Con otra miradaDurante estos 27 años, Marruecos ha fortalecido una convivencia ejemplar.

Una vez más he sido invitada a la celebración del 27 aniversario de la entronización de su majestad el rey Mohamed VI, y una vez más me impresiona la dedicación con que el pueblo marroquí conmemora esta fecha y la manera en que respeta a su rey. Después de haber visitado Marruecos en tres ocasiones, comprendo el profundo afecto que los marroquíes sienten por su monarca, a quien consideran el principal impulsor de la gran transformación que ha vivido este país africano, árabe y musulmán.

Mis lectores podrían preguntarse de qué transformación hablo. La respuesta es sencilla: durante estos 27 años, Marruecos ha fortalecido una convivencia ejemplar entre religiones, culturas y civilizaciones, convirtiendo al rey Mohamed VI en un pilar de esa visión de paz, estabilidad y desarrollo.

Resulta admirable que un país ubicado entre dos regiones tan complejas como África y Oriente Medio haya consolidado una política basada en el diálogo y la cooperación. Marruecos ha asumido un papel conciliador que hoy le otorga reconocimiento internacional. En África, el compromiso del monarca se refleja en una cooperación multifacética que prioriza el bienestar de las personas mediante proyectos en agricultura, salud, seguridad e infraestructura.