaci�n espa�ola y francesa, aunque ello suponga un falseamiento absoluto de la Historia ante realidades como la centenaria espa�olidad de Ceuta y Melilla o lo referido a la soberan�a de los antiguos sultanes marroqu�es sobre el actual S�hara occidental.Reclamaci�n tras el incidente de PerejilLa primera vez que Mohamed VI hizo una alusi�n directa a las dos plazas fue en 2002, en su cuarto discurso por el D�a del Trono, tres a�os despu�s de su proclamaci�n. Hab�a tenido lugar el incidente de la isla de Perejil, y el monarca advirti� con aplomo que "el objetivo final de nuestra diplomacia reside en hacer que Marruecos sea un pa�s con su integridad territorial concluida... (...) que, cueste lo que cueste, no puede abandonar ni transigir. (...) Marruecos no ha dejado, desde su independencia, de reclamar a Espa�a el cese definitivo de su ocupaci�n de Ceuta, Melilla y las islas vecinas usurpadas en el norte del reino".En lo que lleva de reinado Mohamed VI, no ha sido habitual que de sus labios salgan los nombres de las dos ciudades aut�nomas. Es algo de lo que se encargan otros subalternos del r�gimen, por no hablar de los medios de comunicaci�n o de los mapas a tama�o siempre gigante que dominan cualquier escena p�blica. Pero, tras la grave crisis bilateral de Perejil, el soberano alau� volvi� a poner el grito en el cielo y expres� su determinaci�n de preservar y garantizar "todos nuestros derechos inalienables y leg�timos de soberan�a" sobre las dos "ciudades ocupadas" en 2007, con motivo de la �nica visita que Don Juan Carlos y Do�a Sof�a hicieron como Reyes a Ceuta y Melilla, en noviembre de aquel a�o. Mohamed VI conden� el viaje de unas pocas horas como un acto "lamentable" y "contraproducente" que pon�a en riesgo la relaci�n bilateral y supon�a, seg�n su andanada, un "flagrante irrespeto por parte del Gobierno espa�ol de la letra y el esp�ritu del Tratado de amistad" entre los dos pa�ses suscrito en 1991.La relaci�n entre los padres de Mohamed VI y Felipe VI fue fraternal, forjada cuando Don Juan Carlos era a�n tan solo un Pr�ncipe de Espa�a con la incertidumbre de si ocupar�a el trono o no tras la muerte de Franco. Pero si hubo una cuesti�n espinosa entre ambos monarcas fue precisamente Ceuta y Melilla. El hoy Em�rito cuenta en sus pol�micas memorias de reciente publicaci�n que Hassan II le expresaba con franqueza su visi�n de que el asunto no deb�a resolverse en su generaci�n, sino que corresponder�a a las futuras decidir sobre el destino de las dos ciudades aut�nomas. Tambi�n es sabido que, en plena Transici�n, Juan Carlos I pec� como m�nimo de imprudencia en conversaciones privadas sobre este asunto, como la que mantuvo con Edmund Muskie, enviado del presidente de EEUU Jimmy Carter, a quien lleg� a admitirle la posibilidad de ceder Melilla a Rabat en 1979, seg�n qued� reflejado en un telegrama secreto desclasificado mucho despu�s, como revel� Charles Powell en uno de sus libros.Mohamed VI, y no digamos ya su Heredero, el pr�ncipe Moulay Has�n, pertenecen a otras generaciones, como apelaba el astuto Has�n II. Y si de algo est� dando muestras el actual monarca alau� es de que sus ansias por Ceuta y Melilla no se quedan en mero enunciado ret�rico. De ah� que cada dos por tres el reino magreb� ejerza mediante distintos mecanismos presi�n sobre ambas ciudades. Se encuentra, adem�s, el rey alau� especialmente crecido por el apoyo que ha encontrado en la Administraci�n Trump. Cabe destacar c�mo un informe interno de la C�mara de Representantes de Estados Unidos, elaborado por la Comisi�n de Asignaciones, inclu�a la pasada primavera una referencia a Ceuta y Melilla como "ciudades administradas por Espa�a situadas en territorio marroqu�" y las vinculaba a la reivindicaci�n hist�rica del reino alu�ta. El documento, no vinculante, sugerir�a que el Departamento de Estado deber�a fomentar la implicaci�n diplom�tica entre Rabat y Madrid sobre el futuro estatus de las ciudades. Qu� m�s podr�a ansiar Mohamed VI para frotarse las manos. El monarca magreb� sabe que su mejor arma contra Espa�a es el tiempo, dado que el reino ha dado sobradas muestras de que cada vez se hace m�s dif�cil de gestionar la presi�n a la que incluso sin avalanchas humanas como la de los �ltimos d�as soportan a diario las dos ciudades tan espa�olas como Lugo, Valladolid o Sevilla, y en las que, sin embargo, no pueden poner sus pies los Reyes de Espa�a.














