Fuera de l�neaEs dif�cil pensar que solo el chantaje migratorio explique por qu� Albares toca el suelo con la nariz cada vez que le hace la genuflexi�n al soberano alau�Felipe VI junto al rey de Marruecos, en Rabat, en febrero de 2019.EFEActualizado Domingo,

junio

23:02Audio generado con IAMarruecos es desde antiguo por razones que a nadie se le escapan una de las prioridades para la pol�tica exterior espa�ola. Y, sin embargo, ni el m�s avezado de nuestros diplom�ticos ser�a capaz de explicar las directrices que marcan la pol�tica de Estado con el vecino del sur, porque para empezar dif�cilmente se puede decir que tal cosa exista. La timorata reacci�n del Gobierno de S�nchez al reciente golpe de Rabat a la c�pula del Polisario, en contraste tan hip�crita ante la gesticulaci�n sobre otros conflictos internacionales, no hac�a sino constatar una vez m�s la actitud genuflexa que por razones que se nos escapan mantenemos hacia un Mohamed VI convertido en un reyezuelo intocable y al que le ha tocado la loter�a de una convulsi�n geopol�tica global que le beneficia enormemente. Es dif�cil pensar que solo el chantaje migratorio con el que cada dos por tres nos amenaza la Monarqu�a alau� sirva para explicar por qu� Albares es capaz de tocar el suelo con la nariz cada vez que se hinca ante el soberano y comendador de los creyentes.Pero, dando por bueno que el farise�smo a veces es imprescindible en las relaciones bilaterales, casi lo peor es la percepci�n de que Espa�a, mientras se deja pelos en la gatera con giros hist�ricos como el de Moncloa sobre el S�hara Occidental, que se diga lo que se diga supone un reconocimiento de facto de la marroquinidad de nuestra ex colonia, no saca ni de lejos el mismo partido en t�rminos estrat�gicos que otras potencias a la amistad con Rabat. Y lo raras que siguen siendo las relaciones causa especial extra�eza toda vez que se supon�a una interlocuci�n privilegiada de nuestra Monarqu�a con la Corona vecina que en otros tiempos tanto ha ayudado a limar asperezas.Dos hitos se le resisten a Felipe VI en lo que lleva de reinado en alta diplomacia internacional, partiendo naturalmente de que se trata de una pol�tica que como no puede ser de otro modo dirige el Gobierno de turno: protagonizar una visita de Estado a EEUU y, no menos importante, ejercer como anfitri�n en otra del mismo rango del rey marroqu�. Los desdenes que nos regala Mohamed VI son propios de quien por lo que sea se siente muy crecidito. Lejos quedan las �pocas en las que Juan Carlos I y Has�n II se trataban como "hermanos". Y aunque as� tambi�n se dirige al actual rey alau� el monarca espa�ol, m�s bien parece que fuera un inc�modo primo. Sabido es que en los usos diplom�ticos los viajes de Estado se organizan de ida y vuelta, esto es, los mandatarios devuelven a sus hu�spedes las visitas que les realizan para consolidar la relaci�n bilateral. Pero a pesar de que Don Felipe y Do�a Letizia se desplazaron a Rabat en 2019, tras ni nos acordamos de cu�ntos desplantes y contratiempos de don Mohamed, por estos lares a �ste ni se le espera. Nada que ver con el anunciado viaje de Estado que va a protagonizar a Francia, en respuesta al que hizo a Marruecos Macron en 2024, para sellar un nuevo tratado de amistad con el que la Monarqu�a alau�, a la chita callando, tambi�n ha doblado la cerviz del orgulloso inquilino del El�seo, que a cambio est� haciendo n�meros con los negocios marroqu�es, incluidos los que deja el bot�n saharaui, y trata de recuperar influencia en el norte africano tras los �ltimos descalabros con Argelia y no digamos en el Sahel. Lo nuestro es para que alguien nos lo explique. Pero menudo hermano putativo nos ha salido Mohamed VI.